La Municipalidad de Rosario informó que el presupuesto destinado para ayuda a comedores y copa de leche de este año va a llegar a ser de 59 millones de pesos, casi un 40 por ciento más que el año pasado. El incremento tiene dos causales: la inflación y el aumento en la demanda de raciones para cada barrio de Rosario. También remarcan que el escenario cambió: todas las políticas barriales están atravesadas por la comida y a cada actividad los chicos y chicas llegan con hambre. Las organizaciones sociales, mientras tanto, sostienen a pulmón cada trinchera y hacen malabares para que familias enteras tengan al menos un plato de comida por día. Algunos hablan de angustia. Otras remarcan: “Lo que queremos es darle de comer a los pibes y las pibas”. Dicen que hay incertidumbre y que falta plata para platos de comida que tienen lista de espera. Que mientras tanto las familias no comen. Y que el Estado se queda a mitad de camino. Todos y todas coinciden: el ajuste es brutal y el pedido de declaración de la emergencia alimentaria no es un capricho. Es porque hay hambre.

El pedido para que se declare la Emergencia Alimentaria ocupó los canales nacionales. Mientras algunos discuten qué es peor, si acampar por comida o interrumpir el tránsito, en cada rincón del país se hace manifiesta la urgencia. No hay que discutir ni dar explicaciones porque es la realidad concreta de las familias. Los rosarinos y rosarinas no están exentos de este escenario. Es imposible saber cuántos comedores y copas de leche funcionan en Rosario. La Municipalidad le da ayuda económica a unos 220 espacios. Se sabe, sin embargo, que son más. A lo largo de este año, las páginas de El Eslabón y Redacción Rosario lo han retratado: docentes que preparan una olla los fines de semana en las casas de sus alumnos, vecinos que abren las puertas de sus casas los domingos, pibes y pibas que golpean la puerta de cooperativas para manguear un yogurt, un alfajor o una taza de leche. La pobreza crece a pasos agigantados y los lazos de solidaridad no se quedan atrás. Pero no alcanza. Los bolsones tienen lista de espera y las organizaciones sociales no quieren administrar la miseria generada por el gobierno nacional.

“Es importante marcar el trabajo de las organizaciones sociales”, destacó Laura Capilla, secretaria de Promoción Social de la Municipalidad de Rosario. “Y todas las organizaciones muestran muchísima preocupación. Hay nuevas familias en los comedores, que no dan a basto, y hablan de listas de espera para los bolsones”. Capilla explicó que los comedores y las copas de leche no dependen la Municipalidad de Rosario, pero sí que el estado local tiene políticas alimentarias para subsidiar a estos espacios.

La principal ayuda es un subsidio mensual que se le da a unos 220 comedores, copas de leche y bolsones y cuyo monto se modifica en relación a la cantidad de raciones que maneja el lugar. Este año, el monto destinado para ese subsidio, aseguró Capilla, llegará los 59 millones de pesos. Un número que todos los años aumenta entre un 35 y 40 por ciento, por la inflación y la demanda creciente.

Capilla destacó también que las cajas de alimentos que Promoción Social entrega en los Centros de Convivencia Barrial (CCB) cuadruplicaron su costo. Y que todas las actividades que se realizan en los CCB están atravesadas por lo alimentario: los chicos llegan con hambre y si no es un plato de comida, al menos una colación tienen que recibir. “Esa es la realidad en todos los centros de convivencia, en todas las actividades. Y eso es lo que muestra las características de esta época”, concluyó.

Imagen del acampe del jueves pasado en la sede local de Desarrollo Social de la Nación. | Foto: Manuel Costa

La incertidumbre de cada día

“La solución a esta crisis necesita, más que parches y medidas para la tribuna, de un gran sentido de la responsabilidad por parte de todas y todos los argentinos, para poder frenar el hambre que castiga a millones de hermanos y hermanas”, sostuvo Ignacio Rico, dirigente de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) de Rosario. Y agregó: “Se necesita que la clase política reaccione, y sobre todo que el gobierno se haga cargo del caos que produjo en la economía familiar de los trabajadores».

Rico apuntó que los números abstractos de las acciones de la Bolsa y del Riesgo País “no son nada comparado con la realidad concreta de nuestros compañeros, con la angustia y la incertidumbre de los argentinos que ya no saben cómo hacer para poner un plato de comida arriba de la mesa”. Y en ese sentido, explicó que las medidas que implican la Emergencia Alimentaria “no saldan la gran deuda interna argentina que es la pobreza estructural en la que viven millones de compatriotas, pero entendemos que lo urgente hoy es parar con el hambre y la desesperación, para después poder sentarnos a discutir cuál es el país que queremos».

La prioridad, los pibes y las pibas

Beatriz Borda milita en Barrios de Pie Libres del Sur y participó del acampe que este miércoles se realizó frente a la sede local del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. “Justo los días del acampe estaban vacías las oficinas, por fumigación. Así que ni siquiera vimos alguna cara para hacerle llegar el reclamo. De todos modos, les damos tiempo hasta el martes. Tienen sus días para buscar una solución y acercárnosla”, contó a este semanario después de esa fría noche.

La organización en la que milita Beatriz tiene cerca de unas 46 copas de leche en Rosario y asisten unos dos mil chicos y chicas desde los 6 meses hasta los 18 años, y también más. “Muchos vienen con el táper y se llevan comida para los que se quedaron en la casa. El problema es que la comida no alcanza porque no llegan las partidas. Hace unos cuatro meses que no mandan leche, tuvimos que reducir la cantidad de meriendas a dos por semana en algunos merenderos y estamos haciendo malabares. Mandan mucha harina, choclo en latas tenemos de a montones y nada de carne. Los niños necesitan una alimentación variada y no se la podemos brindar”, contó. E hizo hincapié en la falta de mercadería y la mala calidad de los alimentos que desde Nación les hacen llegar a comederos y copas de leche.

“Es urgente la necesidad de que el gobierno de Mauricio Macri declare la Emergencia Alimentaria. Nosotros siempre fuimos al diálogo, no queremos fuertes discusiones. Sabemos que los acampes y movilizaciones son molestos para los vecinos, pero nosotros también somos laburantes y queremos darles de comer a los pibes y las pibas”, concluyó la militante.

Foto: Manuel Costa

Terrenos inciertos

La Corriente Clasista y Combativa (CCC) se concentró el jueves a las 10 en la puerta de la Municipalidad de Rosario. El reclamo fue por el cobro de los contratos de las cooperativas de trabajo. Eduardo Delmonte, referente de la CCC, explicó a este semanario que hay un retraso en el pago de esos 1.300 pesos que cada persona cobra por su trabajo. Son unos 350 trabajadores implicados, de los cuales 300 son mujeres. “Estamos en un terreno incierto”, resumió Delmonte respecto al panorama actual.

“Entendemos que hay un ajuste brutal que viene aplicando el gobierno nacional a los trabajadores, pero también a las provincias y a las municipalidades, que termina siendo el eslabón más débil. Nosotros lo entendemos, pero no acordamos con la política municipal de descargar la crisis sobre los laburantes. Planteamos que busquen otra forma de resolver los recursos, pero que no sea sacarle al ciudadano de a pie más plata, ni achicarle los trabajos o sueldos. No aceptamos que nos digan «no, mirá, estamos mal así que bánquensela»”, consideró el militante.

Delmonte señaló también que, en un año y medio su organización duplicó la cantidad de grupos barriales. Y dijo que de esos grupos, algunos comedores reciben subsidios de unos 10 mil pesos mensuales que sirven para resolver dos o tres comidas por mes. Otros funcionan a pulmón: la gente se organiza y colecta la comida que necesita. “La gente nos busca porque el Estado no resuelve. Ven que luchamos y conquistamos cosas, pero una cosa es repartirlo entre 2.500 y otra entre 5 mil. No estamos de acuerdo con ser los que administran la miseria. Aumentó la crisis y salimos a pelear más, y tratamos de dar cuenta de eso en la calle”.

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“Tenemos lista de espera para la distribución de alimentos”

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