Un nene convencido de ser “un inventor de palabras”, otro a quien no le gusta abrigarse nunca y sus maestras le piden a cada rato que lo haga, y aquel que vuelve a clases medio enfermo porque extraña a su maestro. También entre estas anécdotas y relatos escolares están lo que puede pasar en un acto patrio pensado como la mejor clase de historia y lo que provoca la lectura sacada de unos viejos cajones convertidos en biblioteca del aula. Imágenes, escenas, recuerdos que comparten distintas docentes –invitadas por Redacción Rosario– para hablar de su trabajo en el Día de la Maestra y del Maestro. Lo hacen de una manera tan cercana y amorosa como imposible de medir en una prueba estandarizada.

Araceli Vergara es profesora de educación física y se dedica a la docencia desde que tiene 20 años, desde hace 23 ejerce en la educación púbica. Trabajó primero en la Escuela N° 632 José María Puig y actualmente es vicedirectora de la N°1.346 Francisco Netri, “en donde la comunidad lucha el día a día para darle salud y educación a sus hijos”.

La anécdota que comparte es de un hecho reciente, que muestra otra cara no siempre visible de quienes enseñan: “Hace año y medio soy vicedirectora de la Escuela Francisco Netri. Corremos a diario para que la escuela esté calentita, limpia, llena de colores, de música, de juegos. De eso trabajamos muchos docentes, de resguardar infancias, de conservar la curiosidad, de defender la alegría. También corremos por los dolores de panza, los chichones, los llantos, por las peleas.

Benja es uno de nuestros alumnos. Nunca tiene frío, sale de la escuela en pleno invierno en remera. ‘Benja abrigate’, le digo y él levanta los hombros y sigue caminando. Hace algunos sábados atrás me llega un mensaje de una compañera: ‘¿Te enteraste? Benja Biñale estaba jugando al futbol y le cayó una bala perdida en la cabecita!!!’  Me costó conectar su carita risueña y pícara con una situación tan terrible. Corrimos a la puerta del Vilela a darles un abrazo a sus papás y a su hermano. Y allí estuvimos sábado, domingo y lunes esperando los partes médicos y el milagro. El martes en la escuela siguió la tarea. La angustia se respiraba. Nos reunimos en la entrada y decidimos escribir mensajes con un lema principal: ‘Fuerza Benja’, ‘Te queremos mucho’.

Foto: Manuel Costa

Hoy Benja ya está en su casa y no veo la hora de volver a decirle. ‘Benja abrigate’”.

Inventos y rituales

Mónica Meraviglia es docente en el Jardín N° 1.251 Dr Hermann Gmeiner, lleva 29 años enseñando y elige para compartir dos anécdotas de su trabajo una de Eliel, otra de Thiago, los dos de jardín de infantes.
“Eliel, de 5 años, escribió en el pizarrón tantas letras como le salían: grandes, chicas, muchas. Llenó el pizarrón. Giró su cara, me miró orgulloso y me pidió: ‘¿Seño me podés leer lo que escribí?’ Me acerqué a su lado y despacito intenté reproducir ese conjunto de letras: ‘AMPEDIRSEETRKILNAMTYKOLPI AAO’

Otra vez me miró y con orgullo me dijo: ‘Viste seño soy un inventor de palabras!!!!’”

También Mónica recuerda esta escena que felizmente se prolongó en el tiempo: “Durante todo el año, habíamos contado cada un día un cuento diferente. Cuentos de los que había en el Jardín, de los que traían, de los que yo llevaba de casa, de los que inventábamos. Día a día buscábamos el momento para contarnos y mirar alguno. Una vez, en la reunión de Familias, el papá de Thiago levantó la mano y me contó: ‘Culpa suya Señorita, tengo que contarle un cuento todas las noches a mi hijo’. Luego se sonrió. A Thiago lo sigo encontrando, ahora en el colectivo, cuando va a su escuela primaria. Tiene 11 años, nos saludamos siempre, lo observo desde lejos. Siempre en sus manos tiene un libro, lo revisa, da vueltas las hojas, levanta la mirada y nos volvemos a sonreír”.

Foto: Gentileza Escuela Itinerante Ctera

María del Carmen D’ Alleva es directora de la Escuela N° 227 de Pujato, donde además ejerció como maestra. Tiene 33 años en la docencia. Describe el inicio de cada jornada escolar como el de una oportunidad, donde algo tan sencillo como el saludo de la mañana o de la tarde a sus alumnas y alumnos se puede convertir en un inquietante momento de reflexiones personales.

“Ningún día es como todos los días –dice Mari–. La rutina del horario escolar es una especie de ritual, que se inicia con el sonido del timbre y con esa reunión solemne pero cotidiana, frente a la bandera. Mientras la saludamos, suenan tímidas las notas de la canción ‘Salve Argentina’ y ahí mismo, comenzamos a charlar, a mirarnos, a reconocernos en la escuela, que es nuestro espacio común. Por supuesto, el diálogo “despertador” de lunes, sigue…¿Cómo les va? ¿Qué tal el fin de semana? ¿Cómo la pasaron?

Algunos escuchan, algunos responden, otros aprovechan a esconderse en las respuestas de sus compañeros mientras se apoyan en el hombro vecino, como estirando ese sueño que sigue revoloteando el patio. También son muchos los que sonríen, y así la mañana va tomando color y olor a escuela, que es ese olor preciso del universo que nos contiene, durante tanto tiempo. Y allí surge una pregunta, rápida, desprovista de protocolo, entre un par de guardapolvos con la tierra del viernes, sincera, fresca y claramente, oportuna:

-Seño, ¿Es difícil ser directora? ¿Por qué te gusta ser directora? ¿Lo elegiste?

-Bueno, bien –titubeo– te cuento, les cuento… y les digo que estoy transitando los últimos años de la carrera y que pienso que voy a extrañar estas charlas, estos encuentros, estos tiempos compartidos, estos cruces de miradas y las “marquitas”(los icónicos besos en las mejillas) para el día del cumpleaños. Y nuevamente arremete un chico de 7mo grado, que sabía de lo que hablaba por estar atravesando una experiencia similar, una especie de despedida:
-Seño ¿Por qué vas a extrañar?¡¡Si lo viviste! Ahora te quedan los recuerdos de los momentos que tuviste y más de los que fuiste feliz.
Uff, todavía siento esa piel de gallina al escuchar sus sabias palabras”.

Foto: Gentileza Escuela Itinerante Ctera

Un lugar donde alojarse

Marcelo Vásquez es maestro de grado en la Escuela N° 1.226 Gesta de Mayo de barrio Cristalería. Lleva 12 años unido al trabajo de enseñar. Como les pasa a muchos maestros y maestras –dice- se sigue preguntando qué se pone en juego en ese vínculo entre la escuela y las familias, especialmente en los sectores populares. “La escuela –opina entonces- sigue siendo un lugar donde muchos chicos y chicas se sienten alojados, donde acontece algo del cuidado y donde está la mirada desde lo cotidiano sobre esa niñez que llega a nuestras aulas con historias familiares muchas veces dolorosas, tristes”.

Pero, ¿qué pasa cuando una alumna o un alumno se ausenta, deja de venir por un tiempo, cuándo se quiebra el encuentro cotidiano?, se pregunta Marcelo para recordar de inmediato que allí van entonces maestras y maestros a buscarlos. Es en esa ida y vuelta con las familias donde vivió una experiencia que lo sigue emocionando: “Hace unos años recibí una nota de la familia de uno de mis alumnos de 2º grado, que faltó a clases por problemas de salud. Apenas lo veo de vuelta, me abraza y me muestra el cuaderno de comunicaciones, donde la mamá me dice que, a pesar de no estar recuperado, Rolo quería venir a la escuela porque me extrañaba. Me sonreí, me emocioné y nos volvimos a abrazar, tratando de disimular mis ojos vidriosos por esta muestra de enorme ternura”.

“Profe Marcelo. Rolo no fue a la escuela los tres días porque estaba enfermo. Le mando hoy. Si se siente mal o tiene fiebre avíseme. Le mando porque él ya lo extrañaba” (el textual de la carta)
.
“Por esos momentos, y tantos otros, creo que los maestros recreamos ese vínculo desde el estar, desde el afecto y la confianza en nuestros pibes; una pedagogía de la presencia (al decir de Gomes Da Costa) que vuelve mágico y esperanzador lo cotidiano”, expresa Marcelo sobre ese reconocimiento tan particular.

Patricia Escudero es maestra de grado en la Escuela N° 114 Justo Germán Deheza y suma 11 años unida a la enseñanza. Confía que las anécdotas escolares que tiene están unidas a las vueltas ingeniosas que se dan todos los días para mostrar otros horizontes. Y es allí donde descubren razones valiosas para abrazarse más a la docencia.
“ ‘Aprendé a leer y escribir, no seas como yo y portate bien’. Estas palabras frecuentes son una gran mochila para muchos de nuestros niños y niñas en el barrio Tablada. Es una demanda social y cultural ‘para un futuro mejor’, dicen los que saben. Las docentes nos encontramos a diario con grandes desafíos: las palabras nos atraviesan, nos unen, nos acarician y nos lastiman casi obligándonos a reescribir historias para cristalizar otro horizonte. Es ahí cuando sacamos conejos de las galeras y creamos un taller que cobra vida junto a la comunidad, y una vez por semana Zahira, de 4to, puede ser Sherazade contándole historias de Las mil y una noches a Thiago para poder vivir un día más o como Violeta que con una vincha y anteojos divertidos se animó a leer en voz alta, perdiendo un poco su timidez. Nos apropiamos de otros espacios, como el rincón de 5to, de la seño Nancy, que con cajones de madera hicieron una biblioteca del aula, que ahora tiene forma de castillo gigante. Allí se pueden sacar tarjetas mágicas que invitan a ‘Leer como…’ Y a Lautaro le tocó leer cómo cantante de ópera, y se esforzó mucho, parecía un soprano o a Nicol como rana, dando saltitos. Como sostiene Paulo Freire: ‘Alfabetizarse no es aprender a repetir palabras sino a decir su palabra’. Que puedan lograrlo es nuestra tarea”.

Para vivir nuestra historia

Isabel Zurbriggen hace poco más de un año se jubiló como directiva de la escuela pública, donde ejerció 22 años frente al grado y otros 10 primero como vice y luego como directora.

Comenta que siempre como docente y también como directiva le dio prioridad al conocimiento de nuestra historia y en esa meta siempre los actos patrios tuvieron mucha importancia. “Me jugaba a favor mi formación teatral y la ayuda que siempre busqué en compañeras y familias de los alumnos”, destaca en su relato.

“Ese año –fines de los 90– tenía a cargo el acto del 25 de Mayo y mi grado era 7mo. Un poco difícil hacerlos actuar. Se me ocurrió empezar viendo los capítulos de “Algo Habrán Hecho” de Felipe Pigna y Mario Pergolini. Todos, muy entusiasmados. Y así fue como comenzamos armar el acto. La seño Graciela del primer ciclo siempre nos ayudaba eligiendo la música. Elegimos Inconsciente Colectivo, de Charly. Armamos distintas escenas para que puedan vivenciar lo sucedido en Mayo de 1810, teniendo en cuenta el lugar: un patio pequeño y sin escenario. Así fue como surgió convertir la ventana de la biblioteca que daba al patio en balcón del Cabildo. Llegó el día del acto y tuvo un cierre inolvidable. Se veía en las caras del público la emoción. Terminó y todos y todas muy contentos. Yo los felicitaba uno por una, de repente se acercó el nene que interpretó a Manuel Belgrano y me dijo: “Sabe seño, me creí que era Belgrano”. Sólo pensé mientras abrazaba al general, qué maravilloso!”.

El recuerdo que cuenta Isabel sucedió en la Escuela Primaria 525 José C.Paz, también trabajó en otras primarias, entre ellas la 610 República de Bolivia.

Florencia Dietrich es vicedirectora de la Escuela N° 1.182 San Luis Gonzaga y profesora del Instituto Superior Verbo Encarnado.

Florencia lleva 32 años en la enseñanza. Dice que siempre recuerda aquel febrero de 1987, cuando la convocaron a trabajar en su querida Escuela San Luis Gonzaga del barrio Empalme Graneros, recién egresada como maestra y con 19 años. “Tengo una caja repleta de ‘tesoros’: allí guardo cada una de las cartitas, dibujos y tarjetas escritas por alumnos de distintas épocas, las conservo con mucho cariño”, expresa Florencia. Y reconoce que las anécdotas más lindas siempre están asociadas a los viajes, a los campamentos, a las salidas didácticas, a las ferias de ciencias, a las obras de teatro y los proyectos innovadores. Es entonces que elige contar la vez que para aprender sobre San Martín y los procesos que dieron lugar a la independencia viajaron con las maestras de 5to. grado y las alumnas y alumnos hasta San Lorenzo. Fue en una fecha cercana al 17 de agosto de 2014, para visitar el Convento San Carlos y el campo de La Gloria. Y por si fuera poco pensaron en filmar una película recreando los sucesos históricos.

“Para el día de la salida didáctica todos los varones fueron vestidos de granaderos a caballo o de realistas. Con ayuda de las familias se preparó algo de escenografía (unos cañones, un barquito, banderas, etc.). El día de la visita cuando íbamos descendiendo del colectivo la gente observaba con asombro a los chicos caracterizados de granaderos y realistas. De inmediato, se nos acercó alguien que nos invitó a participar del izamiento de la bandera en el Campo de la Gloria. Fue un momento de inexplicable emoción. Nos ubicamos en ronda alrededor del mástil e hicieron su entrada ceremoniosa dos granaderos que desplegaron una bandera gigantesca. Se hizo un silencio absoluto, chicos y grandes estábamos asombrados, sólo se escuchaba el canto de los pájaros… Todo se fue dando naturalmente, sin estar planeado, una vez izada la bandera marchamos como llevados por alguna fuerza detrás de los granaderos, para ingresar al convento”, describe Florencia.

La película se filmó y se presento el día del acto, donde también hubo dramatizaciones, bailes, palabras alusivas. “Pero ninguno de nosotros (chicos y maestros) olvidaremos lo experimentado y compartido”.

Graciela Susana Mónaco trabajó 36 años en la docencia. Ya jubilada repasa sus inicios en una escuela primaria en Villa Ana, en el departamento General Obligado, en el norte provincial. También sus días de clases en la Escuela 800 Joaquín Argüelles y en la N° 69 Gabriel Carrasco de Rosario. Dice que siempre se apasionó con la lectura, uno de sus elegidos para llevar a las clases, El Principito de Antoine de Saint-Exupéry, pero sobre todo siempre priorizó llevar el diario a sus clases. En esa experiencia de enseñar con las noticias, pudo desarrollar valiosas experiencias, como la vez que se encontraron con la novedad de que un famoso escritor y titiritero estaría de visita por Rosario.

En ese momento, Graciela era maestra de la Carrasco, la escuela de las hermanas Olga y Leticia Cossettini. Personalidades de la educación y la cultura viajaban a esta escuela a conocer esta experiencia pedagógica. Entre ellas una vez las visitó el escritor y titiritero Javier Villafañe (1906-1996). Resultó ser que varios años después, en el grado de Graciela leyeron aquel artículo sobre Villafañe, entonces surgió la idea de invitarlo a visitar otra vez la escuela. Movieron cielo y tierra y el titiritero llegó por segunda vez a la Carrasco. Fue en 1990. “Una gran mano nos dio Fontanarrosa, porque su hijo era alumno nuestro”, reconoce Graciela.

“Ese día fue una cosa de locos –disfruta la maestra de este recuerdo-, había gente por todos lados, todo el mundo participaba en la escuela que se llenó de emoción”. Una nota periodística, que Graciela describe como hermosísima, publicada en La Capital contó lo vivido en esa jornada.

“El tiempo ha pasado, otra siembra irá germinando, me sigue emocionando pensar que desde nuestro rol somos una parte importante de sus vidas”, regala al final la maestra de Alberdi.

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