Mantené los 2 metros de distanciamiento - Provincia de Santa Fe

 

Se cumplieron doscientos años, el pasado 26 de agosto, de la primera Constitución que tuvo la patria, el Estatuto Provisorio de Santa Fe de 1819, piedra basal del federalismo americano. Este acontecimiento de vital importancia para la historia argentina ha pasado casi desapercibido no solo en nuestro país sino también en nuestra querida provincia. Esto, lejos de ser una casualidad, obedece a razones históricas profundas que no serían posibles de considerar en un breve artículo, pero es de destacar el encono de la historiografía clásica porteña con la figura de Estanislao López, uno de los caudillos más importantes que tuvo nuestra comunidad.

Asumió como gobernador el 23 de julio de 1818, siendo refrendado por la asamblea de diputados del Cabildo el 8 de julio de 1819, en medio de varios frentes de guerra. El más importante fue contra el Directorio porteño cuyo objetivo era desbaratar la autonomía provincial, con la complicidad de la siempre problemática Córdoba, conducida por Juan B. Bustos. Ese mismo año, varias poblaciones fueron saqueadas e incluso incendiadas, como le ocurrió a la Villa del Rosario de la mano del centralista y nefasto Juan Ramón Balcarce, que sin embargo tiene con su nombre una de las principales calles de la ciudad.

El 26 de agosto de 1819, el nuevo gobernador presentó un proyecto de Constitución que era la más notable afirmación de fe republicana y federal que se había visto desde 1810. En sus propias palabras: “Queremos formar una república en el corto seno de nuestro territorio”, sostenía, y continuaba: “Queriendo evitar los golpes de la arbitrariedad nos hemos reconcentrado a nuestro suelo, fijando en él los resortes de nuestra suerte y el sostén de nuestra libertad. Mantendremos nuestro estado y en el fenecimiento de nuestra guerra civil, entraremos a formar parte de esa gran nación que esperan ambos mundos”.  Santa Fe entraba a la historia por la puerta grande de la soberanía del pueblo y la independencia de cualquier poder local o extranjero.

Dice el gran historiador José Luis Busaniche al respecto: “Nada de monarcas importados de las cortes ni de centralismos despóticos, simples remedos de los estados monárquicos con un frágil barniz democrático. Lo que propiciaban las instrucciones de (José Gervasio) Artigas y las instrucciones del Cabildo de Tucumán, lo que sentaban los oficios del gobierno de Santa Fe en 1817. En la historia constitucional del país, la contribución de Santa Fe en aquella época, al sistema federal, por cierto no menos importante que las Instrucciones de Artigas al año 13. Aquellos contenían enunciados. La Constitución de 1819 afirmaciones: la afirmación de formar un estado republicano dentro de la ley y de fijar un sistema a la posteridad. Hay que considerar que era la primera provincia que se daba una constitución; que no había en el mundo otra república que los Estados Unidos”.

En medio de una terrible crisis, que suele ser la excusa para los gobiernos de excepción, nuestro caudillo constitucionalista, abogaba por el imperio de la ley y el respeto de los derechos de los ciudadanos.

¿Cuáles eran los puntos fundamentales del “Estatuto Provisorio” de 1819? En su artículo 2, decía: “Todo americano es ciudadano (de Santa Fe)”, una declaración que se adelanta dos siglos al actual anhelo, aún no materializado, de constituir una Patria Grande que termine con la actual división que es base de la dependencia a la que somos sometidos. El artículo 6, reconoce la soberanía del pueblo, en un momento donde Belgrano y San Martín se mostraban partidarios de una monarquía incaica. “Residiendo originariamente la soberanía en el pueblo este expedirá su voz por el órgano de representación”. 

El artículo 13 también manifiesta la vocación continental: “En la recepción del gobernante deberá este prestar ante la asamblea y en manos de su presidente, el juramento siguiente:…defenderé la causa general que defiende la América del Sur y la independencia de la Provincia…”.

El Estatuto fue aprobado por la Junta de Representantes, reafirmando el principio de solidaridad americana, tanto es así que Manuel Dorrego dirá en un oficio al gobierno de Buenos Aires que Estanislao López pone en sus comunicaciones  “Confederación de Sud América”.

Don Estanislao López fue el constructor por antonomasia de nuestra provincia, gobernando en tiempos de virulencia política sin igual.  Bregó militarmente desde la Guerra de la Independencia, para luego ser designado primer comandante de Blandengues. Su capacidad de mando en la paz y en la guerra, lo mostraron como un estadista flexible y realista en su relación con los indígenas mocovíes y abipones en el norte, y con los bravíos ranqueles del sur que podían movilizar hasta mil indios para el combate. 

Los historiadores Gastón Green y Gabriela Molina en el excelente trabajo López y los pueblos originarios, demuestra su carácter conciliador con los pueblos preexistentes a pesar de su bravura y capacidad de destrucción. 

Figura de primer orden en las cuestiones de poder del Litoral y la Banda Oriental, en tiempos de hegemonía de Artigas, intentó recurrir al consenso y a las batallas en dosis iguales como elementos de estabilidad política, lo que le ha valido acerbas críticas como alabanzas por su agudo realismo político. Su astucia e inteligencia lo hicieron un dúctil aunque principista gobernante, siempre preocupado por la soberanía y libertad de su provincia natal.

Su genio militar se comprobó en varias batallas y conflictos, por ejemplo cuando venció a las tropas porteñas mediante la solercia, conduciéndolas a una zona donde crecía una planta venenosa, llamada vulgarmente el “mío-mío”, que hizo ingerir a la caballería de Juan Galo de Lavalle, espada sin cabeza, llevándola a la muerte, con la posterior victoria sobre sus soberbias huestes. 

Con respecto al Brigadier General y a su capacidad, el Profesor de la Escuela Superior de Guerra, Leopoldo Ornstein, dice: “Fue un profundo conocedor de su época y de los hombres que actuaban en ella. Sabía que resortes debía pulsar en cada espíritu para obtener el máximo rendimiento de sus subordinados. Así pudo aprovechar ampliamente la ventaja que implicaba la reunión en una sola mano del poder civil y militar, lo que le permitió volcar todas las fuerzas vivas de su provincia en la lucha en que se hallaba empeñado”. “Yo, como militar (prosigue Leopoldo Ornstein), lo enfoco desde mi punto de vista profesional, y en ese campo de observación, ya que se lo analice como estratega o como táctico, o bien en su triple aspecto de organizador, maestro y conductor de hombres, el lente acusa con claridad diáfana un astro de extraordinarias proporciones, que brilla con resplandores propios y justifica, plenamente el título de Brigadier General con que lo honraron las provincias Confederadas. ¡Ese es López militar!”

Fue un celoso defensor de la autonomía y libertad santafesina dentro del régimen federal, que defendió a rajatabla. Prueba de esto es el Pacto Federal de 1831, pieza política maestra, que fue la base de la posterior Organización Nacional, donde jugó un papel preponderante el notable y olvidado Manuel Leiva. Sin este antecedente hubiera sido difícil el paso de una sociedad inorgánica y gelatinosa como la que se vivió durante los años de guerra civil al estado de paz relativa posterior. 

Hay que señalar por último con respecto a la Organización Nacional la reunión que sostuvieron en Rosario, en octubre de 1831, nuestro gobernador y Juan Manuel de Rosas. Estanislao López pensaba en una República Federal que resultara del dictado de una Constitución como había establecido el artículo 16 del Pacto Federal. Rosas en cambio, descreída de las constituciones escritas, como expresa en una famosa misiva a Facundo Quiroga, lo que los llevó a diferencias que se fueron profundizando y que la muerte del caudillo santafesino dejó, lamentablemente, sin resolver, en desmedro de nuestra grandeza. Hay que recordar, además, su reclamo por las islas Malvinas y su lucha contra los portugueses y sus prepotentes ambiciones de dominio territorial.

Merece un análisis más detallado su relación con Artigas y la Banda Oriental. Santa Fe se incorpora a la Liga Federal en 1815. La Banda Oriental tuvo que afrontar la invasión portuguesa iniciada a mediados de 1816, que continuó con la toma de Montevideo, el 20 de enero de 1817, y la derrota de Artigas a manos de los portugueses en Tacuarembó, el 22 de enero de 1820. López, Ramírez y Carrera, derrotan al Ejército directorial de Rondeau el 1º de febrero de 1820, imponiendo un nuevo equilibrio estratégico en la región, como vencedores que querían incorporar a Buenos Aires. López siempre se consideró un aliado de Artigas, no un subordinado como era Ramírez, y no pensó apartarse de la comunidad nacional, lo que ha dado a muchas polémicas. 

El 12 de abril de 1820, López contesta a las críticas del gran caudillo oriental sobre al Tratado de Pilar, considerando que no hay contradicción entre ese tratado y los principios defendidos por la causa federal, y que si Buenos Aires no cumple lo pactado, “la libertad bien ordenada” sigue siendo lo fundamental. En ese momento el proyecto artiguista, que era en esencia el defendido por Santa Fe, se hallaba con serios inconvenientes provenientes de la derrota del Protector de los Pueblo Libres. 

Estuvo rodeado por un grupo de talentosos colaboradores, entre los que descollaron, además del ya nombrado Manuel Leiva, José de Amenábar, Juan Francisco Seguí, Pedro de Larrechea, Pascual Echagüe y Domingo Cullen, al que José Luis Busaniche dedicó un hermoso libro. En materia productiva haciéndose cargo de una economía devastada por la guerra, alentó la ganadería y fomentó la agricultura, incluyendo los recursos que recibió la provincia por el Tratado de Benegas en carácter de indemnización por el desastre que hicieron las hordas porteñas. 

El General Tomás de Iriarte en sus Memorias, destaca la habilidad de nuestro gran timonel a la hora de negociar y de traer recursos de la oligarquía de Buenos Aires: “Se hizo la paz con López, Rosas la negoció, pero el tratado fue vergonzoso, humillante para Buenos Aires. Se sometió a un tributo de cuatro mil pesos mensuales que debía entregar a Santa Fe para que el gobierno de esta provincia pudiera sostener uno o dos escuadrones de caballería. Los estancieros de la provincia de Buenos Aires se pusieron en contribución de ganados y cedieron por el intermedio de Rosas muchos millares de cabezas, sin cuenta ni razón, al gobernador de Santa Fe”.

También fue importante lo realizado en materia educativa creando escuelas elementales en la Capital, San José del Rincón, Coronda y Rosario. Colaboró con la creación del Instituto literario San Jerónimo que enseñaba latín y filosofía, y con el Gimnasio santafesino donde se impartían clases de aritmética y geografía. En el gobierno provincial también procuró la mejora de los salarios docentes y el otorgamiento de becas a los alumnos de menores recursos.

Hombre de profunda convicción católica, formado por los franciscanos en la austeridad y el esfuerzo, benigno con sus enemigos como lo reconociera su detractor José María Paz, falleció el 15 de junio de 1838, dejando una provincia soberana después de la cruenta gesta independentista, contando con la amistad del General San Martín, y tuvo en su hijo Telmo López, defensor del Paraguay irredento contra el mitrismo genocida, a un continuador de su causa emancipadora y americana.

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