La idea-frase de “Revolución educativa” fue (y es) una de las más repetidas por el gobierno de Cambiemos. Su promotor principal es el senador nacional Esteban Bullrich, antes ministro de Educación y Deportes de la Nación (diciembre 2015- julio 2017), antes ministro de Educación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (2010 -2015).

A la idea-frase “Revolución educativa” Bullrich la repite desde antes de asumir al frente de la cartera educativa nacional, con especial énfasis en la campaña de las elecciones nacionales de 2015. Y le opone otra que propone superar: “El fraude educativo”. “…Ninguna charla de la educación argentina puede comenzar sin saber dónde estamos parados”, suele arrancar sus presentaciones para luego afirmar que la mitad de los jóvenes no llega siquiera a un título secundario, que la mitad de quienes llegan no comprenden lo que leen y solo uno de cada diez alcanza la universidad. En todos estos datos ofrecidos, el senador de Cambiemos marca que los pobres tienen menor suerte y llegan menos al nivel superior. Renglón seguido afirma que lo que se comete es un “un fraude”. Y asegura que lo que se hace es “todo lo contrario a lo que buscaron líderes como Sarmiento” y por eso hace falta “una revolución educativa”.

“¿Cuántos ministros de Educación renunciaron porque esa ley (secundario obligatorio) no se cumple? Chocó un tren y murieron 50 personas, dos secretarios de Transporte en juicio. Chocamos todos los años 500 mil pibes y nadie nos hizo un juicio. Yo quiero que me hagan un juicio si no hago lo que tengo que hacer. Yo quiero que me hagan un juicio si no hago lo que tengo que hacer –repite- porque si no soy merecedor del cargo de ministro, me tengo que correr”. (“La revolución educativa es posible”, charla de Bullrich en la Universidad de San Andrés, 12 de abril de 2016).

Más o menos así, en pocos minutos, solo apoyado en números que no dice de dónde salen, describe una realidad tan compleja como lo es la trayectoria escolar de una chica o un chico que vive en la Argentina. Tal vez sea porque Bullrich no puede moverse de su máster en administración de empresas con el que se formó en la Escuela de Gestión J. L. Kellogg de Northwestern University (EEUU).

Transcurridos los casi cuatro años del gobierno de Cambiemos no hacen falta demasiadas luces para darse cuenta que “la revolución educativa” no llegó. Sí el ajuste, la desinversión, más chicos en los comedores escolares, familias sin trabajo y avance del mercado en educación. Si hasta en el propio territorio de Bullrich se ha naturalizado el concepto de “vacantes”, para hablar de la inscripción de una niña o a un niño en la escuela. Una metáfora que resume cómo se piensa la educación en los planes macristas: como un negocio.

En octubre del año pasado se hizo público un estudio realizado por distintas universidades nacionales, llamado “El presupuesto educativo entre 2016 y 2019: Degradación del financiamiento y debilitamiento de las políticas nacionales”. En ese trabajo se da cuenta que entre estos años la inversión real por alumno habrá descendido más de un 20 por ciento, además de menos inversión para garantizar la educación obligatoria. El único aspecto que ha crecido en inversión es el destinado a la aplicación de las pruebas estandarizadas.

Entre otros datos reunidos en ese informe (se puede leer completo en aulaabierta.unahur.edu.ar) se señala, por ejemplo, que “el presupuesto para ampliación de la jornada escolar se recorta a su décima parte en 2019, de $ 307 millones a $ 34 millones, amenazando gravemente el avance hacia el cumplimiento del art. 28 de la Ley de Educación Nacional 26.206 sobre jornada extendida o completa en primaria”. Además se marca el recorte en infraestructura y equipamiento escolar: “De 9.200 millones de pesos en 2018 a 2.600 millones pesos en 2019. La fuerte subejecución de las obras en 2018 es la forma en que se aplica una estrategia blanda de ajuste”.

También se subraya el congelamiento de la partida de becas y la pérdida de los salarios docentes por la inflación y la desigualdad generada por la falta de la paritaria nacional docente, junto al ajuste en la formación docente.

“El análisis de conjunto de la evolución del presupuesto y las políticas educativas en los cuatro años de gestión de Cambiemos, pone en evidencia la degradación del financiamiento de la educación y la pérdida de presencia del Estado nacional en la vida educativa de todo el país. El ajuste fenomenal que se avizora para 2019 no es un fenómeno nuevo sino parte de una tendencia observable desde 2016”, concluye el estudio realizado por observatorios y equipos de investigación de la Universidad Pedagógica Nacional (Unipe), la Facultad de Filosofía y Letras (UBA), el Centro Cultural de la Cooperación, el Aula Abierta de la Universidad Nacional de Hurlingham, las Universidades Nacionales de Avellaneda (Undav), de Quilmes (UNQ) y General Sarmiento (Ungs).

¿Seguirá pidiendo que le hagan juicio por su “fraude educativo” Esteban Bullrich?

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