Apenas conocida la desaparición de Santiago Maldonado –el 1° de agosto de 2017- tras la represión de Gendarmería Nacional, buena parte de la sociedad se conmovió y reclamó por la “aparición con vida” del joven que participaba de una protesta junto a la comunidad mapuche Pu Lof  (Resistencia Cushamen, Chubut). La memoria colectiva, el Nunca Más y los principios irrenunciables en defensa de los derechos humanos fueron el sostén de estos reclamos sucedidos en todo el país. Las aulas no fueron la excepción.

“¿Dónde está Santiago Maldonado?” comenzó a escribirse en los pizarrones, a ser parte de las charlas de estudiantes y docentes, a convertirse en una consigna de trabajo y reflexión. Una decisión coherente con una formación crítica y comprometida con la defensa de la vida. Y no se trata solamente de una perspectiva de enseñanza, sino además de hacer valer lo que dice la propia ley de educación nacional (26.206), en sus fines y objetivos, cuando habla de  “brindar una formación ciudadana comprometida con los valores éticos y democráticos de participación, libertad, solidaridad, resolución pacífica de conflictos, respeto a los derechos humanos, responsabilidad, honestidad, valoración y preservación del patrimonio natural y cultural”.

Para acompañar esta tarea (y como lo ha hecho con otros temas actuales, sociales, políticos) la Ctera lanzó un cuadernillo con orientaciones didácticas para los distintos niveles de enseñanza. Fue el 30 de agosto de ese año, en coincidencia del Día Internacional de las Víctimas de Desaparición Forzada. Entre las actividades sugeridas estaban las de llevar la imagen de Santiago en las escuelas, las banderas a media asta y la inclusión de su nombre a la hora de tomar asistencia. Además de radios abiertas y una diversidad de expresiones artísticas.

Como en los fines de las políticas educativas de Cambiemos no están la formación de ciudadanas y ciudadanos críticos menos hacer memoria o la defensa de los derechos humanos, el ministro de Educación de la Nación, Alejandro Finocchiaro, puso rápidamente bajo sospecha a toda la docencia argentina. Tildó de “canallada” a las acciones de Ctera, invitó a denunciar a las maestras y maestros, y desató una campaña persecutoria, potenciada por las redes sociales.

“Es grave cuando se introduce la lucha político partidaria en la escuela. Deberíamos estar en cada aula para ver cómo es tratado el tema. Los padres, igual, pueden elevar una queja por vía jerárquica o dirigirse directamente al ministerio», amenazó Finocchiaro por los medios. Una nota de la Agencia Paco Urondo – “Censura en las aulas por parte del gobierno de Cambiemos”, del 30 de agosto de 2017- repasa que “en 2012 la cartera educativa de la Ciudad, encabezada en ese entonces por Esteban Bullrich, había habilitado ‘una línea gratuita (0800…) para que los padres, puedan denunciar cualquier tipo de intromisión política en las escuelas’. Dicha línea se hizo por contratación directa de un call center que aún sigue en funcionamiento y fue parte de la campaña ofensiva en redes sociales en el día de la fecha”.

La campaña ofensiva que se menciona es la que circuló con el hashtag #ConMisHijosNo. El mismo que usan los sectores antiderechos para militar contra la aplicación de la educación sexual integral.

Fueron varias las voces que se manifestaron para rechazar esa canallada de Finocchiaro hacia las maestras y los maestros, y marcaban un paso más en las políticas persecutorias y represivas contra el magisterio argentino.

Al cumplirse un año de la desaparición y muerte de Santiago Maldonado, en una entrevista (Suplemento de Educación de La Capital, 28 de julio 2018), el ex ministro de Educación de la Nación, Alberto Sileoni,  rechazaba las declaraciones de Finocchiaro de calificar de “canallada meter a Santiago Maldonado en las aulas». “Es el mismo gobierno que, a través de una serie bastante importante de convenios, deja entrar ONGs en las escuelas de distintas provincias, sosteniendo diversos programas detrás de los cuales están Dreyfus, HSBC, Coca Cola o JP Morgan, y empresas de agrotóxicos. O sea, dejar que las escuelas sean campo de entidades lavadoras o que destruyen el medio ambiente no es una canallada y lo es cuando un docente reflexiona sobre la vida de un ciudadano que en su momento no aparecía. Evidentemente es una discusión de valores”, afirmaba Sileoni además de remarcar la tarea que tienen quienes enseñan estas discusiones: “El educador es quien debe recordar lo que la sociedad quiere olvidar».

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