En el verano de 2014, la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner lanzaba el Programa Progresar, definido por su apoyo a las y los jóvenes de entre 18 y 24 años “que no estudian, que no tienen trabajo o que teniendo trabajo es informal, o que siendo formal no alcanzan a tener el mínimo vital y móvil que se establece por ley como salario».

Una verdadera “política de Estado” definía Cristina Fernández al asegurar que con este plan de becas se estaba “consolidando un sistema de seguridad social sin precedentes en nuestra historia”. «Pero esto no fue por arte de magia ni casualidad, lo pudimos hacer porque contamos con los recursos de la recuperación de la administración de los fondos de las trabajadores», señalaba la ex presidenta en aquella presentación (Télam del 22 de enero de 2014).

El programa era un reconocimiento a los jóvenes cambio de que estudiasen, con una contraprestación de 600 pesos mensuales en aquel entonces. Un derecho social que se sumaba a la Asignación Universal por Hijo y alcanzaba a un millón y medio de jóvenes. Era sobre todo entendido como un apoyo más para acompañar un proceso de inclusión social creciente.

Eso fue hasta 2015 en que asumió el gobierno de Cambiemos y el ajuste a la educación pública fue lo que más se destacó en las definiciones educativas de estos últimos cuatro años. Las becas pensadas en el Programa Progresar no quedaron afuera de estas políticas sistemáticas y sostenidas de recortes, ajustes y ahora –lo último- con un cambio radical hacia una mirada meritocrática de las becas.

En agosto último la Ctera denunciaba que el “incremento nominal del 40 y 41 por ciento según el tipo de Beca” otorgado por el gobierno era insuficiente si se consideraba “que el último aumento había sido dado en febrero del 2018” y que “en ese lapso hubo una inflación cercana al 77 (datos oficiales), por lo que las becas quedarán con valores de poder adquisitivo por debajo de dicha inflación, perdiendo entre el -20 y el -21 por ciento, respectivamente”. Además de los ajustes que arrastraban desde diciembre de 2015.

El comunicado de la Ctera advertía además que este aumento se daba a tres días de las Paso y que esa decisión presidencial tenía “un claro tinte electoralista” y resultaba además “extemporánea, ya que a esta altura del año lectivo muchos estudiantes han tenido que dejar sus carreras justamente por dificultades económicas”. “Si los aumentos hubiesen sido otorgados con anterioridad, -denunciaba la confederación de la docencia- hoy muchos estudiantes no estarían fuera del sistema debido a la imposibilidad de seguir pagando en todo este tiempo el transporte, los apuntes o la alimentación que les permitía dar continuidad a sus estudios”.

En los primeros días de octubre, el presidente Mauricio Macri daba a conocer su propuesta #9 de la campaña presidencial, destinada a cambiar el enfoque de las Becas Progresar. Ahora –según este plan de campaña oficial– enfocadas “en las profesiones que más se necesitan en cada lugar del país” y en otorgarles “un premio estímulo” a los estudiantes de primer año que aprueben todas las materias.

“A partir de 2020 –se lee en el sitio de Cambiemos jxc.com.ar– los nuevos ingresos a las Becas Progresar serán exclusivamente para carreras estratégicas y los estudiantes de primer año que aprueben todas sus materias con buen promedio van a cobrar a fin de año un premio”.

El acento ahora está en la lógica del mérito, más que en el de la inclusión con que se originó este programa. En estos últimos cuatro años, docentes y estudiantes han denunciado los recortes de las becas y las trabas crecientes para acceder. “Cada vez más estudiantes se quedan afuera del sistema educativo”, advertían desde el Movimiento Universitario Evita al repudiar este anuncio de Macri.

“Es una vergüenza seguir anunciando reformas del Plan Progresar cuando ya lo hizo fracasar. El Plan Progresar no existe como tal, el perfil meritocrático que le dio este gobierno no solamente excluye a quienes tienen problemas para sostenerse en sus estudios sino que en este contexto de crisis es totalmente insignificante”, expresó la referente nacional del Movimiento Universitario Evita, Lucía Morini.

El sentido dado por el gobierno de Cambiemos al Programa de Becas Progresar va en sintonía con el resto de las políticas educativas: el mérito, el individualismo y pensar una educación para pocos. Las recetas que escribe desde siempre el Fondo Monetario Internacional (FMI).

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