El 16 de junio de 2013, Alejandra González, precandidata a concejala por el Movimiento Evita, señalaba en una entrevista la importancia vital del trabajo para las personas trans. «Para una persona no trans es difícil conseguir trabajo sin haber terminado el secundario, imaginate una chica trans que ni siquiera pudo terminar el secundario o el primario porque adonde iba era señalada, discriminada, vejada. Para comer no quedaba otra que prostituirse. Esa es la única opción que nos dejó el sistema. Yo creo que si una elige prostituirse está bien, pero tenemos que tener todas las posibilidades. Que sea una opción, no la única alternativa”, decía al diario El Ciudadano. Alejandra trabajó como no-docente en la Facultad de Bioquímica y Farmacia de la Universidad Nacional de Rosario, siendo una de las pocas travestis de Rosario que logró acceder a un trabajo formal. Sin embargo, no alcanzó para cambiar siquiera su vida y Alejandra falleció en 2018 engrosando las listas de los travesticidios sociales en el país.

El nombre de Alejandra González continuó resonando en las militantes travestis, trans, tortas, putos de Rosario. Su nombre y su rostro fueron banderas en las marchas del Orgullo y contra los travesticidios y este martes llegaron más allá: son el proyecto de Cupo Laboral Trans en la Universidad de Rosario, un proyecto escrito y pensado por sus compañeras de Comunidad Trans que hoy al mediodía se volvió realidad cuando el rector de la UNR, Franco Bartolacci, anunció su implementación.

«Es un gran día», señaló Bartolacci. Y reconoció: «Venimos a saldar una deuda, de la Universidad pública en general, y de nuestra Universidad en particular». En ese sentido, además de impulsar el Cupo, formalizó el ingreso de cuatro travestis a áreas de gestión de la Universidad: Laureana Krupp (Facultad de Psicología), Jackeline Romero (Área de género y sexualidades), Karla Ojeda (Ciencia y vinculación tecnológica) y Morena García (Internacionalización). El acto estuvo acompañado por dos referentes del cambio que viene impulsándose en la Universidad: Florencia Rovetto (Área de Género y Sexualidades) y Soledad Cottone (Decana de la Facultad de Psicología).

Foto: Andrés Macera

«Tenemos que estar en lugares de gestión»

El Salón Sur de la Sede de Gobierno de la Universidad Nacional de Rosario se copó este martes de los colores y la alegría de la diversidad. Abrazos, tacos, la marcha peronista y lágrimas fueron el color de un escenario histórico para la Casa de Altos Estudios, que por primera vez se vio copada de travestis y trans, históricamente excluidas de esta y prácticamente todas las instituciones del Estado. «Estoy muy feliz, emocionadísima de estar sentada justamente acá, en la Universidad, y también muy motivada también para seguir en la lucha»,  destacó Karla Ojeda, quien estuvo a cargo, junto con Bartolacci, de presentar el proyecto «Alejandra González».

Durante casi media hora, Karla Ojeda guió al público por la historia del Colectivo Trans/Travesti de Rosario con nombres, apellidos, direcciones y artículos contravencionales de memoria. La militante y ahora trabajadora de la Universidad tiene con qué: es de las pocas que alcanzó los 49 y lleva en su cuerpo la lucha del colectivo. «Allá por los ’90, en plena democracia, la población travesti/trans teníamos una única opción de sustento de vida: el trabajo sexual en las calles. Por aquel entonces eramos detenidas cuando salíamos a la calle a comprar el pan a la tarde y mucho más cuando salíamos a trabajar», comenzó.

Foto: Andrés Macera

«Éramos violentadas, coimeadas, abusadas, encarceladas, por los códigos de falta que en aquel entonces existían en la provincia. Sufríamos condenas y arrestos sólo por trabajar y por el simple hecho de ser travestis», continuó Karla. Y mencionó a Moralidad Pública – la fuerza destinada a perseguirlas -; a las comisarías cuarta y quinta, que eran «como una segunda casa»; y a los siete, catorce, veinte días que iban detenidas. Desde el público, algunas contaron que llegaron a estar 120 días encarceladas. También repitieron a coro el artículo 64 del código de falta de la provincia que tanto las persiguió.

Karla Ojeda habló de escuchar a las referentes Nadia Echazú y Lohana Berkins, de acercarse al Colectivo Arco Iris – el único de Rosario – donde las acusaron de «travestir el colectivo», de la destitución del comisario Benedicto Mattía y del asesinato de Sandra Cabrera. El año bisagra fue 2010: se derogaron los códigos de falta, se aprobó la Ley de Matrimonio Igualitario y se creó Comunidad Trans Rosario, desde donde comenzaron a militar no sólo por el Matrimonio sino la Ley de Identidad Género, la de Fertilización Asistida y el Cupo Laboral Trans de Rosario.

«Yo quiero destacar que todas estas leyes fueron activadas desde organizaciones que venían trabajando de años, pero tambien es cierto y hay que decir que el único que nos dio el espacio, el lugar, el derecho y que tuvo decisión y voluntad política fue el peronismo de Néstor y Cristina. Lo puedo decir yo que soy una sobreviviente y lo pueden decir las pocas compañeras que quedan», resaltó Karla.

Para el cierre, la activista destacó la presentación del Cupo Laboral Trans y la decisión política de la gestión de la UNR de incluir a cuatros travestis en el trabajo de todos los días. «Son puestos políticos, decisiones de compañeras y compañeros que creyeron en nosotres y pensaron que tenemos que estar en lugares de gestión, lugares en que podamos hacer, creyeron en que seamos capaces, que así como creamos el cupo podemos hacer mucho más», celebró Ojeda. Y finalizó: «Las travestis debemos ocupar espacios, porque siempre fuimos relegadas y excluidas del Estado, de las instituciones y del sector privado. Tenemos derecho a un trabajo para poder proyectarnos y poder tener otra forma de vida: la que queramos cada una».

El compromiso de conquistar nuevos derechos

El rector de la Universidad Nacional de Rosario, Franco Bartolacci, sintetizó la jornada y las sensaciones que se respiraban en el salón señalando: «Es un gran día». Micrófono en mano, destacó que el Cupo Laboral sea una medida «en honor a una compañera que nos dejó hace muy poco tiempo y era trabajadora no docente de nuestra Universidad».

Foto: Andrés Macera

 

«Venimos a saldar una deuda, de la Universidad Pública en general y de nuestra Universidad en particular», remarcó. Y continuó: «El cupo no es saldar una deuda por un compromiso con algunos actores que vienen trabajando en hacer posible este derecho; sino que es saldar una deuda de los universitarios en su conjunto. Muchas veces detrás de posiciones progresistas, de discursos comprometidos, levantamos muros y cerramos puertas, desconocemos derechos, estamos cómodos y tranquilos en nuestros haceres cotidianos y parece que por eso damos cuenta del compromiso que tenemos con la sociedad. Pero escuchando a las compañeras – por la Comunidad Trans – no debería menos que darnos mucha vergüenza por la actitud que tenemos frecuentemente. Eso se cambia con un compromiso que va más allá de lo que podemos decir o sostener en un discurso. Se cambia yendo más allá de las declaraciones. Eso implica trabajar todos los días para ampliar y conquistar nuevos derechos».

Bartolacci también remarcó que «en la lucha del movimiento de mujeres y del colectivo trans de Rosario hay una matriz de justicia que la Universidad no sólo debe acompañar y ayudar a construir para poder garantizar una sociedad más justa, sino que la Universidad debe hacer carne en sus prácticas, en sus políticas y en sus activididades cotidianas».

 

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