En el marco de la 10° Crack Bang Boom, llevada a cabo hace algunos días en Rosario, Redacción Rosario dialogó con el multifacético historiestista Gonzalo Geller.

¿Por qué te acercaste a La CBB?

-Es una convención que por su magnitud permite entrar en contacto con la realidad de la historieta de casi todo el país. También algo se vende, algo se conoce. Aprovecho la convención para asistir a los talleres Oscar Chichoni. -Un nombre relacionado con la historieta, la ciencia ficción y el surrealismo por su participación en varias publicaciones locales que editaron novelas, pero también ofrecieron a un público “prehiperconectado” obras reconocidas o en vías de reconocimiento en otras latitudes.

Geller ofreció sus obras en la carpa de acceso gratuito que se encontraba por primera vez , a los márgenes de la CBB.  La carpa, conocida como “la de los fanzines, fue una novedad a la vera de los espacios tradicionales distribuidos en tres de los galpones del CEC.

 

La literatura desde siempre

A Geller siempre le gustó la literatura, en su niñez convivió con una directora de escuela mientras su madre estudiaba para maestra jardinera. Desde temprana edad se interesó en aprender a leer y las personas encargadas de su crianza le enseñaban con las historietas que tenían a mano. “Aprendí a leer con historietas de (Quique) Alcatena que salían en Anteojito” recuerda el escritor.

Para Gonzalo Geller la frontera entre la lectura y la escritura es borrosa. “Uno dibuja desde siempre” plantea. Cuenta la leyenda que a los 6, 7 años aburrido por la escuela comenzó en la escritura creativa, elaborando frases con alguna cuota de creatividad. Pero fue a los 18 años que decidió ponerse a escribir “todos los días a rajatabla”. Hoy tiene 39 años, (39-18)*365=7665.

Es difícil numerar las facetas de la escritura en que se entromete. Sostiene ser de “género fluido”; poesía, guiones de historieta, teatro, audiovisuales, cuentos, novelas, cómico, dramático, ciencia ficción, fantasía y un etcétera que habría que guglear.

 

El camino de la autoedición

Fue editado en antologías y premios internacionales pero sólo excepcionalmente, la mayor parte de su obra la ha editado él mismo.

Alrededor del 2006 se le hacía evidente la dificultad de llegar a editar masivamente y que alguien se ocupe por uno, llevaba 9 años escribiendo y había producido unos 35 libros. Para lidiar con la depresión de tenerlos guardados probó con la autoedición.

Cuando sacó Historias para leer en el baño descubrió que, en pequeños formatos, haciendo él la tapa de sus libros, buscándole la vuelta para que sean llamativas, con títulos que llamen la atención,  podían tener una mejor recepción.

Emulando a quien visita alguna feria prototípica y con ampulosos gestos dice “Uh, mirá, para el tío Pocho que…”. De esta manera, feriando, estableció un diálogo con el gusto popular. En el desarrollo de ese ida y vuelta había logrado vivir exclusivamente de sus libros pero “en estas últimas devaluaciones menos (exclusivamente) que antes” confiesa.

En la autoedición se adquiere un completo control de la obra. No tiene complicaciones en editarse y circula por donde quiere. “Me fue gustando este camino de estar al ras del piso” dice apasionado, «estar en el under», poder hacerse amigo de sus lectores y que no haya una distancia idílica.

Gonzalo lleva más de 150 títulos editados entre sus tres proyectos editoriales: a) uno que no tiene nombre en el que se autoedita; b) La Gota Microediciones que ya tiene 13 años y en la que también edita a otros autores y; c) Pirincho Ediciones que tiene apenas dos años y en la que junto a otras tres personas editan libros de historieta.

Debido a su multifacética producción, participa de poblaciones diversas y sus culturas, en cada una alguien le plantea que le falta leer algo imprescindible. “Todos tienen algo para enseñarte” observa Geller en lo que podría ser un breve reflejo de Paulo Freire.

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