Mantené los 2 metros de distanciamiento - Provincia de Santa Fe

 

Las elecciones de este 27 de octubre ofrecen una oportunidad –acaso la última– para que la Argentina interrumpa de una vez y para siempre el histórico carácter pendular que la hace oscilar entre un modelo de Nación desarrollada, que incluye a las grandes mayorías, y otro de rapiña y saqueo de la renta nacional.

La euforia que generó en la histórica minoría antiperonista haber accedido al Gobierno mediante las urnas y no los golpes cívico militares o el fraude parió una muletilla que se extendió rápidamente por las redes sociales: “No vuelven más”.

Es claro que quienes la usaban –algunos entusiastas aún la sacan a pasear– se referían al peronismo, al que por razones diversas eluden mencionar, apelando a términos propios de la ciencia política, como “populismo”, neologismos como “los kukas”, siglas filo escatológicas –KKs–, vocablos afines a la entomología –kukas–, o simplemente “negros de mierda”, una expresión que suponen que al salir de sus bocas suena glamoroso y no patético.

A casi cuatro años, y desde mucho antes de concluir el actual período presidencial, aquel latiguillo se ha vuelto en contra de quienes lo proclamaban, que deben leer en las redes sociales o escuchar en las discusiones del mundo real que son ellos, los antiperonistas de siempre, los “anti K”, los que no vuelven más.

Es curioso observar que esa percepción de fin de ciclo está menos arraigada en los simpatizantes del macrismo que en sus dirigentes, la mayoría de los cuales muestran en sus rostros las señales de una retirada desordenada y deshonrosa, en todos los sentidos. Por abajo es más fácil decir que estar convencido la frase que lanza Mauricio Macri al aire como un último talismán: “Sí, se puede dar vuelta la elección”. En las alturas de la administración Cambiemos nadie en su sano juicio pronuncia esas primeras tres palabras que alguna vez estuvieron cargadas de positivo hechizo electoral.

En sus estertores finales, el macrismo está haciendo destrozos mayúsculos, y mostrando el verdadero carácter depredador e inmoral de su generalato, que intenta cubrir su huida y preservarse para alguna futura batalla.

Por estos días previos a los comicios, los que echaban trabajadores porque había que extirpar la “grasa militante” de un “Estado bobo”; los que persiguieron a periodistas hurgando en sus cuentas de Twitter y Facebook; los que denunciaron que en los intersticios del Estado había “Brigadas K” que ponían “palos en la rueda”, los que repitieron las frases de los publicistas de Jorge Videla y Joe Martínez de Hoz –“Achicar el Estado para agrandar la Nación”–, hoy, en retirada, revolean cargos, firman resoluciones pasando a planta a sus capitanes y coroneles.

Son una Armada Brancaleone deshonesta, patética y desvergonzada, que descansa en una retaguardia compuesta por una soldadesca decrépita y un puñado de crápulas sin Patria y honor. Sólo quienes tienen en su ADN décadas de odio antiperonista acumulado pueden seguir defendiendo este latrocinio.

El tono moral del cipayaje

Menos de dos semanas antes de la elección presidencial, el criminal régimen macrista dejó de lado todo prurito que pudiera existir en su seno y se lanzó a una verdadera orgía de nombramientos en todos los rincones y peldaños del Estado, mediante resoluciones que intentan darle un viso legal a la llegada de paracaidistas amarillos.

No importa que la ley de Responsabilidad Pública lo prohíbe, no interesa al macrismo que el propio Gobierno haya congelado las vacantes en el sector público el año pasado, de un solo saque formalizó más de 300 nombramientos de altos cargos políticos y otras designaciones, una decisión publicada el martes pasado en el Boletín Oficial, lo cual motivó la denuncia del diputado nacional Guillermo Carmona.

Las más de 300 designaciones muestran por un lado la osadía de llevar adelante esta verdadera ofensiva a días de los comicios, pero además indica la plena conciencia que tiene la administración Cambiemos de que esa elección le será adversa y es hora de planear la retirada, ordenada o como sea.

Resulta ostensible que el macrismo trata de reservarse cargos estratégicos, aunque tenga que pasarle por encima con una topadora al decreto 622/18 del año pasado, que dispuso el “congelamiento” de la planta permanente hasta el 31 de diciembre de 2019.

Hay nombramientos escandalosos, como la designación del director de Presupuesto del Ministerio de Trabajo, la dirección general de Recursos Humanos de Parques Nacionales, cargos en la Secretaría Legal y Técnica, en el Ministerio del Interior, Obras Públicas y Vivienda, en la Secretaría de Modernización, en Migraciones, en el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, que jaquean a la próxima gestión.

Carmona, además de hacer pública su denuncia en torno del tsunami de nombramientos –sugirió que el Congreso debe ponerle coto y forzar una marcha atrás en la decisión del Ejecutivo–, señaló: “Los muchachos del republicanismo depredador del Estado se preparan para pasar a cuarteles de invierno. El Congreso debe detener está atrocidad”.

La ley de Responsabilidad Pública establece que “durante los dos últimos trimestres del año de fin de mandato no se podrán realizar incrementos del gasto corriente de carácter permanente”, lo cual inhibe a todos los gobiernos de ampliar la planta permanente.

A propósito de esas designaciones, incluso antes de conocerse el festival de nombramientos, en mayo pasado, el ex jefe de Gabinete de asesores del Ministerio de Defensa, Sergio Rossi, recordó en su blog personal una reseña del gran historiador José Luis Busaniche, que tituló “Moralistas en retirada”.

Allí Rossi recordó que “(el general Juan) Lavalle y otros próceres oligárquicos son puestos como ejemplo moral por la prensa libre, el mitrismo y sus continuadores, los falsos cívicos republicanos de Cambiemos”. Y acto seguido opinó que Busaniche dio “un delicioso ejemplo de cómo son y cómo desprecian el Estado, las dádivas y las prebendas”, cuando repasó lo que ocurrió “después de perpetrar el golpe contra Dorrego y fusilar al gobernador, después de su ruinoso y cruel gobierno, los unitarios, aislados, desprestigiados y derrotados, preparan su salida”.

Cuenta Busaniche en su Historia Argentina: “Previamente (Lavalle) adoptará medidas muy en consonancia con el tono moral de su gobierno desde el 1º de diciembre de 1828. ¿Cómo han de retirarse los promotores de la revolución con los bolsillos vacíos, después de tanto sacrificio?… Por uno de sus últimos decretos (19 de agosto) Lavalle acuerda a los jefes del ejército unitario Suárez, Olavarría, Vega, Martínez, Vilela, Medina, Quesada, Díaz, Thompson y Acha, dádivas de 25.000 pesos a cada uno (total 275.000 pesos) «por la parte que han tenido en las disensiones civiles y teniendo en vista la necesidad de ponerlos a cubierto de los sucesos venideros» (!). A este propósito, dice Paul Groussac: «Delaciones, adulaciones, destierros, fusilamientos de adversarios, conatos de despojo, distribuciones de los dineros públicos entre los amigos de la causa: se ve que Lavalle en materia de abusos –y aparte su número y tamaño– poco dejaba para innovar»”.

La pincelada histórica de Busaniche mereció una apropiada semblanza de Rossi: “Pasaron 190 años, pero la esencia oligárquica permanece”.

Apertura de paraguas

Así como el régimen cubre su retirada deshonrosa con inmorales designaciones, la oligarquía pretende cubrir las huellas de los posibles delitos y trapisondas más recientes de sus esbirros.

En una entrevista publicada en el diario La Nación, el ex ministro de Energía Juan José Aranguren, quien minutos antes de asumir ostentaba el título de CEO de la petrolera angloholandesa Shell, se empieza a atajar desde el título: “Hoy estoy trayendo mis dólares al país para continuar viviendo”.

El petrolero sabe que lo espera un banquillo en Tribunales, donde deberá rendir cuentas de lo perpetrado durante su gestión, desde el forzamiento a importar gas desde Chile para favorecer a una subsidiaria de Shell, pasando por lo actuado respecto de los letales tarifazos aplicados contra población civil desarmada.

Cabe recordar que la Justicia federal ya tiene en la mira a Aranguren en una investigación que involucra también al propio Macri y a su sucesor Javier Iguacel, por el intento de privatizar a precio vil las centrales termoeléctricas Ensenada de Barragán y Brigadier López.

La causa la lleva adelante el juez Daniel Rafecas e investiga el fiscal Gerardo Pollicita, quienes por otra parte están revisando las responsabilidades del presidente de Ieasa –la ex Enarsa–, Mario Dell Aqua; el director ejecutivo y gerente de termoeléctricas de Ieasa, Alberto Raúl Brusco; el gerente de control de proyectos de Ieasa, Adolfo Marcelo Piccinini; el ex presidente de Enarsa, Hugo Balboa; y el empresario Ángelo Calcaterra, primo de Macri y dueño de Iecsa, la histórica empresa del Grupo Macri.

En el reportaje de La Nación, Aranguren confiesa algo que en los EEUU o Europa podría costarle otra causa, y es que se dedicó a la consultoría, luego de fundar la firma Energy Consilium, desde donde ahora gana dinero con la expertise, relaciones e información privilegiada que le otorgó el paso por la función pública.

Mostrando que su accionar es un peligro para la Nación, ya advirtió que “acá el problema es cómo logramos bajar el gasto en lugar de aumentar la deuda o los subsidios. ¿Quién va a poner la diferencia? ¿Nos vamos a arriesgar nuevamente a juicios en el Ciadi?”. Este sujeto no trepida en mostrarse como un lobbysta de los intereses privados, y amenaza con ante el Ciadi cualquier política que le devuelva al Estado la llave de la soberanía energética.

El medio de los Mitre-Saguier lo acicateó para que opine sobre el documento que el PJ elevó a Alberto Fernández, que plantea congelar las tarifas por 100 días hasta que no se revisen los costos de producción”. En defensa propia, Aranguren sostuvo que “si alguien va a aplicar lo que dice ese documento del PJ, que en el caso de la energía lo coordinó Federico Bernal, actual asesor de Cristina Kirchner y ex asesor de De Vido, se va a poner de vuelta la energía de sombrero”.

El ex ministro de Macri agregó que “Vaca Muerta, que es uno de los pocos desarrollos que podría estar ingresando recursos genuinos, no lo va a hacer”, y se queja de que “los interventores o los que van a estar en un observatorio de control de costos de las compañías energéticas no pueden haber sido funcionarios de ninguna empresa energética. ¿Y entonces cómo van a saber? En el mundo la gente sale del sector privado y va al sector público”.

El zorro quiere seguir “custodiando” a las gallinas, pero además Bernal le respondió que en “Vaca Muerta específicamente, el aporte interanual de crudo nuevo que hace Loma Campana en 2019 (acumulado a julio), es prácticamente el mismo que cuatro años atrás, esto es, en 2015. Y todavía más: las inversiones hidrocarburíferas en 2016 fueron un 36 por ciento menores a las de 2015”.

Llegando al colmo del espíritu depredador, el ahora consultor opinó qué hubiera debido hacerse en lugar de bajar los subsidios a Techint en Vaca Muerta: “Yo digo, qué era lo mejor, cortar esos 500 millones para producir más gas o cortárselos a (Juan) Grabois o a la transferencia a alguna provincia, por ejemplo, Jujuy”.

Sin embargo, el corazón de lo que dijo en la entrevista es que él no hizo otra cosa que cumplir con su deber y que, por ejemplo, Marcos Peña “es un cientista de la política, alguien que piensa que la sociedad se puede manejar desde un laboratorio”. Sería bueno recordar esto porque algún día Aranguren lo ensayará como defensa ante un estrado judicial.

Pero la pregunta y la respuesta que se llevan las palmas se leen a continuación:

—¿Un hombre del sector no tiene conflicto de intereses? A usted lo criticaron por eso.

—Como parte de mi sueldo anual yo tenía acciones de la compañía (Shell, su ex empleador) a fin de año. No tenés en la legislación argentina ninguna norma que diga que no podés tener acciones en una compañía, lo que si no podés es tomar decisiones que afecten a tu empleador de los últimos dos años. Y de hecho yo me excusé de tomar decisiones. También me han preguntado los periodistas cómo puede ser que un ministro tenga dinero en el exterior. Como ministro tiene que tenerlo en la Argentina, dicen. Quiero hacer una diferencia. Una cosa es el ahorro y otra la inversión. Si un ministro argentino o cualquiera tiene sus ahorros, que hizo como empleado en relación de dependencia, salvaguardados, protegidos en el exterior, es una decisión de ese tipo. Después de que me fui (del Gobierno) y de la devaluación, en una tapa de Página 12 pusieron «Aranguren tenía razón» porque yo había dejado mis ahorros afuera. De hecho hoy, que todavía no tenemos ingresos (en su consultora), estoy trayendo mis dólares en este momento, que tendría que ser al revés, para continuar viviendo”.

Aunque no hubiese cometido un solo delito, algo que la Justicia deberá decidir, es bueno recordar que en su gestión las compañías petroleras, eléctricas y gasíferas embolsaron miles de millones de pesos de ganancias, en tanto los resultados en cuanto a producción y autoabastecimiento energético fueron paupérrimos.

Por sus obras los reconocerán

Hace exactamente dos años, el Presidente inauguró un tramo de la ruta 7 en Neuquén. Hace 10 días, el ministro Guillermo Dietrich la recorrió. El martes pasado se derrumbó un sector y un auto cayó al pozo y se incrustó de punta.

En aquella inauguración, Macri se preguntó: “Qué pasaría por la cabeza de (Julio) De Vido para no terminar esta obra, de (Oscar) Parrilli, que es de por acá, que no se ocupó de terminarla”.

Luego de recorrer el tramo y posar para las fotos de la prensa oficial y la oficialista, arriesgó: “Las obras empiezan y terminan en la fecha prometida”. Macri, en cuatro años de gestión, nunca terminó de completar esa ruta, pero lo que inauguró en esa vía, colapsó.

Es una constante de su mandato, nada comienza desde cero, porque ya venía de las gestiones anteriores, y nada ha terminado de construir, preocupado en la sistemática destrucción del aparato productivo, en especial la industria y las pymes.

Las obras “inauguradas” por Macri son tramos de rutas, edificaciones varias veces “inauguradas”, herencia nada pesada de la anterior gestión y, fundamentalmente, lo que faltan son las obras que prometió en campaña, allá por 2015, o durante su gobierno, cuando incumplió su palabra una vez más, y dijo que con el dinero de Fútbol para Todos –que había jurado no sacar– iba a construir 3 mil jardines de infantes, de los cuales no hizo uno solo.

En febrero de este año, el Presidente prometió que iba a inaugurar más de 1000 obras durante la campaña electoral. El diario La Nación publicó que “será uno de los pilares de las recorridas del Presidente y es un plan que abarca todo el país; son proyectos que quedaron fuera de los recortes previstos para lograr el déficit cero”.

“Aeropuertos, centrales nucleares, hospitales y escuelas, pero también cloacas, defensas contra inundaciones y cuadras de asfalto”, adelantaba el diario mitrista. Como se sabe, nada de ello ocurrió, pero todavía retumba en los oídos de millones de argentinas y argentinos el estruendo de la caída del andamio en el aeropuerto de Ezeiza, que le costó la vida al capataz José Bulacio, y que provocó una decena de heridos, algunos de ellos graves, producto del apuro inaugural del mandatario.

Ni centrales nucleares, que desfinanció y paró su construcción, prevista por el gobierno de CFK, ni hospitales, escuelas, nada. Todo fue una lamentable puesta en escena, como ese tramo de ruta que hace poco “inauguró” y luego de cortar la cinta despidieron a los 40 obreros que la habían ejecutado.

Pero el blindaje mediático que protegió al jefe de Estado en estos cuatro años hizo que La Nación publicara este disparate: “Los ministerios de Transporte, Interior y Hacienda (a través de la Secretaría de Energía) serán los encargados de brindarle al presidente Mauricio Macri un listado casi interminable de inauguraciones para los próximos meses, previos y posteriores a la primera cita electoral: las Paso de mediados de agosto”.

Ya se sabe cómo le fue en esas primarias al gran embaucador, y en el futuro se recordará que con las promesas vacías se puede llegar a engañar una vez, tal vez dos, pero nunca la mentira dura para siempre, y que, como dice el Evangelio, “por sus obras los reconocerán”.

El neoliberalismo no deja un sólo ladrillo apilado sobre otro. No hubo sector en el que no rompiera todo lo que tocó. Que no vuelva nunca más a gobernar alguien que ponga en juego este modelo es la condición indispensable para que la Argentina tenga futuro, y que en ese futuro entren todas y todos.

A esta altura queda claro que el próximo Gobierno, que todo indica será peronista, y bien acompañado, tiene por delante una dura faena. Este régimen rompió todo, desordenó las vidas de millones de personas, y fugó la deuda contraída. Ha llegado la hora de que paguen por tamaño latrocinio. En las urnas, en la Justicia, y con los patrimonios de sus jerarcas.

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