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El derecho a la educación no es un principio que entre en las políticas de Cambiemos. Menos si se piensa que puede alcanzar a las poblaciones más vulnerables, a los pobres digamos. En estos casi cuatro años de gobierno de Mauricio Macri, hay sobradas muestras de esta afirmación, empezando por el financiamiento educativo. Un dato que se traduce en el día a día, en el abandono de los edificios escolares, de los salarios docentes, de la formación, de los recursos para enseñar y de la profundización de un modelo de país que ha llevado a que el plato de comida sea la primera razón por la que la mitad de las chicas y las chicas de la Argentina asistan hoy a la escuela.
Ese desprecio por lo público y popular nunca lo ocultaron. Están parados en la idea de que debe haber una educación de primera, para unos pocos, y otra de segunda, tercera o cuarta, para el resto, que seríamos la gran mayoría.
Una de las declaraciones que más hicieron visibles –hay más e igual de repudiables- esta forma de concebir la educación fue la pronunciada por la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, sobre los pobres y la universidad.
El 30 de mayo de 2018 Vidal fue invitada por el Rotary Club de la Ciudad de Buenos Aires a uno de sus tradicionales almuerzos (esos donde lavan culpas y reúnen todas las dádivas que consideran necesitan los humildes). Allí llegó Vidal a disertar en el ciclo de conferencias “Cómo veo a la Argentina”.
“¿Es de equidad y es justo que la mayoría de los docentes de nuestra provincia vayan todos los días a trabajar y pongan su mejor esfuerzo por enseñar y una minoría se lleve 19 mil millones de pesos por año en licencias con enormes abusos? ¿Qué pasaría si esos 19 mil millones pudieran ir al salario docente? Ganarían mucho mejor”, dijo en ese almuerzo del Rotary para achacar a las propias maestras la razón de que no ganen lo suficiente. La apreciación fue respaldada con el aplauso de los asistentes.
Y luego siguió con el remate que ya es parte de la memoria de lo que Cambiemos proyectó (y proyecta) en sus políticas educativas. «¿Es de equidad que la durante años hayamos poblado la provincia de Buenos Aires de universidades públicas cuando todos los que estamos acá sabemos que nadie que nace en la pobreza en la Argentina hoy llega a la universidad?», se preguntó la gobernadora y abundó en su interrogante “…Y cuando todos los que estamos acá sabemos que no hay una sola provincia del país, ni siquiera la Ciudad de Buenos Aires, que es la que tiene mejores indicadores en educación, que pueda garantizar el jardín de infantes público a todos lo que lo necesitan y que en esos años lo que enseñemos, y la comida que les demos, les van a definir sus capacidades por el resto de la vida, entre otras, de poder tener una carrera pública en la universidad?”.
Vidal aludía con sus dichos también a las universidades abiertas durante los gobiernos kirchneristas. De las 22 casas de altos estudios nacionales que hay en la provincia de Buenos Aires, 10 fueron creadas en esos años, y 14 se distribuyen por el Conurbano bonaerense.
La gobernadora hizo esas manifestaciones a muy pocos días de celebrarse los 100 años de la Reforma Universitaria de 1918 y a un año de cumplirse el 70 aniversario en que Perón quitó los aranceles y gravámenes para el ingreso a las universidades nacionales (decreto 29.337 de 1949).
Apenas se conocieron las expresiones de Vidal, más allá del almuerzo con sus amigos del Rotary, lo que siguió fue una catarata de repudios a estos dichos en las redes sociales, en declaraciones públicas de diferentes organizaciones, en entrevistas y opiniones que se multiplicaron por diversos medios de comunicación. Quizás lo más emotivo fueron la cantidad de historias de vida que se empezaron a difundir, a compartir y hacer visibles para testimoniar el paso por las aulas universitarias. Historias de sacrificios para acompañar la graduación de una hija o un hijo, madres y padres que asisten hoy con sus pequeños a clases, y las primeras generaciones de chicas y chicos que ingresaron y alcanzaron un título en la universidad pública argentina por primera vez en sus familias.

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