A quienes ven en los queridos y hermanos pueblos de Chile, Ecuador, Honduras o Haití la vanguardia de la lucha contra el neoliberalismo, por atravesar las últimas semanas y horas situaciones de profunda convulsión social, debe recordárseles que la explosión popular contra el modelo promocionado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) ya sucedió en Argentina 2001, con una rebelión extendida por todo el país que, estado de sitio y violenta represión mediante –decretada por una Alianza muy similar a la de Cambiemos– se cobró las vidas de 39 compatriotas.

Luego de aquellos trágicos 19 y 20 de diciembre en que se vino el estallido –como cantaba Bersuit–, y en que los principales símbolos del neoliberalismo fueron puesto en crisis, entre piquetes y cacerolas, entre el helicóptero de De la Rúa, declaraciones de default y la seguidilla de cinco presidentes, se abrió una nueva etapa en el país. He ahí una de las principales diferencias con lo que pasa, por ejemplo, en Chile, donde no emergió (aún) una fuerza política que construya un polo contra la hegemonía neoliberal, como ocurrió con Néstor y Cristina Kirchner en Argentina, con Lula en Brasil, con Hugo Chávez en Venezuela o con Evo Morales en Bolivia.

Recuperación y ampliación de derechos para las mayorías populares, integración latinoamericana como estrategia de construcción de soberanía nacional, desendeudamiento, reindustrialización y desarrollo de los mercados internos, reivindicación de la historia de lucha los pueblos y apertura a procesos de memoria, verdad y justicia para con los crímenes de las dictaduras coordinadas por el imperio que asolaron la región, fueron algunos de los rasgos comunes que caracterizaron a la “década ganada”.

Las nuevas contradicciones surgidas de los propios procesos políticos, los lógicos desgastes de los movimientos nacionales populares –hacia afuera y hacia adentro–, y la reorganización y fortalecimiento de los adversarios (oligarquías locales, embajadas de Estados Unidos, corporación judicial, medios hegemónicos, poder financiero internacional) se combinaron para desestabilizar esos proyectos, habilitando modelos de restauración neoliberal como el que expresó Mauricio Macri en Argentina o Jair Bolsonaro en Brasil, los países clave para definir el rumbo de esta zona del planeta.

Pero el recorrido previo al estallido de diciembre de 2001, de lucha durante la década del ‘90, más el despliegue posterior de organización social y política en Argentina, de crecimiento de movimientos y militancia en general durante el período peronista kirchnerista, permitieron contar con una base de resistencia al violento ajuste neoliberal macrista, que se fue haciendo cada vez más unitaria y que abrió la puerta –junto a la visión estratégica de CFK– a la conformación de un gran espacio opositor como es el Frente de Todos (FDT) que encabezan Alberto Fernández con Cristina.

Lo dicho en el párrafo anterior, se comprueba si vemos quienes conforman el amplio y diverso Frente de Todos: Partido Justicialista, Frente Renovador, Kolina, Partido de la Victoria, Nuevo Encuentro, Frente Grande, Compromiso Federal, Movimiento Yrigoyenista, Partido Intransigente, Partido del Trabajo y del Pueblo (CCC y PCR), Partido Comunista, Unidad Popular (De Genaro), Partido Solidario, Movimiento Proyecto Sur (Pino Solanas), Somos (Donda), FORJA (Radicales alfonsinistas). Además, el FDT cuenta con el apoyo de la CGT, la CTA y la CTEP, orientada por el Movimiento Evita y otras organizaciones sociales.

Porque hay una gran expectativa de que la experiencia Argentina sea la punta de lanza de un nuevo cambio de tiempos en la región, que demuestre otra vez que hay otro modelo por fuera de las recetas del FMI, de desarrollo con inclusión, es en realidad que Latinoamérica mira con atención nuestra elección presidencial del domingo.

En estos comicios no se juega sólo la suerte de la inmensa mayoría de las y los compatriotas que sufrieron las políticas de Cambiemos estos cuatro años: desde México a Chile, América Latina entera necesita que nazca un nuevo foco de esperanza. Que estallen las urnas de votos por el Frente de Todos, es tal vez el mejor aporte que podamos hacer a la Patria Grande.

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