El nene está concentradísimo pintando su cuaderno de clases. Tiene los cachetes enrojecidos, igual que cuando se vuelve de un largo recreo. La letra, que sabe de memoria, dice: “Yo no me doy por vencido/ Yo quiero un mundo contigo/ Juro que vale la pena esperar, y esperar y esperar un suspiro/ Una señal del destino/ No me canso, no me rindo, no me doy por vencido”.

Es un tema del cantante puertorriqueño Luis Fonsi, que si no fuera por este nene jamás le hubiese prestado atención, menos si no lo hubiese compartido en el face una querida docente. Quizás también ayuda a que lo escuche con más cariño que el nene canta en un aula, que mientras canta pinta y que hay otras nenas que se enganchan con la canción. La maestra (o el maestro) no se ve, pero está presente.

Lo miro una vez y otra, y es inevitable la emoción. Primero por la escena, que es amorosa, que dice que se puede dibujar, escribir y también cantar. Que en las escuelas hay (y debe haber) lugar para todo eso y más. Sobre todo si se trata de aprender. Pero hay algo más. Vaya a saber cómo piensa el nene esa canción cuando la interpreta (lamento no tener más detalles de dónde proviene este posteo). Capaz que la piensa como en el video de Luis Fonsi donde se mezclan escenas de amor, de dolor y de triunfos. No lo sé. Y me parece que está bien que cada una pueda sentir las canciones a su manera ¿O acaso no nos pasa lo mismo con una película, con un cuento, con una escena cotidiana como hay por miles en las escuelas?

Pero es inevitable. Yo no puedo dejar de asociar esa escena y la letra de la canción con el momento histórico que vive la Argentina, América latina. Pienso que estamos a un día de las elecciones y estos últimos casi cuatro años de neoliberalismo local se convierten en una sucesión de imágenes tristes, que una quisiera olvidar pero sabe que tiene la obligación de recordar, de hacer memoria, de contar y de no dejar de denunciar. Como pasó también en todo este tiempo.

Las políticas educativas de Cambiemos –como todo el resto, porque no hicieron nada bien- van a pasar a la historia como las del desprecio más grande a la educación pública, a sus docentes y estudiantes. Y si las elecciones de mañana les van a poner un freno es porque no nos hemos dadas por vencidas, ni vencidos. No nos hemos rendido. También hay una hermosa sensación de victoria.

Nunca más un ministro que proponga Campañas del Desierto Educativo, de una gobernadora que sostenga que “los pobres no llegan a la universidad” o de un presidente que hable de “caer en la escuela pública” y lo compare con una desgracia. Nunca más la desidia y el abandono del Estado que se llevan la vida de quienes trabajan en las escuelas… Sandra, Rubén, Jorgelina, María Cristina. Nunca más que las chicas y chicos lleguen a clase con hambre, y que los comedores se conviertan en la principal razón de la asistencia.

A un día de las elecciones solo pienso que estamos a muy poco de recuperar la esperanza, para que vuelvan a sonar las orquestas infantiles sin más demora que la de ubicar los instrumentos musicales en escena, para que la memoria sea un ejercicio de todos los días, no un motivo para quedar bajo sospecha. Para que las universidades, las escuelas o los espacios públicos sean los elegidos para debatir la enseñanza y no la Bolsa de Comercio o la Fundación Libertad. Para que volvamos a mirar lo que tienen que decir las maestras y maestros de nuestra región antes que los de Finlandia; que la calidad educativa no se mida por ni por las neurociencias ni por cuán emprendedoras o emprendedores logran ser las y los estudiantes, sino que se disfrute como un derecho. Y que siempre se recuerde, se cuente, se escriba, se haga memoria en los profesorados que en estos cuatro años pasaron cientos de marchas docentes en todo el país, Escuelas Itinerantes, ollas populares y merenderos sostenidas por maestras y maestros. Que sea parte del capital de saberes con que se egrese. Y que también recordemos que durante el gobierno de Mauricio Macri cobró más sentido que nunca esa frase que se repite en banderas y pancartas: “Maestra luchando también está enseñando”.

 

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