La conferencia era a las 18, pero llegué –pícaro yo– a las 16 para conseguir buen lugar. Vano esfuerzo: había una fila de una cuadra bajo un diluvio de esos que traspasan la suela de los zapatos, te empapan los calcetines y te hacen castañetear los dientes, pero la gente aguantaba a pie firme.

Entré y me ubicaron arriba de todo, en una de las últimas filas, en el sector de prensa. El auditorio estaba repleto, calculo que mitad argentinos y mitad mexicanos. AF venía de una reunión muy positiva con empresarios locales, en la que Carlos Slim habló pestes de Macri.

Cuando fue presentado, lo ovacionaron de pie con un aplauso interminable. Habló 22 minutos y se metió a todo el mundo en el bolsillo, interrumpido constantemente por más aplausos.

De lo que dijo, se enterarán por la prensa. Yo resalto un par de cosas. Habló de las coincidencias con Andrés Manuel López Obrador, el eje Argentina-México, la Patria Grande y la unidad continental. Pensé que si ayer no pudo ser el triángulo ABC (Argentina, Brasil, Chile) pensado por Perón, hoy es posible un esquema más amplio, que incluya a más países.

Habló más, habló de todo, pero su mensaje se resume en un solo concepto: unidad. Unidad entre peronistas y unidad entre países para los desafíos de una economía global que estrangula y asfixia.

Después respondió preguntas, la mayoría de jóvenes mexicanos. A esas alturas vi lágrimas en los ojos de muchos de los que estaban cerca. Y recordé, con un poco de pena, algo que leí hace dos días en Facebook, en el muro que un amigo que tiene muchos contactos “ortodoxos” (y transcribo textualmente): “La lucha ahora se da entre Peronistas y Kirchneristas”. 

Mamma mía. Menos mal que ya no existen López Rega con los fondos de Bienestar Social para financiar a la “jotaperra” y la revista El Caudillo. Porque sino, ¿qué vamos a hacer? ¿Tirotearnos de nuevo entre nosotros?

Por eso rescato la frase final que el tipo dedicó a los macristas al concluir su conferencia y que yo les aplico a estos profetas de la desunión que atrasan en el tiempo hasta los años 70: “Que ellos se queden con la grieta, yo me quedo con el futuro”.

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