¿Qué ha ocurrido? Es difícil de precisar, más allá de la ostensible responsabilidad de las fuerzas oligárquicas y pro imperialistas. Es evidente que nuestros pueblos y sus organizaciones deben repudiar el golpe de Estado en Bolivia. Eso, como para empezar a hablar del tema.

Ahora bien, siempre es preciso reflexionar para actuar. Este golpe se ha generado en el mejor momento económico de la historia boliviana. Las más importantes tasas de crecimiento del sur continental. Además, se despliega después de una victoria electoral del oficialismo. Más allá de los porcentajes, evidenció un fuerte respaldo social a Evo Morales y su gobierno.

Esto significa: se podrán falsear los datos, pero esa gente está, existe. Luego, junto a todas esas personas, que en una medición conservadora alcanzan el 45 por ciento de la sociedad, es preciso señalar que durante más de una década el MAS gobernó el Estado boliviano; es decir, entre muchas otras entidades, el Ejército y la Policía.

¿Qué ha pasado en esas áreas? ¿Cómo es posible que manejando el presupuesto estatal de ambas instituciones armadas, contando con el respaldo de los movimientos sociales más importantes, y logrando el mayor proceso de desarrollo conocido se pierda el control de las variables políticas y militares del país?

Las bandas civiles que realizaron los ataques criminales sobre una parte de la población, representando a una franja minoritaria, no pudieron ser rechazadas por esos movimientos populares ni por las instituciones del Estado destinadas a garantizar la seguridad interior. Evo llegó a incluir entre las características del golpe como “cívico y de algún sector de la policía”. Es llamativa la descripción.

En modo alguno estamos acá responsabilizando a ningún miembro del gobierno boliviano, ni mucho menos a los compañeros Evo Morales ni Alvaro García Linera. Sólo planteamos interrogantes sobre lo ocurrido. Convengamos que se trata de un golpe con menos potencia que muchos de los ataques antidemocráticos sufridos en nuestro continente.

Las bandas de fascinerosos en las calles sólo pudieron desenvolverse ante la ausencia de personal uniformado comandado por representantes del Estado Boliviano en las mismas. Cuál es el por qué de esa ausencia o, eventualmente, de tal complicidad, es difícil de explicar. La consideración moral negativa de sus miembros es una respuesta sencilla y parcial. No equívoca, pero sencilla y parcial.

Entre los interrogantes cabe incluir el panorama internacional: a diferencia de lo acaecido en Venezuela (que sufrió ataques más graves y duraderos), durante la sedición antidemocrática en Bolivia no se escucharon –o no nos enteramos- pronunciamientos de Rusia ni de otro espacio contrastante con el interés imperial. En el discurso de dimisión planteado por Evo no hay menciones específicas.

Un recorrido del mismo sólo permite hallar la polémica electoral con la OEA, la advertencia sobre intentos de imponer los planes del Fondo Monetario Internacional y una condena genérica a “la oligarquía y el imperialismo” sin detectar responsables concretos. Todas las imputaciones –básicamente sobre Mesa y Camacho-, son internas. ¿Tanto poder acumularon esos dos dirigentes, mencionados en varias ocasiones? Puede ser, es difícil saberlo desde la Argentina.

En ese mismo y muy jugoso discurso, Evo indica que su renuncia está dirigida a garantizar la paz social en Bolivia y a evitar que los dirigentes sociales y sindicales, así como sus familias, resulten atacados. Aparentemente no se ha logrado el objetivo, pues las persecuciones persisten e incluso corre riesgo la vida misma de quien hasta hoy fuera el mejor presidente boliviano.

El único aspecto positivo de todo lo acaecido es la autoridad moral aquilatada por Evo al retirarse sin reprimir, dejando un país en crecimiento y condenando el odio entre hermanos. Eso puede contribuir a un retorno con respaldo masivo. Pero el costo está siendo muy alto. Y la masividad del oficialismo ya estaba.

Estamos recibiendo centenares de comunicados que repudian el golpe de Estado. Los compartimos, los difundimos y nos sentimos identificados con ellos. Aquí preferimos plantear las preguntas que a lo largo de esta triste jornada no hemos logrado responder. Esperamos que no se malinterprete la intención, sucede que los procesos populares del continente son demasiado importantes como para que se esfumen así, de un día para el otro, sin indagar qué ha ocurrido; para evitar que se reiteren.

*Director de La Señal Medios

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