En el fragor de un par de noches de Colectividades, el eslabón se dio tiempo para indagar entre los stands, sobre la cuestión cultural, económica y social de los países de la región.

Alguien en la redacción de este periódico analizó al Encuentro de Colectividades como un evento que tiene “un poco de fiesta, un poco de ficción, un poco de marketing político y un poco de realidad”. En el emblemático Parque de la Bandera, bien enfrente del Monumento y a orillas del Paraná, dos cronistas se adentraron entre el bullicio y el torbellino de aromas en búsqueda de los stands de los países latinoamericanos.

La mayor parte de quienes trabajan en las Colectividades en los puestos de países latinoamericanos no tienen orígenes en esas comunidades. Se trata de personas que son empleadas para cocinar y atender al público. Micaela, sin mediar palabras, y ante la pregunta de si sus padres vinieron de Perú, relata: “Eh, sí, no, supongo que vinieron, la verdad es que nunca les pregunté. No sé mucho. Tengo parientes en Perú, sí, pero no sé bien cómo llegaron, yo más que nada soy empleada…” (risas).

En el stand de Brasil, Paola, de 42 años, expresa que le gusta “el orden” que está poniendo Jair Bolsonaro en Brasil, aunque sea “un poco mal educado”. Pero a la vez dice que en Argentina votaría a Cristina “porque es dulce y amable” y tiene “un buen corazón para las personas necesitadas”. Paola cuenta que por las noches trabaja como enfermera a domicilio para una empresa privada de salud y de día estudia.

Digna, tiene 48 años y hace 20 que está en Rosario. Llegó desde de Paraguay por cuestiones de trabajo, y cuenta que por suerte su marido “está trabajando bien”. Hace diez años que trabaja con la Casa Paraguaya. Opina que la cosa en su país “está jodida, como acá también”. “La situación económica en todos los lugares de Sudamérica está más o menos pareja”, agrega.

Lilian Grisel Flores Cabrera, la presidenta de la centenaria Casa Paraguaya, está sentada entre bambalinas en el stand de la feria. Lila, como se la conoce, cuenta que este año “hay una buena afluencia de público, a pesar de lo económico”. “Se nota que la gente compra menos, que es más lo que recorre. Por todos los despidos que hubo hay mucha gente sin trabajo, entonces eso repercute”, analiza. 

Además de ponderar el “fantástico” ballet Ñasaindy, los divertidos músicos que suben al escenario y los sabores de la sopa paraguaya, el chipa Guazú, las croquetas y el puré típico a base a cerdo y harina de maíz, Lila caracteriza: “El Paraguay siempre fue un país de pobres y ricos, pero se mantiene. Es uno de los pocos países de Latinoamérica que creció. Es un país de paz, hay discusiones políticas como en todos lados, pero la gente es muy pacífica, no es conflictiva, no reclama derechos porque, pobre, no los tiene”, dice con cierta tristeza. Lila llegó en 1968 con unos tíos, por sólo quince días, y se quedó. “Me enamoré de Rosario. Por aquellos años estaba el cordón industrial y eso era una maravilla para nosotros, impresionaba lo pujante que era Rosario”.

Foto: Yazmín Quiroga

Jhon Delgado, de 48 años, pertenece a la comunidad peruana. Hace 28 años que está en Argentina. Cuando vino, su situación en Cuzco era buena, cuenta, pero era joven, quería aventurarse y conocer otro lugar. Tenía unos amigos argentinos mochileros que lo convencieron. Le decían “andate a Argentina que es otra onda, puedes estudiar medicina”. “Uno ya se habituó a aquí”, confiesa. Sobre las realidades políticas, unifica que “corrupción siempre hubo, allá también como en todo Latinoamérica, como con el tema de Odebrecht”. “La política es un negocio, y donde hay un negocio hay corrupción”, sentencia.

Walter Gupioc promedia los 50 y es, desde hace seis años, presidente del Centro Culrual Peruan en Rosario. Asegura que como comisión directiva vienen trabajando con precios justos y que mantuvieron los costos con relación al año pasado, en especial del emblemático anticucho peruano. 

El aguante a Evo

“Tuvimos elección a presidente y estamos en crisis”, dice Alejandra, de 49 años, hija de bolivianos, y agrega: “No lo dejan asumir al presidente Evo Morales, esperemos que se resuelva lo mejor para el pueblo”. “Lo mejor es que ascienda Evo Morales, porque tira mucho para el pueblo, para la gente más pobre, ha sacado adelante a Bolivia”, reflexiona.

La Mally Montaño, integrante de la colectividad boliviana de Rosario, analiza: “Es un golpe de Estado que lastima a todos. Un golpe de Estado no es bueno en ningún país. Yo quiero agradecer a todos los argentinos que estuvieron en la marcha de apoyo a Morales el otro día”. “Yo no me imaginé una cosa así. Estando acá en la feria no pude seguir todos los detalles, esperemos que se resuelva”, se esperanzó. Y justificó su respaldo a Evo Morales: “No sólo nacionalizó productos de Bolivia, sino que avanzó en la educación integrando a todas las etnias nativas, por eso se llama Estado Plurinacional, para que todos tengan los mismos derechos. Eso hizo que el campesino pueda estar a la par de todos los demás, fue algo muy bueno muy positivo. Para mí, la parte opositora al no aceptar una, dos, tres, y ahora la cuarta derrota, es como que dijo que «no». Entonces se complotó con Estados Unidos y otros países más que lo venían planeando desde abril del corriente año”.

Foto: Juan Pablo de la Vega

En el stand de Bolivia se ven afiches elogiando las políticas del partido Mas, y en el escenario pegaron una cartel que dice: “Awante Morales. Rosario y Argentina, te admira y te respeta”.

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