A propósito del pronunciamiento de la prestigiosa académica, que incluye una descripción del exiliado presidente Evo Morales que trasciende lo político, y haya sido o no su intención abrir un debate, por cierto lo generó, y en buena hora que así sea, porque las ventanas cerradas no ayudan nunca a echar luz sobre los hechos y abrirla ayuda a ventilar el olor a encierro.

A modo de introducción, la profesional advirtió: “Me da mucho miedo que lo que les diga no tenga total legitimidad porque estoy en Argentina y entonces decidí que lo mejor es explicar las dificultades que tengo por la visión totalmente caricaturesca, estereotipada, de los argentinos y argentinas, que el sector crítico de mi país tiene y siempre ha tenido sobre Bolivia”.

Esto habla de la honestidad intelectual de Rita, y también de que era plenamente consciente de que sus dichos no tendrían un impacto, si se quiere, doméstico, o circunscripto a un ámbito acotado. Sabía que generaría discusión, críticas, y también el aprovechamiento por parte de sectores reaccionarios, oportunistas que quieren llevar harina a su costal.

Dice Segato, en el comienzo del monólogo que emitió Radio Deseo de Bolivia: “En mi comprensión de los sucesos, Evo cayó por su propio peso. Él incurrió en acciones a lo largo del tiempo que le causaron un quiebre de la credibilidad y luego un quiebre de la gobernabilidad. Para mí no ha sido la víctima de un golpe sino la víctima del descrédito general en que se encontró en razón de varias de sus acciones”.

Es imposible eludir el carácter justificatorio que esas palabras encierran acerca del golpe cívico, policial y militar que sufrió Bolivia. Las y los bolivianos, desde el primero hasta el último, con la obvia excepción de quienes lo perpetraron y sus seguidores con poder económico. Son dos elementos de su discurso, entonces, que cabría cuestionar a Segato: el sujeto víctima elegido, y la quizás involuntaria pero insoslayable justificación del golpe.

Pero además, la intelectual incurre en calificar el presunto “descrédito” del que habría sido víctima Evo como “general”, un abordaje que choca contra el masivo respaldo electoral, que lo llevó a sacarle 10 puntos de diferencia a su seguidor más cercano, Carlos Mesa, y es desmentido por las multitudinarias marchas, bloqueos de rutas y caminos, luchas cuerpo a cuerpo que protagonizan bolivianas y bolivianos, a pesar de las criminales incursiones de la Policía y el Ejército.

Es muy ofensivo para con millones de ciudadanas y ciudadanos que están poniendo en juego sus vidas hablar de “descrédito general”. Máxime si esto da marco a que Evo “incurrió en acciones a lo largo del tiempo que le causaron un quiebre de la credibilidad y luego un quiebre de la gobernabilidad”.

Analicemos esas “acciones”:

  • El desconocimiento que Morales hizo del plebiscito que perdió fue seguido de instancias judiciales e institucionales que en cualquier lugar del mundo se ponen en juego y nadie cuestiona. Recordar que la Corte Suprema del Estado de Florida dio por ganada una elección a George W. Bush que el recuento de votos le dio por perdida, para citar sólo un ejemplo.
  • Las “irregularidades” observadas por la OEA se basaron en el análisis de 78 actas de escrutinio sobre un total de más de 35 mil (el 0,22%).
  • A pesar de que el Tribunal Electoral falló que había ganado en primera vuelta, ante los graves hechos de violencia provocados por sectores ultra de la oposición, con la inacción total o la complicidad directa de la Policía, el mandatario depuesto convocó a nuevas elecciones, a fin de pacificar ese clima de odio racial, persecución ideológica y venganza de clase.

Aún omitiendo todo ello, o incluso pensando que se trata de un relato amañado, Segato no puede desconocer que los sucesos que dieron origen al golpe más sanguinario del siglo XXI están documentados de tal manera que cuesta creer que no formen parte de su diagnóstico.

Las casas quemadas de los funcionarios del gobierno de Evo Morales, los saqueos de las mismas y la quema de la whipala en infinidad de esquinas y calles de las principales ciudades bolivianas fueron vistas por todo el mundo. Aún con el corsé informativo que cadenas, agencias y medios nacionales e internacionales le impusieron a esos hechos, las redes sociales fueron canales por donde se pudo constatar el nivel de violencia y saña con que se salió a buscar la renuncia del Gobierno del MAS.

La cuestión de la “perpetuación” en el poder

Otro aspecto encarado por Segato en forma tangencial es la presunta motivación de perpetuación en el poder. La antropóloga sostiene que Evo “se fragilizó con el plebiscito en el que perdió con el 51 por ciento: entonces ahí fue perdiendo credibilidad, como ustedes saben”.

Y, avanzando en esa línea, sentencia: “Si no hacemos las críticas que tenemos que hacer al gobierno de Evo, a su manera autocrática en los últimos tiempos de intervenir, de influenciar, de la militarización del país que era visible antes de este golpe; a su manera machista de encarar la política –y de ahí emerge con todas las fuerzas de que es un sindicalista más que un aymara, o que es un sindicalista y no un aymara–; y eso se manifiesta con todas las fuerzas en su negativa a llamar –hasta donde entiendo la situación en Bolivia– a Choquehuanca, que era un candidato posible para una próxima elección e insiste en la reelección y ahí se fragiliza, fragiliza su credibilidad, y fragiliza también la gobernabilidad…”.

Es claro que de esas aseveraciones se desprenden varios enfoques, algunos más desconcertantes que otros. Confrontar la pertenencia aymara con el carácter o la condición de sindicalista es, por lo menos, curioso. ¿No habría espacio para un sindicalista aymara? ¿Ser aymara impediría acceder a representar a trabajadores en una fábrica o una oficina? ¿Qué rasgo antropológico de una mujer o varón originarios del pueblo aymara los escinde de la lucha sindical?

La no convocatoria a Choquehuanca para que lo suceda es una apreciación subjetiva, en tal caso una preferencia, un deseo de que ese dirigente pudiera acceder a la Presidencia de Bolivia e hiciera mejor las cosas que Evo, algo que nadie puede discutir. Sin embargo, conlleva una carga de subestimación cuyo blanco impacta en muchas y muchos dirigentes que acompañaron las sucesivas candidaturas de Evo, desconoce o soslaya que esas postulaciones fueron precedidas de innumerables asambleas y encuentros de pueblos y agrupaciones que finalmente decidieron por aclamación que Evo fuera, una vez más, quien representara a las grandes mayorías.

Y así se llega a la breve pero potente referencia a la perpetuación: “…insiste en la reelección y ahí se fragiliza, fragiliza su credibilidad, y fragiliza también la gobernabilidad…”.

Está claro que esa mirada no es patrimonio exclusivo de Segato, porque existe en algunos intelectuales la enorme tentación de “comprar” las categorías del modelo democrático norteamericano, en cuanto a la inconveniencia de una presunta perpetuación en el poder, imponiendo una autoexclusión de retorno al poder luego de dos mandatos consecutivos.

Esa enorme trampa esconde que los que no se perpetúan son los dirigentes, pero lo que permanece inalterable es el sistema de poder hegemónico, al cual no altera ninguna fuerza política, presidente o conformación del Congreso.

En América latina, los análisis sociopolíticos más generosos indican que para poder llevar adelante transformaciones estructurales en los sistemas de dominación establecidos por las oligarquías autóctonas, las burguesías industriales, o los factores de poder establecidos como una conjunción de ambas, a las que se deben sumar el sistema financiero y las corporaciones mediáticas, es necesario gobernar ininterrumpidamente durante unos 50 años. Y aquí es donde comienzan a observarse muecas de horror en los rostros de las almas bienpensantes de la intelectualidad progresista o liberal.

En Europa la tienen más clara. Si alguien está muchos años en el poder es porque lo siguen votando, y que se vayan con la cantinela de la perpetuación en el cargo y el abulonamiento en las poltronas del palacio a la península de Kamchatka.

Y si no, vale la pena acudir a los ejemplos de los alemanes Helmut Kohl, quien fue canciller de Alemania entre octubre de 1982 y octubre de ¡¡¡1998!!!, esto es 16 años ininterrumpidos en el ejercicio del poder, y de Ángela Merkel, quien ocupa ese mismo cargo desde 2005, hace 14 años, más tiempo que el que se le cuestiona a Evo Morales haber gobernado, y lo que explicaría su “desgaste”.

Margaret Thatcher fue primera ministra del Reino Unido desde 1979 a 1990, o sea que estuvo 11 años en el poder, tres más que Cristina Fernández de Kirchner y apenas dos menos que el “tirano” Evo.

Uno de los países “estrella” que enarbolan los librepensadores, Finlandia, tuvo a la socialdemócrata Tarja Kaarina Halonen en la Presidencia 12 años consecutivos sin sufrir “desgaste” alguno, desde 2000 a 2012.

Mary Patricia McAleese fue presidenta de Irlanda entre 1997 y 2011, y nadie salió a quemar las casas de sus ministros, y ningún general le pidió la renuncia por haber ganado tres elecciones seguidas.

En un intercambio en las redes, se hace referencia a que Segato hace sus planteos no sólo pensando en Evo sino en algo que sería una realidad común a todos los líderes de Latinoamérica” ¿Cuál es la realidad que Segato está planteando “para todos los líderes de Latinoamérica”? ¿Cuál es el verdadero alcance de lo que se define –como si fuera una mancha venenosa–, “la permanencia en el poder sin un recambio de candidato”?

Porque pareciera, según algunas opiniones, que esa perpetuación “termina, por un lado, en desgaste propio del ejercicio del poder y por el otro en el inevitable ataque con los medios que conocemos de la derecha, con la penetración cultural a la población que termina pegándose un tiro en los pies”.

¿Segato sería capaz de escribir un artículo con tales conceptos refiriéndose a Alemania, Gran Bretaña, Finlandia, Irlanda, o sólo le parece que el “desgaste” se produce en las antiguas colonias ibéricas y portuguesas?

Alguien menciona “ejemplos sobrados” de esa permanencia en el poder sin un recambio de candidato, y cita a “Ecuador, Brasil, Argentina y ahora entra Uruguay”, como si todos los procesos electorales, las permanencias en el ejercicio del gobierno, las políticas públicas y los cambios estructurales hubiesen sido similares. ¿Lo son? ¿Lo fueron? ¿Se puede analizar el texto de Segato con esas categorías?

Son interrogantes. Sólo eso. Es imprescindible una relectura profunda del texto de Rita. Lo merece el pueblo boliviano, antes que nadie.

Foto: Mujeres Indígenas | Facebook

Las esquirlas de una granada de fragmentación

La proclama de Segato fue levantada por todos los medios digitales y escritos. Era de prever, no se sabe si para la académica, pero sí para quienes se tomaron el trabajo de escuchar completo el audio o leer su transcripción en el blog La Vaca, por ejemplo.

Era obvio, también que los medios hegemónicos, negacionistas del golpe y la masacre producidos en Bolivia, iban a sesgar el pensamiento de la intelectual, practicando recortes quirúrgicos al mismo, potenciando la onda expansiva de una granada de fragmentación, que divide, que distrae, que pone señuelos allí donde no está el meollo de la tragedia boliviana, que se pesa en cantidad de muertos, que se huele en un aire saturado de pólvora, sangre y lágrimas.

¿Qué esperaba Segato? ¿Que Infobae no titulara “Rita Segato, durísima con Evo Morales: dijo que «no fue víctima de un golpe» y recordó su machismo y autoritarismo”? ¿Que La Nación no hiciera lo propio titulando la nota “Rita Segato dijo que Evo Morales «cayó por su propio peso» y no por un golpe de Estado y lo cuestionó por machista”? Pensó que el diario La Voz, del Grupo Clarín, sería más benévolo y no levantaría sus dichos bajo el título “Rita Segato: Evo no fue víctima de un golpe, sino víctima del descrédito general”?

Son apenas ejemplos de lo que los medios son capaces de hacer frente a una posición que pocos esperan que sea funcional a los intereses de los más poderosos, aquellos que no cubren la masacre en El Alto, en toda Cochabamba, en La Paz.

Es interesante la acometida de la periodista Sandra Russo, a quien nadie podrá acusar de antifeminista, pero que ha mostrado que antes de comerse una curva, al menos baja la velocidad.

En su cuenta de facebook, la columnista de Página 12 reflexionó así: “Qué pena Rita Segato. La respeto mucho y creo en su buena fe. Pero lo único urgente ahora no es «una oportunidad para pensar», sino salvar las vidas de mujeres y varones indígenas que están siendo masacrados. Cuando la cosa es de vida o muerte es binaria, sí. Claro que sí. Y yo veo un pueblo que pide por Evo y escucho a Evo que él declinaria su candidatura en nuevas elecciones. Y definitivamente, en Bolivia hubo un golpe de Estado cívico militar, y negar eso, provenga de quien provenga, es negacionismo (la propia Segato dice que Infobae la tergiversa. No leí lo que publicó Infobae, sino la transcripción del programa de Mujeres Creando. En su propio descargo lo publica Segato. «Evo cayó por su propio peso». Evo no cayó. Evo ganó las elecciones. Esa sola expresión dispensa a los golpistas aunque ella admite un golpe. Un golpe que parece producto de que «Evo cayó por su propio peso». Suficiente para mi”.

En otra de las réplicas al pronunciamiento de la antropóloga, el psicoanalista Jorge Alemán, luego de trazar algunas líneas alrededor de, por ejemplo, “el privilegio de situarse fuera del antagonismo para no ser «binarios»”, arremete con una frase que grafica el yerro en forma lapidaria: “En el momento en que el verdugo levanta el hacha, invitan a la víctima a «deconstruirse»”.

Foto: Mujeres Indígenas | Facebook

Un feminismo, dos feminismos, muchos feminismos

La mirada de Segato no podía –no quiso– eludir la cuestión de género, la perspectiva feminista, y en medio de la crítica al estilo de gobierno de Morales, a “su manera machista de encarar la política”, lanzó: “…porque nosotras sabemos cómo es el machismo de Evo, algo que aquí cuando lo cuento, lo explico, no me lo creen. Esa idea de que «me jubilaré ‘y cuando me retire lo haré con mi charango, con mi coca y con mi quinceañera», cuando lo digo, la gente me mira con sospecha”.

Tratándose de Evo, o tratándose de cualquier varón, esa frase, esa mirada, es condenable. Y nadie podrá sopesar ese rasgo machista mejor que una mujer, o muchas mujeres, como quienes integran el grupo “Mujeres indígenas”, que le respondió a Segato desde su cuenta de facebook mediante un emotivo texto titulado “Antes que feministas, mujeres poderosas del Arco Iris”.

El documento comienza con la presentación de ese colectivo: “Las warmis, zomo, mujeres del Sur, mujeres de los territorios ancestrales, entregamos nuestra palabra florida en apoyo al Presidente Evo Morales Ayma, quien por el voto popular sigue siendo presidente del Estado Plurinacional de Bolivia”.

Antes de entrarle a la cuestión del machismo de Morales, quisieron sentar posición frente al pronunciamiento de la referente: “Entendemos que Rita Segato tiene eco en el feminismo (¿blanco?) en el cual no nos reconocemos, por lo cual manifestamos nuestro profundo desacuerdo con la posición que Ud. ha tomado respecto de la restauración neoliberal golpista en Bolivia”.

Y para mostrar que no eluden la crítica al machismo, manifestaron con claridad meridiana: “Cuando dice: «Deberíamos comenzar a generar una retórica de valor a otra forma de valor que se distingue mucho a la gestión de los caciques». Suena muy bonito. Preguntamos: ¿Le ha pasado en el cuerpo esa gestión de los caciques? Nosotras hemos visto, hemos sentido el sabor amargo de esa secuela de la conquista. Nuestros hombres han tomado lo peor del machismo colonial. Hemos construido no sólo retóricas, sino resistencias, re-existencias a la dominación machista en las naciones preexistentes y en cada uno de los espacios que el despojo nos colocó. Pero ubicar a Evo como el símbolo del patriarcado es demasiado chabacano”.

A renglón seguido, reflexionan sobre los ofensivos dichos de Evo: “No celebramos los dichos sobre la quinceañera de Evo, porque hemos sentido en nuestros cuerpos todos lo que significa la cosificación de nuestros cuerpos. El cuerpo ancestral, el cuerpo mental, el cuerpo físico y el cuerpo emocional. Aún así, afirmamos que lo que pasó en Bolivia fue un golpe de Estado”.

En otro tramo del texto, la mujeres indígenas, que tienen nombre y apellido, que ofrecen sus celulares para que las contacten, para que nadie piense que alguien escribe por ellas, remarcaron: “Geolocalizadas en los sures, en las subalternidades, en las otredades que nos suponen inferiores, le decimos a Ud. que su voz duele. Sentiremos un gran vacío al no referenciarla más en nuestros sentipensares”.

Y más adelante, ponen en juego tal vez el corazón mismo del documento: “Lo peligroso de los discursos «no binarios», como lo plantea, es que terminan asimilando a dos posiciones contrarias como si fueran equivalentes. Para una mujer indígena que vive el machismo y la violencia en su vida cotidiana, no es lo mismo encontrarse con un servicio de salud laico y respetuoso de la salud ancestral, que encontrarse con médicos antiderechos, que sojuzgan. Eso fue la Bolivia Plurinacional. No tendríamos por qué explicar que la redistribución de la riqueza genera otro escenario para la lucha y la liberación de género. Eso no lo logró ningún movimiento indígena despolitizado ni neutral en Latinoamérica. Lo logró el neoconstitucionalismo que engendró Evo refundando el Estado Colonial a Estado Plurinacional”.

El saludo final de estas mujeres valientes, que eligieron un lenguaje tan dulce como descarnado para sentar postura y sacar nuevamente a la luz la tragedia que aqueja al pueblo boliviano, conmueve a mujeres, varones, niñas y niños, a cualquier ser humano con sensibilidad social.

Dicen las Mujeres Indígenas al saludar: “Antes que feministas, mujeres poderosas del arco iris, complementarias de nuestros hombres feministos que dan el buen combate”.

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3 Lectores

  1. Avatar

    Viviana Della Siega

    21/11/2019 en 13:29

    Impecable la posición de Horacio, y no sólo las mujeres bolivianas se expresaron, muchas feministas estamos indignadas con el planteo de Segato. Es injusto, parcial, no tiene en cuenta las cuestiones geopolíticas, económicas. Creo en el derecho a la crítica, pero cuando se está masacrando a un pueblo, huelgan las palabras y termina siendo funcional a la derecha recalcitrante que plasmó el golpe de estado. Cuántas veces hemos visto eso?!! Y debemos estar preparados porque mucho de eso nos espera los próximos años en Argentina, con los conservadores y golpistas de adentro y rodeados por gobiernos neoliberales y sujetos al poder imperial.

    Responder

    • Horacio Çaró

      Horacio Çaró

      21/11/2019 en 20:35

      Gracias, Viviana, me alegro que te haya parecido que el artículo es un aporte al necesario debate en torno de los límites que impone una masacre.
      Un fuerte abrazo.

      Responder

    • Avatar

      Ana Maria de Benito

      24/11/2019 en 10:18

      Pienso lo.mismo Y me resulta llamativo su evaluacion de VACIO DE PODER esa no es ina opinion.meramente intelectual Lo diria Mauricio Macri O J Moralrs Sola .Aplaudira Bolsonaro Presidente del.pais donde vive.Una cosa rs que opine sobre el.machismo de Evo Otra que falsee los hechos No se Quizas esten pesando cosas que no sabemos No endioso a nadie.Solo se que se nos va a ser nafa facil sostener a nuesyro proximo gobierno Y esto rs un regalo para las salvajes derechas sudamericanas No hay que disculparla con ningina sutileza academica Como.bien dice el comentario anterior es vida o muerte

      Responder

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