Después de El libro de cuentos de Corazón (Danke, 2014), seguido de la Novela histórica de Corazón (Danke, 2016), Agustín González (Rosario, 1983) presentó este año La película de Corazón, una nouvelle que completa la saga fantástica de la gata escritora que, ya consagrada por la publicación de libros anteriores, ahora protagoniza su propia película. El escenario sigue siendo la esquina de Corrientes y Urquiza, donde alguna vez hubo un teatro lírico, El Teatro Colón de Rosario (hoy un playón de estacionamiento) y un conservatorio de música (hoy, una carnicería), y donde entre 1969 y 1975 el arquitecto Abraham Grimblat erigió su ambiciosa obra, la torre Gricón.

En un departamento de ese edificio vive Corazón junto a sus amigas y compañeras de aventuras, las gatitas Melitón, Chaparrón y Fantasía. A diferencia de La novela de corazón, en esta nouvelle el argumento principal no está apoyado en la historiografía local, sino en los elementos fantásticos atribuidos a la arquitectura de una época. Pasadizos secretos, portales para viajar en el tiempo, el cadáver de un elefante enterrado en pleno centro  y un piano embrujado que llegó desde Londres en el transatlántico QUEEN ELIZABETH II. Incluso, debajo de los cimientos de la torre, yace un poderoso mineral con propiedades maravillosas, una fuente de cristales iridiscentes que quien entra en contacto directo con ellos, se vuelve medio tonto, como si estuviera drogado. Las que sacaron provecho del mineral maravilloso son las bioquímicas que ahora se dedican a elaborar productos de belleza contra el envejecimiento y los venden en el localcito de la planta baja.

Por si el lector o la lectora pasa de casualidad por Corrientes y Urquiza, podrá reparar en la recreación casi exacta de la esquina y sus alrededores. Desde la Escuela de Artes y Ciencias Orientales Pa-kua, La bicicletería de calle Urquiza y el restaurante Perú Profundo, cuyo dueño en un confuso episodio viajó al pasado y presenció la sepultura de Francisco de Godoy (¡en esa misma esquina!) por los indios calchaquíes, antiguos y primeros habitantes de Rosario, cuando todavía era Arroyo del Medio. En La Novela histórica de Corazón, González ya había desarrollado el mito de origen sobre la no fundación de Rosario al recordar que esta ciudad tiene de especial haber sido creada por el español en colaboración con el indio, y no en guerra contra ellos. 

Más ligera que la anterior, en esta nouvelle aparecen algunos gags tomados del cine de entretenimiento, con cortes de tomas entre capítulos y recreaciones un tanto gore, porque nadie que haya presenciado una cacería de palomas por una pandilla de gatitas juguetonas puede negar la pertenencia de la escena a ese subgénero del terror. 

 

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