Alicia Fernández, primera periodista deportiva de la ciudad, y su colega Julio Rodríguez presentaron Los De la Mata, libro que repasa las vidas de Vicente y Vicentito, primera dupla de padre e hijo futbolistas.

Uno brilló, entre los años 30 y 40, como delantero en Central Córdoba, es ídolo de Independiente de Avellaneda y ganó la Copa América con la Selección Argentina en tres oportunidades, siendo gran protagonista en la final de 1937 ante Brasil, en la que convirtió dos goles en el alargue. El otro, su hijo, también vistió la del Rojo, y luego pegó el gran salto cuando lo compraron desde México, donde jugó en el Necaxa primero, y luego en el Veracruz, antes de pasar al O’Higgins de Chile. Vicente Capote de la Mata y su hijo homónimo son parte de la historia futbolera de la ciudad, y así lo refleja la flamante publicación Los De la Mata. Pasión por el fútbol. Sus autores, periodistas e hinchas genuinos del club de Tablada, se agarraron de la excusa de que ambos jugadores fueron la primera pareja de padre e hijo futbolistas, y aprovecharon para contar sus historias de vida en el libro que salió a la cancha este viernes desde la sede social Charrúa. “Hay muy poca bibliografía deportiva de nuestra gente, de la ciudad. No hay casi historias de vida de futbolistas rosarinos, aquellos que llegaron a planos importantes”, reconoce Alicia, la primera periodista deportiva mujer y dueña de una anécdota imperdible con Lionel Messi, cuando éste aún defendía los colores rojinegros y, merced a sus habilidades con la pelota en los pies, se ganaba todos los premios. Como ahora, bah. 

Tute cabrero

Con el paredón que reza “Por Capote y por Gabino soy Charrúa y tomo vino” a sus espaldas, Alicia Fernández recibió a cronistas y fotógrafo de el eslabón, en la previa a la presentación oficial del libro. La periodista, de vasta trayectoria en los medios rosarinos, conoce como pocos cada rincón del Gabino Sosa, al que acude desde hace 60 años para ver a su querido Central Córdoba. Primero en compañía de su padre, luego de sus hijos, y ahora se le sumaron los nietos. Su gran herencia familiar, dice, es su amor por el Matador de Tablada. Y por eso, esta obra que “surgió cuando empecé a conversar con el hijo de Vicente Capote de la Mata”, le llena el alma. “Yo le preguntaba si había muchas parejas de padre e hijo que jugaran al fútbol. Y me dijo que eran muy pocos, y me nombró a los Verón, los Labruna y algunos más acá en el tiempo. Pero no eran muchos, y ahí le pregunté si ellos habían sido los primeros. Y me dijo que sí, que no había otros antes”, revela la también docente de Investigación Periodística III, que admite que todo arrancó por el nombre que hoy denomina al libro. “Lo primero que me surgió fue el título, pasó el tiempo y luego con ese título quería hacer un libro. Como periodista, generalmente hago primero la nota y después titulamos. Lo hice así en 50 años de periodismo, pero acá arranqué al revés, metiéndome en algo que nunca había hecho. Como después pensé en el lío que me había metido, busqué compartirlo con un colega que ya hubiera escrito una historia de vida”, cuenta. Y ahí aparece Julio Rodríguez, ex integrante de este periódico y autor de El Payador de la redonda, en el que repasa la vida de Gabino Sosa. “Lo conocía de Central Córdoba y le propuse acompañarme. A él le gusta mucho la estadística y sabía que le interesaba la historia de De la Mata”, señala Fernández, y remarca que después repartieron tareas: “Yo tomé la vida de Vicente de la Mata hijo, pero no como una historia tan estadística, sino más literaria. O sea que el lector se va a encontrar con dos miradas: una muy completa, un excelente trabajo estadístico literario de Julio, y lo mío que es más humanístico literario, y obviamente futbolístico”.

Esto no es para mujeres

La carrera de Alicia en el periodismo fue vertiginosa desde el primer minuto de juego. “Yo era alumna del Iset 18 de calle Moreno, que era la única escuela de periodismo, a mediados de los 60. Era periodismo general, porque todavía no existía el periodismo deportivo, y entre las visitas que los docentes suelen llevar al aula, fue Evaristo Monti, que era periodista deportivo en ese momento. Quedé encantada, me fascinó escucharlo hablar de fútbol, y me dije que quería ser eso”, cuenta emocionada Fernández en una sombrita del parque Hipólito Irigoyen, y continúa: “A la semana –cuando todavía estaba cursando el primer año– me fui solita al diario La Tribuna (que desapareció en los 80). Era una chica de 18 años pensando que como estudiaba periodismo y venía a la cancha, podía comentar fútbol. Pedí hablar con el jefe de deportes, Juan Pascual, y le planteé eso. Me miró y me dijo que esto no es para mujeres, que ahí trabajaban todos hombres, que ni siquiera había baños para mujeres y que la única era la cajera, que atendía publicidad. Así que me fui. Pero cuando iba bajando la escalera me llamó para ofrecerme cubrir un campeonato de tenis y de golf a nivel nacional e internacional. Me ofreció ir con un cronista de El Gráfico y del diario La Razón (Manuel Valdéz), para que yo mire cómo trabajaba y aprenda, y me dijo: «Le voy a dar una oportunidad, porque alguna vez las mujeres van a llegar a trabajar de esto»”.

Foto: Manuel Costa

Si esta fana charrúa pensó que el destino empezaba a sonreírle, lo que vino después fue definitivamente una carcajada. “Mientras yo copiaba todo lo que él hacía, se acercó otro periodista, que necesitaba a alguien para LT8 y LT3 en los programas de la corporación Aguiló. Como le respondió que en esos horarios no podía, me miró a mi y me preguntó si me animaba. «Sí, por qué no. Qué hay que hacer». Así que en menos de una semana me llevó a la radio, me presentó ante todos y ante Miguel Domingo Aguiló, que no me dijo nada de las mujeres, sólo me aclaró que eran todos hombres pero que me iba a acostumbrar. Y así arranqué”.

En esa época, Canal 5 transmitía el fútbol infantil y necesitaban una chica que pusiera orden, porque los chicos se peleaban. “Yo ya estaba en Cebollitas Radio y me acababa de recibir de docente, así que acepté. Los ordenaba, les entregaba los premios y les hacía alguna pregunta a los chicos. Así que aquí (señala el estadio Gabino Sosa), en estas canchitas, lo vi jugar a Messi, que tenía 7 años”, cuenta despertando la envidia de los cronistas. “Este nenito era el mejor siempre, entonces se ganaba todos los premios, la canasta de alimentos, la bicicleta, la camiseta, la pelota, todo se lo daban a él. A mi me daba mucha bronca, porque todos eran muy humildes, así que fui a hablar con el director, que era el empresario Carlos Dávola, el que después estuvo en Tiro Federal”, recuerda entre risas, y añade: “Le hice el planteo, le dije de repartir los premios y me dijo que hiciera lo que yo quisiera. Así que hablé con los auspiciantes y se hizo así”. Y sobre el multiganador del Balón de Oro, entre tantas otras distinciones, remata: “Mirá si Messi supiera… yo soy la responsable de que nunca más se llevó todos los premios”.

Mi papá es un ídolo

Volviendo al libro –cuya presentación fue declarada de Interés Cultural por la Cámara de Diputados de la Nación y de Interés Municipal por el Concejo Municipal de Rosario, y a la que por supuesto asistió De la Mata hijo–, Alicia señala: “En la parte de Julio hay historias muy lindas, sobre todo de los goles de Vicente padre, como el que le hizo a River y que fue el inicial de los que luego harían Maradona y Messi, sorteando a muchos jugadores. También del amor por Rosario, ya que Capote, cuando jugaba en Independiente, se bajaba acá del tren para estar en la ciudad y pasar cerca de la cancha de Central Córdoba. Y del amor por la casita de Colón 2470, que es donde nació, la casa de los De la Mata”.

Foto: Manuel Costa

En cuanto a Vicentito, Fernández destaca que debió cargar con la mochila del apellido (y del nombre también) durante muchos años. “Lo que la gente quería era que fuera como el padre. Entonces todos se enojaban cuando no le salían las cosas y le gritaban «llamalo a tu viejo». Era la pesada herencia: jugaba contra su nombre y contra el rival”, rememora la coautora, y concluye: “Pudo liberarse de todo eso cuando después de 10 años en Independiente lo compraron desde México, y en eso mucho tuvo que ver José Omar Pastoriza, que fue su amigo de la vida y del fútbol. Venían en el auto de él a Rosario y se encontraban en un boliche de avenida Pellegrini que se llamaba 901. Ahí iban todos los futbolistas de Newell’s y Central a tomar una copa, a bailar. Y ellos dos venían y se colaban. Incluso en el libro hay un capítulo entero dedicado a Pastoriza”.

Y antes de despedirse, esta mujer con la que da gusto charlar, suelta una última anécdota que por supuesto integra las páginas de Los De la Mata: “A Vicentito todos le proponían ser entrenador, seguir ligado al fútbol de alguna manera. Pero él no quiso eso, quería trabajar, porque tenía 34 años. Entonces se animó a ir a verlo a don Julio Grondona (por entonces presidente de Arsenal y de la comisión directiva de Independiente) para que lo recomiende en algún lugar que no sea el fútbol y éste lo recomendó en los puertos nacionales, donde trabajó toda la vida y se jubiló. Además, como era pintón, junto con otros jugadores, como Amadeo Carrizo, estuvo 10 años trabajando de modelo para Ante Garmaz, el de las corbatas”.

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