Si cerraba los ojos antes de viajar y me pensaba caminando por Santiago del Estero, las imágenes que aparecían en mi cabeza tenían más que ver con un desierto que con una ciudad capital (sí, un papelón). Veía algunas pocas casas bajas y una Marcha del Orgullo santiagueña chiquita, que desfilaba por una calle principal que no llegaba a ser avenida, apenas calle asfaltada. Los y las santiagueñas mantenían puertas y ventanas cerradas, como rechazando la movilización. También me imaginaba caminando al Foro Feminista Popular y Latinoamericano con el pañuelo verde y atravesando situaciones similares a las que viví en el Encuentro de La Plata: señoras mirándome de reojo y diciendo “ya llegaron”, pero en realidad diciendo “ya llegaron las feministas destructoras de paredes y familias”. 

Escribo esta nota con cientos de kilómetros encima y muchos prejuicios menos, que no son otra cosa que los prejuicios de las de por acá, tan cerca de la Capital, con los y las de más allá, que es el resto de la Patria. Afortunadamente, puedo volver a cerrar los ojos y recordarme feliz, movilizada y muerta de calor en una esquina de Santiago mirando una movilización de miles de trans, adolescentes, familias, mujeres, campesinas y campesinos, atravesando una gran avenida para ir a otra gran avenida santiagueña. La ciudad observa, mueve las caderas, aplaude, saca fotos, filma, se moviliza con sus hijos e hijas. No veo policías y tomo nota de eso. Tampoco siento hostilidad. También tomo nota de eso. En unas horas, ya no voy a estar escribiendo. Voy a estar fascinada mirando cómo la Marcha del Orgullo termina en un festival meta chacareras, y veo rondas de putos, lesbianas, gordas, varones y mujeres trans, zapateando y zarandeando al compas del orgullo. Estamos cansadas. Venimos de dos días de debate intenso, pero una sensación de bienestar le gana al sueño. Nada más lindo que saber que una vez más se me escapó la tortuga y el país profundo –como le dice la referente trans Luisa Paz– apareció como una oportunidad para marcarme la cancha y el rumbo. 

Santiago del Estero fue sede el viernes 15 y sábado 16 de noviembre del Foro Feminista Popular y Latinoamericano, un evento impulsado por la Asociación de Travestis Transexuales y Transgéneros de Argentina (Atta) y Diversidad Valiente Santiagueña (DiVas), y que reunió para su realización a más de 35 organizaciones sociales, campesinas y políticas de la región. El cierre del Foro fue el sábado, con la 12ª Marcha del Orgullo y el 8º Festival del Orgullo de Santiago del Estero. En total, más de 2 mil personas se movilizaron a la ciudad del sol y las chacareras. La mayoría, miembros de organizaciones sociales y campesinas del país que durante un día y medio presenciaron unas 17 mesas de debate que se realizaron en simultáneo. Entre las organizaciones estuvo la Federación Asociativa de Diarios y Comunicadores Cooperativos de la República Argentina (Fadiccra), de la que la Cooperativa La Masa –que produce este semanario– forma parte. 

“Por prepotencia de deseo”, dijo alguna voz anónima desde el micrófono. “Lo hicimos por prepotencia de deseo”, festejó. “Son tantas personas, que el corazón late fuerte”, dijo más tarde Gabriela Yauza, santiagueña, docente, comunicadora y organizadora del Foro. Las descripciones encajaron justo con las sensaciones que más de una debió haber tenido al encontrarse con el imponente escenario que ofrecía el Nodo Tecnológico, lugar donde se realizaron las jornadas. Y es que el lugar, un galpón enorme, climatizado, reluciente, ofrecía feria de la economía popular, un forito de juegos para niños y niñas, y un escenario principal donde se llevaban adelante parte de las charlas. En el patio y en un auditorio se reunieron los demás debates. Las mesas propuestas incluían desde territorios, hasta política, pasando por transfeminismos, disidencia, espiritualidad, sindicalismo, arte y comunicación. 

Más allá de las mesas, los debates siguieron un eje transversal: la coyuntura latinoamericana. No hubo disertante que no repudie el golpe de estado en Bolivia (y este feminismo, el popular, no cuestionó si es o no un golpe) y que no manifestara su preocupación y solidaridad con los pueblos latinoamericanos en lucha: Bolivia, Chile, Brasil. En ese sentido, aparecieron como principal preocupación los avances en la política de las iglesias evangélicas y católica, y el crecimiento de los discursos y crímenes de odio. También el interrogante y el desafío de cuál es el rol de Argentina, tras derrotar a Cambiemos en las urnas, en este contexto. Todas y todos coincidieron: la reconstrucción del desastre macrista tiene un camino y es que al neoliberalismo no volvemos nunca más. 

Del país profundo al mundo

“Estamos felices por haber concretado este anhelo colectivo. Nos juntamos 35 organizaciones políticas y sociales, cosa que ya no es fácil, y logramos unificar el deseo”, explicó Luisa Paz, una mujer trans de 56 años, trabajadora del Inadi, presidenta de ATTA a nivel nacional, esposa y futura madre. Del Foro sale algo en limpio también: Paz fue la mentora de todo y es una de las máximas referentes de la lucha feminista popular en Santiago del Estero. “El balance que hago es muy positivo, más que el esperado. Quedó en evidencia que no sólo somos quienes conformamos este foro las que venimos con el ímpetu y mejores ondas a organizar este evento, sino también las personas, las agrupaciones, que se hacen sumado desde otras provincias. Notamos que están con las mismas ganas de no sentarse a esperar que pase el tiempo”. 

Paz explicó que las pilas para armar el Foro fueron creciendo entre los resultados de las elecciones primarias, el Encuentro en la Plata y las elecciones generales después. Cada evento fue cansador y recargó energías a la vez. “Lo que vemos es que esas energías se contagiaron a todas y todos los asistentes. Hay una ola de alegría, de ganas de crear, de debatir para construir”. Y sumó: “Con solo pensar lo que está pasando a nuestros hermanos vecinos –por Bolivia–, entendemos que con más razón hay que generar estas cosas, para que quienes están en contra de nuestros derechos, que quienes están en la vereda de enfrente de nuestro modelo de país, no avancen como han hecho en Bolivia. Ya nos ha pasado, entonces trabajemos para que no nos vuelva a suceder. Ya que tenemos el empuje, hagamos estas cosas, construyamos desde este lugar. Nuestro aporte es generar espacios para encontrar soluciones y es a la sociedad, al Estado, al gobierno, a nuestra comunidad, a nuestros vecinos, a Santiago, al país”. 

El Foro Feminista tuvo una particularidad que Julieta Paz, referenta de DiVas, señaló desde el escenario en la charla inicial y es que fueron las organizaciones de diversidad las que impulsaron el encuentro, como forma de poner en práctica lo que se viene enunciando: que el feminismo es con las trans adentro. A lo largo de los dos días de actividad, además, quedó claro que no sólo es con las trans: es con las campesinas, las putas, las sindicalistas, las cartoneras, los varones trans, les no binaries. “Una de las cuestiones por las que armamos este foro fue para desmitificar esto de que el feminismo sólo es aborto. Aquí hay mucha gente que seguramente no está a favor de la legalización del aborto, pero sí entiende que hay otras necesidades a las que hay que tratar de buscar solución desde el feminismo”, sumó Luisa Paz. 

Además, hizo hincapié en el territorio. No es lo mismo allá que acá (ya quedó claro para esta cronista). “Yo siento que no tenemos que demostrarle nada a Santiago del Estero, porque acá ya tenemos un camino de militancia recorrido. Pero sí es para el centralismo porteño, que piensan que todo se cocina allá, que todo se arma allá. Es importante que vean que en el país profundo también se pueden construir cosas hermosas como esta. El Foro podría ser un llamado de atención. No tienen que venir a peinar la pluma, tienen que venir a escucharnos”.

Transformar el dolor en lucha

Mientras se llevó adelante el Foro Feminista Popular y Latinoamericano, a pocos kilómetros de Santiago del Estero se estaba velando a Gisela Corvalán, el último transfemicidio que se contó en lo que va de este año. Gisela era una mujer trans de 47 años que el miércoles 13 falleció en el Hospital Ramón Carrillo de Santiago del Estero engrosando la vergonzosa lista de travesticidios y transfemicidios del país. El 19 de agosto de este año, Gisela estaba en su casa de Los Miranda –una localidad santiagueña que no llega a los 100 habitantes– cuando tres personas entraron a su casa y le quisieron robar. Se llevaron una mochila y la apuñalaron 9 veces en el abdomen. La mujer trans, que trabajaba cuidando enfermos y personas mayores, pasó 12 horas esperando que la atiendan. Luego estuvo tres meses internada en el Hospital Regional de la capital provincial, donde murió a pocos días de comenzar el encuentro. 

La dura noticia no pasó desapercibida ni en el Foro ni en la Marcha del Orgullo. Resonó el nombre de Gisela, resonó el pedido de Justicia y se propuso incluso que si hay nuevas ediciones del encuentro éstas lleven su nombre. Lo cierto es que sea donde sea, las trans y travestis saben cómo transformar el dolor y la lucha en más energía y alegría. Después del debate vino la Marcha, el montaje, glitter, banderas y el megáfono; después le tocó al arte y la chacarera más inclusiva jamás vista. En Santiago quedan dos sensaciones. La primera, que el Foro llegó para quedarse. La segunda es la que le pone la piel de gallina a Luisa Paz: que la ciudad y sus organizaciones están preparadas para recibir en 2021 al Encuentro Plurinacional de Mujeres, lesbianas, travestis, trans, bisexuales y no binaries.

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