En el libro de poemas de Alicia Salinas Teoría de la niebla (Baltasara Editora), la palabra poética rompe los silencios impuestos y rasga los mandatos sociales con una música precisa y sutil. Lo personal-íntimo se vierte en lo social-político.

El ritmo, la musicalidad, el desarrollo de un estilo, y la creación de una palabra poética surgen de decisiones en las que se fusionan lo personal, lo íntimo y lo político. Teoría de la niebla (Baltasara Editora) ofrece, con su música particular, distintas formas de decir, de hablar, de romper el silencio. Es un texto terso, suave en sus cadencias, pero a la vez vivificado por las tensiones que contiene y lo estructuran.

Decir, en ciertas circunstancias, es un gesto “agónico”, en el sentido que Miguel de Unamuno (autor de la novela Niebla) le daba al término: una lucha permanente, continua y sin cuartel.

Teoría de la niebla es un tratado sobre las distintas inflexiones de la voz. Aristóteles diferenciaba la phonè (el sonido animal, inarticulado) del logos (sonido articulado propio de lo humano). Y basaba la politicidad de todo ser humano en la posibilidad de poseer el logos, que implica diferenciar el bien del mal, y tomar una posición ética sobre las cosas del mundo,

La poesía de Alicia Salinas recurre a todos los sonidos. La autora puebla sus textos de todas las músicas y las palabras posibles que el mundo ofrece. Desde la voz de las cosas (ruidos, rumores, vibraciones, tañidos y fru-frú, entre otras), hasta las voces de los seres y todas sus inflexiones y tonos (la vocecita, el canto, el grito, el susurro, el murmullo, el griterío, el musitar).

El silencio es una presencia basal y ambivalente en este universo poético. Por un lado, es la condición de posibilidad de voces y sonidos. Por otro lado, significa lo no dicho, lo oculto, los reprimido, lo prohibido, el velo que hay que rasgar. Y aquí nos encontramos con una de los muchos juegos metafóricos que se suscitan alrededor de la imagen de la niebla.

La contratapa escrita por Celia Fontán logra una síntesis precisa: la teoría es una zona de conflictos, es un lugar de incertidumbre. La palabra poética descifra lo oscuro, lo velado, lo subterráneo. Alicia Salinas desarrolla una genealogía de la mujer como estirpe de silencios, señala la lectura profunda y sutil de Fontán, que instala la obra en un lugar de cruce entre lo público y lo privado, la historia personal y la lucha colectiva de las mujeres.

La palabra poética dice, rompe el silencio, rasga el velo opaco de la niebla. Y lo hace, además, con la opacidad propia de la poesía, que dice y oculta, rompe el misterio con otro misterio. Desoculta, expone y, a la vez, habilita nuevos arcanos, nuevas preguntas. Esa tensión es como una filigrana que otorga agonismo unamuniano, y profundidad, a la música que suena en los poemas.

La elección de un espacio privado, doméstico, cotidiano (la interioridad como metáfora de la subjetividad) remite a la vez al afuera, la sociedad, al ágora (lugar de lo político). Lo exterior se interioriza. Desde un principio queda claro que la niebla no es meramente un fenómeno exterior.

En el primer poema Casa vacía nos encontramos con sonidos inarticulados y voces. El ruido de los objetos, entre comisuras y hendijas (lo humano y lo inanimado): la tos del vecino es “el viento del lenguaje”.

En el segundo poema Arte poética se hace referencia a “palabras inentendibles”. El sonido articulado, humano por excelencia (la palabra) no siempre comunica. También oculta y encripta. Teoría de la niebla, como todo libro de poesía que, fiel a la poiesis, busca una lengua poética propia, una lengua otra para decir, es también una reflexión sutil sobre la naturaleza del lenguaje.

“La palabra que revela y el silencio parlante”, señala en el poema Monólogos de la sangre fría.

En el poema Culpa se reflexiona sobre la relación entre lo individual, lo colectivo y el hacer. Lleva un epígrafe de Circe Maia: “¿De qué manera ataco con palabras cosas tan delicadas?”. La relación entre palabras y cosas, y el “ataque”, abren un espacio semántico de infinitas reverberaciones.

Variaciones de un tono está acompañado por palabras de Diana Bellesi: “La niebla demora el nacimiento de la luz”. El velo que oculta es parte de un proceso, de una transformación. Y esta idea se refuerza en el epígrafe de Irene Gruss, hacia el final del libro: “Lo que importa ahora es disipar la niebla”.

Un llamado a la acción, y a la interrogación reflexiva, organiza el universo poético de la obra. El poema Quid es una teoría sobre la indagación, y el lugar de la pregunta, como etapas previas a la praxis: “Seguir haciendo preguntas al agua/ del lenguaje. Zambullirme”.

El libro se cierra con El rostro de Ko, un canto a la liberación y el espíritu libre. Aquí se cierra la idea de acción, de transformación, como Revolución, en base a un hexagrama del I King que refiere, entre otras cosas, a la dinámica me modifica cierto statu quo.

El yo poético que construye Teoría de la niebla es una subjetividad en lucha. No se conforma. No se entrega a las censuras impuestas ni a una mera observación de lo individual. La mirada poética parte de un yo y de una serie de experiencias íntimas, pero que se derraman en lo colectivo, en la historia, en una genealogía de batallas contra los muros, las mordazas y las represiones. Y es además un llamado a la acción, a la praxis, a lanzarse al mundo. La interioridad se exterioriza.

Alicia Salinas nació en Rosario en 1976. Trabaja como comunicadora social, periodista y docente. Escribe poesía y teatro. Ha publicado tres libros de poesía: La sumergida (2003, con una segunda edición virtual en 2016), Gallina Ciega (2009) y Tierra (2017).

Teoría de la niebla se presentó el 10 de octubre en el Centro Cultural Roberto Fontanarrosa de Rosario. Acompañaron a la autora Concepción Bertone, Liliana Ruiz y Pablo Bilsky.

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