Mujeres, originarias, afros, lesbianas, bisexuales, travestis, trans y no binaries parecen no sentir los 33 grados que azotan la ciudad rosarina. Es lunes y la plaza San Martín está inusualmente copada. Ellas saltan, bailan, cantan, tocan  bombos y crean ahí una especie de santuario del amor que les permite compartir una lucha que aspira a conformar una América Latina feminista y antirracista. La lluvia no pudo pararlas. La que prometía ser una multitudinaria movilización por el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer el 25 de noviembre se trasladó –por razones climáticas– al lunes 2 de diciembre y es todo lo que se esperaba: brillosa, convocante y sobre todo, muy política. Una vez más, la marea feminista copa las calles con reclamos, reivindicaciones y motivos tan diversos como los cuerpos que allí se manifiestan.

La colorimetría que llena la Plaza San Martín hace notar a todas y a todos que esta vez la marcha se trata de ellas. Los pañuelos verdes son llevados en distintas partes: colgando en la mochila, atados al cuello, sobre el rodete, en las muñecas, rodeando sombreros y como remeras. El glitter, por su parte, hace lo suyo y aumenta el brillo sobre los rostros, ya sea con dibujos del símbolo femenino, sobre los párpados o como labial. A la paleta del movimiento feminista (verde y violeta) se le suman esta vez los siete colores que conforman la bandera de la Wiphala que es trasladada por algunas de las que ocupan el espacio en solidaridad con las hermanas bolivianas que están siendo torturadas, violadas y asesinadas por el Golpe de Estado.

También se modifica el cancionero básico, con pedidos por el cese de violencia en los países vecinos de Chile y Bolivia. Además de “aborto legal en el hospital” y “ya vas a ver, las pibas que vos mataste van a volver”,  las voces de las mujeres gritan hasta el cansancio “abajo el golpe de estado en Bolivia” y “fuera Piñera”, demostrando que el feminismo se ha organizado y articulado a lo largo y a lo ancho de toda América Latina.

Foto: Dante Basso

La movilización comienza a las 18, embarcando desde Córdoba y Dorrego hasta el Monumento a la Bandera, recorriendo en el camino toda la calle San Luis.  El trayecto es acompañado por La Cámpora, Barrios de Pie, La Corriente Mujeres, Descamisados, Movimiento Evita, Movimiento Social y Popular, La Poderosa, Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito, Mala Junta, Partido Obrero, Ciudad Futura, Frente Social y Popular, entre otros.

El pedido por la eliminación de la violencia contra las mujeres recoge todos los reclamos que enmarcan a los distintos tipos de violencias (física,psicológica, económica, sexual, institucional, simbólica y laboral) por lo que los reclamos incluyen una larga lista: contra la política de ajuste; los tarifazos; la reforma laboral; el gatillo fácil; la feminización de la pobreza; el terrorífico número de femicidios (286 femicidios y 76 travesticidios en lo que va del 2019); el miserable presupuesto de 11.36 pesos por mujer para combatir la violencia machista sumado a otros recortes presupuestario en políticas públicas feministas; la flexibilización del trabajo y los despidos.

Por su parte, entre las exigencias a la élite política se encuentran la declaración de la Emergencia Nacional en Violencia de Género; Aborto Legal, Seguro y Gratuito; cumplimiento de la ley de Educación Sexual Integral; justicia por femicidios; separación Iglesia y Estado; políticas públicas no heteronormadas, no biologicistas y no binarias; información y métodos de salud sexual apropiados para las lesbianas; producción pública de medicamento para el VIH;  cupo laboral travesti-trans en todo el país; reconocimiento de los derechos laborales de las trabajadores sexuales; ley de paridad en la provincia; implementación de la ley de salud mental, entre otras.

Foto: Dante Basso
Foto: Dante Basso

El feminismo, sin embargo, exige mucho más que los reclamos que verbaliza. Se caracteriza como un movimiento que ha venido a irrumpir la política tradicional y a poner en la mesa cartas y reglas de juego nuevas de las cuales la política actual ya no puede desentenderse. A pesar de su heterogeneidad ha sabido unificarse en todo el continente latinoamericano, posicionándose tanto en el mundo académico, el de los partidos políticos, el gubernamental, el de los movimientos sociales y el de los medios de comunicación.  Como consecuencia, ya no puede existir una praxis política que ignore los requerimientos que las mujeres y las identidades feminizadas hacen saber que faltan.

Tras una hora de caminata, la movilización arriba al Monumento Nacional a la Bandera ocupando cada uno de los escalones. Mientras esperan a la llegada de todos, todas y todes, algunas artistas abren su voz en el micrófono entonando canciones que aluden a la fecha. Las multitudes llegan y se acoplan rápidamente a un ruidoso aplauso que recuerda a las víctimas de femicidio:  Nadia Benitez, Maria de los Angeles Paris, Silvia Suppo, Tamara Merlo y Maria del Rosario Vera, son algunas de las nombradas.

Foto: Dante Basso
Foto: Dante Basso
Foto: Dante Basso

Para las 20, luego de la lectura de la proclama, las presentes desanudan sus pañuelos de donde se encontraban para colocárselos en sus cabezas, a modo de bandana. Después de una cuenta regresiva de diez segundos, comienzan a cantar y a coreografiar “Un violador en tu camino”, el grito que comenzó en Chile con una manifestación frente a los Tribunales de Santiago para denunciar la violencia de género desplegada por los carabineros.

El fin del encuentro es movilizante: la bandera de la Wiphala flamea al lado de la Bandera Argentina, gracias a los esfuerzos de la concejala Norma López, mientras el Monumento retumba ante el grito de “Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía. El violador eras tú. El violador eres tú”, replicando la escena chilena. Esas mujeres que se aman sin preguntarse por qué, como escribe la poeta Susana Thénon, salen nuevamente a la calle para transformar dolores, disputar poderes y sentidos y además demostrar que la “marea feminista” está lista para empapar a todos con su ola de glitter, pancartas, pañuelos, reclamos e indignaciones; y sobre todo con la esperanza de ser ellas, las que en algún –no tan lejano– momento, sean empapadas de derechos.

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