Fueron cuatro duros y larguísimos años, pero resistimos. Como la amplia mayoría del pueblo argentino tuvimos que soportar los golpes del gobierno de Mauricio Macri y su modelo neoliberal. Y acá estamos, a pesar de las devaluaciones, los tarifazos en los servicios, la disparada de precios, la caída de la capacidad de compra de lectores y anunciantes, la quita de pauta publicitaria, la desarticulación de programas estatales para las cooperativas y una política de medios al servicio de las grandes corporaciones de la comunicación. Un dato para dimensionar de qué hablamos: el principal insumo de El Eslabón, el papel –producido por una sociedad monopólica de Clarín y La Nación–, aumentó desde octubre de 2015 a agosto de 2018 un 467 por ciento.

Como saben, nuestro semanario y nuestro diario digital son producidos por la cooperativa La Masa, un colectivo de trabajadores y trabajadoras que creamos nuestra propia empresa, sin patrones, desde la cual además de brindar servicios de comunicación a quienes lo demanden hemos puesto nuestros medios a disposición de las necesidades de los sectores populares. Así lo definimos hace veinte años cuando lanzamos El Eslabón a los kioscos de diarios y revistas, y hace diez cuando largamos al ciberespacio redaccionrosario.com.

El periodismo que elegimos hacer no es neutral, no esconde su posición, no se disfraza de independiente. Se para del lado de los intereses del pueblo y la nación, de la clase trabajadora –a la que pertenecemos quienes producimos estas páginas–, de la defensa de los derechos humanos, de los pueblos originarios, del movimiento de mujeres y las disidencias, de la Patria Grande. Puteamos, lloramos de impotencia o alegría, nos abrazamos y brindamos largo y tendido ante cada conquista popular. Llevamos broncas y denuncias a tapa ante cada retroceso colectivo, frente a cada entrega de soberanía y patrimonio nacional.

Como enseñaron Mariano Moreno y Rodolfo Walsh, entre tantas y tantos, concebimos la información como un derecho y asumimos nuestros proyectos periodísticos como parte de una batalla más grande: de disputa por el sentido, por el relato de lo real, la “construcción” de la realidad, por la verdad. 

Por eso, aún cuando perdimos colores y páginas y apretamos caracteres, y tuvimos que laburar más en las “líneas de servicios” de la cooperativa –que fueron las que nos permitieron bancar nuestros medios–, no dejamos de salir ni un sábado, ni de contar todos los días lo que pasó estos cuatro años de macrismo. Eso sí: trabajamos más y cobramos menos. ¿Les suena? 

Mientras cagatintas oficialistas, operadores mediáticos, trolls e instituciones que nuclean a los grandes medios como Adepa (Asociación de Entidades Periodísticas Argentina), la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa) y otras yerbas, se escandalizan porque el presidente electo Alberto Fernández critica a los periodistas que mienten con descaro, y aseguran que el macrismo se caracterizó por “una amplia libertad de prensa”, los medios cooperativos, regionales, populares y comunitarios, o aquellos «más grandes» que osaron tener una línea editorial crítica con Cambiemos sufrieron persecución, extorsiones, aprietes, ahogamiento financiero, allanamientos, decomiso de equipos y cierres. Algunos lograron resistir a los abandonos patronales y se convirtieron a la autogestión, como Tiempo Argentino, Infonews o el local El Ciudadano.

Según los datos que manejan diversos sindicatos de prensa del país, alrededor de 4500 periodistas perdieron su fuente de trabajo durante el macrismo. Además, los empresarios de medios que se negaron a pasarse a las filas del oficialismo fueron directamente encarcelados. Periodistas opositores de enormes audiencias fueron obligados a renunciar, como Horacio Verbitsky en Página/12, Victor Hugo Morales en Radio Continental o Roberto Navarro en C5N.

Los medios comunitarios y cooperativos fueron explícitamente excluidos de la pauta oficial y vieron desmantelarse las políticas públicas de fomento a la pluralidad de voces que había signado al último tramo de la gestión de Cristina Fernández de Kirchner al calor de la Ley de Medios, que por otra parte fue desintegrada para servirle en bandeja el mercado a las grandes corporaciones, que alcanzaron niveles de concentración inéditos. El ejemplo local, en el que un sólo grupo se alzó con los tres grandes multimedios de la provincia –La Capital (papel, on line, LT8 y otros) el Televisión Litoral (Canal 3, LT2, FM Vida, Rosario3.com), más el santafesino diario El Litoral (socio de Clarín)– es una buena muestra.

El Eslabón y Redacción Rosario no fueron ajenos a esos embates. Al contrario, recibieron todos los impactos. Uno de los más fuertes: en diciembre de 2015 la tonelada que vende Papel Prensa –la firma con controlan Clarín y La Nación, ya sin ninguna regulación por parte del Estado– para que se pueda imprimir este semanario costaba 7.813,00 pesos, mientras que último dato de ese precio, a fines de 2019 indica que llegó a 44.371,00 pesos. Según estimaron las fuentes consultadas por este medio –empresarios imprenteros que sufren la libertad de empresa de Héctor Magnetto y Bartolomé Mitre– la suba de octubre de 2015 a diciembre de 2019 supera el 500 por ciento. 

La indefensión ante la que están los medios gráficos de todo el país frente al monopolio de Clarín y La Nación fue definida con claridad por Julio Delgado, el presidente de la Federación Asociativa de Diarios y Comunicadores Cooperativos de la República Argentina (Fadiccra). “La industria gráfica argentina está dolarizada”, remarcó el además titular de Copegraf, editora del diario El Independiente de La Rioja.

Espalda con espalda, junto a las más de 30 cooperativas de prensa de Fadiccra, La Masa hizo de tripas corazón estos cuatro interminables años. Y al igual que movimientos sociales, sindicatos y la diversidad de sectores que resistieron al neoliberalismo, sobrevivió para contarla. Desde El Eslabón y Redacción Rosario se hicieron todos los esfuerzos y aportes al debate colectivo para que el desastre de Cambiemos no se extienda otro período, para llamar a la unidad de quienes sufrieron sus políticas, para amplificar todas las luchas. ¿Cómo no vamos a festejar la despedida de Mauricio?

Ahora, con mucha esperanza, y conscientes de la complejidad de la hora, nos preparamos para lo que viene. Contamos con ustedes queridos lectores y queridas lectoras. Cuenten con nosotros. Y brindemos, que Macri se fue.

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