El 6 de junio de 2015 los Aguas Tónicas presentaron –el que hasta hoy es– su último disco en un Distrito Siete repleto. Una vez terminado el show, Diego Bosch, de Lima Sur, intentó poner música. Digo “intentó” porque una horda de fanátiques de la cumbia lo conminó a retirarse y dejar paso al ritmo tropical. Ahí percibí por primera vez la tesitura del fenómeno de la cumbia hipster en el D7 y otros espacios satélites, un pequeño furor que duró hasta que la macrisis hizo su paso arrasador y dejó las telas de las camisas hawaianas rasgadas. Es probable que la nota registrando la microescena publicada en La Capital en septiembre de 2017 haya sido el golpe de gracia. Todo lo que toca ese diario queda maldito.

En fin, una vez cumplida la parte de resentimiento social de esta reseña, vamos a lo importante. Un emergente del contexto que se describe en el párrafo hater anterior son las Chiquita Machado. Ya liberadas de tener que responder a las expectativas del género tropical editaron en julio pasado Té Verde, su segundo disco. El consejo para escucharlo es ponerse auriculares de calidad (sí, auriculares para un disco de cumbia, si quieren bailar vayan a verlas en vivo) para sentir desde el primer momento el trabajo de grabación y mezcla de Ezequiel Fructuoso, uno de los tantos laburantes que están subiendo el nivel del sonido en la ciudad. Lo segundo que llama la atención son las guitarras de Julia Capoduro, aportando para llevar la cosa para el lado de la psicodelia tropical peruana o algo así. Digo “algo así” porque hacer name dropping de géneros acá es una tontería. Hay de todo y está tan bien construido y ejecutado que cada tanto te pone la piel de gallina. Presentación, el único instrumental del disco, es un ejemplo precioso de esto: hay que ponerse los audífonos y tratar de identificar yeites, riffs y boludeces varias de por lo menos nueve ritmos musicales diferentes. Prueben. Podría quedarme escuchando en loop 24 horas de esas variaciones.

La otra pieza del disco de la que voy a hablar merecería un artículo aparte. Como bien lo identificó el periodista Lucas Canalda en la nota del sitio Rapto que cubre exhaustivamente el lanzamiento de Té verde, Noche Clara debería ser “un éxito interestelar”. En cualquier lugar del mundo que no sea Rosario esto es un hit: por cómo está estructurada la progresión musical (¡los vientos! ¡el bajo! ¡la percusión! ¡el solo de guitarra y los teclados!), por esa pausa perfecta de la voz en el puente (entre “Y si no vas a volveeeer” y “solo queda desprendeeer”, cuando quedan la base rítmica sonando sola), por la letra inspiradísima y por ese estribillo monumental (“Y en la noche clara/ vestida de estrellas/ yo te canto cumbia, hasta que amanezca”). En mi lista de cosas a hacer en 2020 está escuchar en vivo esta canción.

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