Rafael Correa se refirió al avance de las derechas en la Patria Grande y el cambio que significa el gobierno de Alberto y Cristina en favor de la integración. “Las democracias son débiles en toda América Latina. Los medios mienten, y si en lugar de información tenés manipulación te roban la democracia”, señaló.

Tras  asistir a la asunción de Alberto Fernández, el ex presidente de Ecuador, Rafael Correa, ofreció una clase magistral en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires en la que se mostró esperanzado con la nueva gestión. “Nuestros gobiernos no pueden abandonar al pueblo”, señaló el ex mandatario de Ecuador, que analizó lo que significa el cambio de gobierno en la Argentina para la región que en los últimos años experimentó un giro a la derecha de la mano de gobiernos títeres de EEUU.

“La victoria de Alberto y Cristina no sólo es una reivindicación para Argentina. Nos da esperanza a toda América Latina”, dijo Correa. 

“El apoyo popular es clave. Es lo que hace fuerte a nuestros gobiernos. Pero el pueblo tiene que tener paciencia. A Alberto le dejan un país devastado. Remontar eso va a llevar mucho trabajo. Pero no tengo dudas de que lo va a hacer. Nuestros gobiernos pueden cometer errores, lo que no pueden es equivocarse de lado y abandonar al pueblo. Dejamos de ser izquierda si nos pasamos para el otro lado”, señaló el ex mandatario con relación a los desafíos que deberá enfrentar el nuevo gobierno.

Según informó Página 12, ante la pregunta de si podría replicar la estrategia de Cristina Fernández para volver al poder, Correa aclaró en tono risueño que había tenido esa idea mucho antes, pero detalló su situación particular, caracterizada por la persecución a través de una Justicia al servicio de la derecha. 

“Yo hoy no puedo presentarme para la presidencia porque hicieron un referéndum al que sólo le faltó ponerle mi nombre y apellido. En 2018 Lenín Moreno sacó un referéndum para que no se permitieran las reelecciones en el país. Hicieron toda una campaña de desinformación, y ganaron. Para colmo lo hicieron retroactivo, porque no empezó a regir de allí en adelante sino que llevaron su aplicación a los presidentes desde 2008”, afirmó Correa, al tiempo que hizo referencia a la influencia de los medios hegemónicos al servicio de los poderes fácticos. 

“Las democracias son débiles en toda América Latina. Los medios mienten, y si en lugar de información tenés manipulación te roban la democracia. Sí, nosotros tenemos muchas autocríticas para hacer de nuestros gobiernos. Pero sin la complicidad de los medios, la derecha no hubiera avanzado como lo hizo”, consideró quien fuera presidente de Ecuador entre 2007 y 2017, encabezando una Revolución Ciudadana (RC) que obtuvo notables avances sociales.

Además de la manipulación mediática, el ex mandatario se refirió asimismo a la otra gran estrategia utilizada por la derecha: la persecución judicial, más conocida como lawfare o guerra judicial, con la invención de falsas causas por corrupción como forma de proscribir dirigentes no neoliberales.

En este sentido, Correa sufrió en carne propia esta situación. Y luego de las jornadas de protesta que vivió Ecuador se intensificó: varios miembros de RC fueron detenidos o se encuentran asilados en embajadas. 

Correa señaló que, más que un problema judicial, es una cuestión política: “Nosotros sufrimos la persecución desde el mismo momento que dejamos el gobierno. Es una cuestión política y se va a resolver como aquí, con un cambio de gobierno», afirmó el ex mandatario. 

“El lawfare es la nueva manera que tiene el poder concentrado para atacar nuestras democracias”, agregó Correa.

Correa tiene varias causas judiciales abiertas, algunas con pedido de prisión preventiva, por eso no puede volver a su país “Si vuelvo a Ecuador, me van a meter preso. Yo no tengo problema con eso, pero que primero me dejen anotar como candidato. Hoy podría hacerlo, pero no tengo dudas de que van a buscar la manera para impedírmelo. Ecuador está fuera del estado de derecho”, denunció.

Un cambio de época

Uno de esos gobiernos que siguieron a pie juntilla los dictados del imperio fue el del ex presidente de la Argentina, Mauricio Macri. Su política exterior se caracterizó por una sumisión total a los designios de EEUU. 

Junto al presidente de Colombia, Iván Duque; de Chile, Sebastián Piñera; de Ecuador, Lenin Moreno, y de Paraguay, Mario Abdo Benítez, el mandatario argentino integró un bloque regional que atacó en forma sistemática los organismos y agrupaciones multilaterales que llevaron adelante un proyecto de integración regional. 

Chile, Ecuador y Colombia están en llamas. Los pueblos salieron a la calle para decir basta a las políticas de ajuste neoliberales y la violencia institucional. Y las respuestas de los gobiernos, más allá de las diferencias en cada caso, fueron cínicas y criminales. 

Se documentaron graves violaciones a los derechos humanos en Chile y Colombia. Y Bolivia se encuentra en manos de una dictadura cívico-militar que continúa persiguiendo a funcionarios y partidarios del Movimiento al Socialismo (MAS), la agrupación de Evo Morales, en medio de una verdadera caza de brujas propia del terrorismo de Estado.  

También en todos los casos, sin excepción, los mandatarios de la derecha regional echaron la culpa al gran cuco de la región: Venezuela. No es el hambre ni la crisis social lo que empujó la gente a la calle, dijeron, sino agitadores venezolanos.

Si bien EEUU nunca abandonó la región, y participó, más o menos activamente, según los casos, de los golpes de Estado en Honduras (2009), Paraguay (2012) y Brasil (2016), con la asunción de Trump en enero de 2017 se inauguró una nueva etapa, con un grado de injerencia mayor, más desembozada.  

Una de las tareas de los gobiernos títere fue destruir todos y cada uno de los organismos multilaterales que bregaron por una relación distinta, con más independencia, con relación a EEUU.

El eje del mal, trazado por EEUU (Venezuela, Cuba, Nicaragua y Bolivia), es la primera prioridad del Imperio y los gobiernos de derecha. La idea es, en términos de EEUU, “el cambio de régimen”, esto es la destitución de los gobiernos elegidos por la voluntad popular. Para lograrlo se utilizan bloqueos, sanciones, demonización a través de los medios hegemónicos, y acciones violentas de distinta intensidad, sin descartar el golpe de Estado, como ocurrió en Bolivia.

La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP) están en la mira del Imperio y el bloque de derecha. La idea es destruirlos, eliminarlos o, al menos, debilitarlos o convertirlos en otra cosa.

En este sentido, el Mercado Común del Sur (Mercosur) fue criticado con dureza, reformulado y convertido de acuerdo al dogma neoliberal y pro-imperialista que sostienen los gobiernos de Argentina, Brasil y Paraguay.

Además, se crearon nuevas agrupaciones al servicio de los objetivos de la derecha. En reemplazo de Unasur, Piñera y Duque impulsaron en 2019 el Foro para el Progreso de América del Sur​ (Prosur). ​“Un mecanismo de coordinación suramericana de políticas públicas, en defensa de la democracia, la independencia de poderes, la economía de mercados, la agenda social, con sostenibilidad y con debida aplicación”, señaló el presidente de Colombia.​ 

El ataque y desmantelamiento de Unasur fue uno de los principales objetivos del bloque de derecha. En abril de 2018, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú decidieron suspender su participación en el organismo por tiempo indefinido debido “a la falta de resultados concretos que garanticen el funcionamiento adecuado de la organización”. Y luego varios países anunciaron su salida definitiva. Colombia en agosto de 2018, ​ Ecuador en marzo de 2019, y Argentina, Brasil, Chile y Paraguay en abril del mismo año.

EEUU salió a proclamar la doctrina Monroe en forma frontal. América Latina tiene que ser el patio trasero del Imperio. Y para eso se necesita, además de la violencia imperial, agentes locales que actúen como cipayos.

En marzo de 2019, el por entonces asesor de Seguridad Nacional de EEUU, John Bolton, lo expresó con claridad: “En esta administración no tenemos miedo de usar la expresión doctrina Monroe. Venezuela es un país de nuestro hemisferio y ese ha sido el objetivo de todos los presidentes de EEUU desde Ronald Reagan, tener un hemisferio completamente democrático”.

Tras la salida de Macri, Alberto Fernández ya dejó claro que se abre una nueva era, una nueva relación con EEUU y una mirada distinta hacia la región.

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