Ramón Kamono, la voz cantante de Carmina Burana cuenta que para la olla como profesor en una escuela técnica. Trabajó mucho tiempo en fábricas, siempre ligado a ese mundo industrial. Creció dentro de una fábrica, su padre tenía un taller detrás de su casa donde “hacía laburitos”. Dice que “para no enloquecer” empezó a explayarse dentro del mundo del arte. Al cumplirse 25 años del comienzo de una banda emblemática de la escena musical under, el músico hace un repaso histórico, mientras se prepara para despedir el año junto a Las Manos de Filippi este sábado 21 de diciembre, a las 22, en la Asociación Japonesa (Iriondo 1035). 

Si bien antes hacía algunas cosas artísticas, Kamono cuenta que comenzó a escribir a sus 20 años cuando le “explotó la calavera” y luego, junto a otros chicos como Mauricio Stabile Pachuli arrancaron a tocar. Así pudo complementar “esa parte necesaria de involucrarte dentro de lo que es el mecanismo sistemático con otras cosas que todavía le dan libertad a una parte íntima” del ser. Trató de aprender a tocar la guitarra pero como quería pasar directamente a tocar fue “un pésimo estudiante”.

Empezaron a juntarse en Firmat, con Hernán Mana Manavella y otro chico en un garagecito y  ahí formaron Los Galgos de la Comarca, después, en Chabás, había unos chicos que se llamaban Las Ratas, donde estaba Pachu. Las Ratas invitó a Kamono a cantar y resultó que empezaron a juntarse en Chabás. “Era un galponcito que para que no vayamos más lo demolieron”. Ahí tomaron el nombre de ópera, Carmina Burana y empezaron a tocar. Su primer recital fue en Venado Tuerto.

“El nombre de Carmina surgió de Pachu, era un tipo de una gran cultura musical. Ya siendo pibitos el loco escuchaba ópera y esas cosas, y Carmina Burana estaba relacionado a una parte media oscura de la ópera y a algunos círculos de jerarcas nazis donde esa ópera de Karl Orff era tocada”, recuerda Kamono. Y con una anécdota ilustra el desconocimiento que la cultura popular de las 90 tenía/tiene respecto de la ópera Carmina: “Estuvo muy bueno una vez que vino la ópera a Rosario a un teatro en la época del Galpón Okupa (entre los años 97/98) y había una cola de gente. Un montón de monos diciendo: «¡Hoy toca Carminaaa, déjennos entrar!», gritaban en la puerta”. Cuando Pachuli propuso el nombre, ni Kamono ni Mana (los dos integrantes que quedaron de aquella época) tenían la más remota idea de lo que era.

 

A Kamono siempre le pareció “que cualquiera podía cantar y expresarse”. “Pero en el entorno que compartía con Mana y Pachu tenías que ser muy virtuoso de tu instrumento para animarte a subir a un escenario”. Así que desde ese pensamiento de que cualquiera puede hacer lo que le satisface comenzaron a tocar. “Medio que todo nos chupaba un huevo”, ilustra. De todos modos cuenta que fueron aprendiendo algunas cosas técnicas, de sonido, de la relación con ese mundo.

En un momento, cuando Pachuli se fue a vivir a Europa, no sabían si volvería, o cuándo, así que lo reemplazaron con un bajista electrónico, con un pendrive donde estaban los bajos grabados. Tocaban en vivo con eso y cuando el bajistas decidió quedarse allá Roberto Diz tomó el instrumento.

Después Ariel El Poyla Poeylaut (tecladista) dejó de tocar la trompeta. “Le empezó a picar el insecto de las cuestiones electrónicas y a meter algunas pistas”. Cerca del 2005 comenzaron a meter la electrónica. En el tercer LP, Odas para la danza del átomo (2007) incluyeron el tema Bad Face Horse donde ya aparecen algunas cuestiones electrónicas de la mano de Poyla, con algunas pistas con pibitos hablando incluso.

Billie Gómez (actual batero), el Mana (guitarrista) y El Poyla (otrora trompetista y actual tecladista), se especializaron un poco más en base a sus intereses. Y a partir de conocer estudios, ver laburar a otra gente, etcétera. “De esa manera ese germen nervioso y salvaje de un principio fue tomando una forma un poco más fiel a lo que (se) pensaba dentro de la cabeza”.

La banda ya editó siete discos (seis de estudio y uno en vivo). Casi todas las canciones del último disco fueron compuestas por Kamono y El Poyla. Muchas de ellas nacieron “desde la burrada de agarrar una guitarra o por ahí de tener la grabación de la voz sola” pero otras son creaciones grupales que salen de los ensayos.

Un 60 por ciento de Carmina vive en Rosario, que los tuvo como protagonistas de su under musical. Pero Kamono, Poyla y Ramiro Simian Giménez (acordeonista) volvieron al campo, al pueblo. Llegaron a tocar en México y recibieron varias invitaciones a tocar en Europa, pero al ser muchos cuesta coordinar los tiempos de todos y conseguir el dinero para iniciar una gira. El cantante cuenta que para salir “además de los que tocan se necesita un sonidista y otro que ayude en la producción así que ya tienen que ser diez personas”. 

Carmina toca en lugares donde saben que la gente va. Venado Tuerto, Firmat, Rosario, Santa Fe y a Buenos Aires van por lo menos dos veces al año al Salón Pueyrredón. En ese recorrido se genera un contacto con otra gente para hacer otras cosas, para combinar y coordinar cosas en conjunto. “Hemos conocido muchas bandas, muchas de las cuales también eran bandas que nos influenciaron a nosotros como músicos”, observa Kamono.

La banda siempre mantuvimos el mismo espíritu de narración y descarga de situaciones que tienen que ver con “una situación íntima del individuo que está habitando el país”, “no un país en concreto”, dice Kamono, y prosigue: “Una situación interna donde vos ves los apocalipsis y resurgires, los ves adentro tuyo”.

Las letras de las canciones tienen cuestiones oscuras, parten de situaciones íntimas de Kamono. Hay partes que tienen que ver con su misma vida, y partes que tienen que ver con cuestiones que hacen mella en el cantante. Situaciones que involucran a los mismos pibes de la banda o situaciones que se ven a diario. “Tratamos de despegarnos un poco de la falsedad de cada uno de los medios de comunicación, que están hechos para venderte lo que ellos quieren” dice el cantante, y continúa explicando: “Para despegarte tenés que mirar dentro tuyo y cuando ves adentro tuyo ves el cisma y el pozo en el que uno está”. El sábado en la Asociación Japonesa nuevamente va a estar Carmina Burana, “exorcizando muchas cuestiones a través de la música” junto a Las Manos de Filippi. La gente se encontrará con la fiesta prometida y “un rato de darle permiso a su mente para que se manifieste de otra manera”.

Carmina Burana está compuesta por Kamono (Voz), Hernán Manavella (Guitarra), Ariel  Poeylaut (Teclado y coros), Billie Gómez (Batería), Ramiro Giménez (Acordeón y coros), Roberto Diz (Bajo), Adrián Fontana (Trombón y coros) y Franco Santángelo (Trompeta y coros).

 

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