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Tradiciones cambiadas, nombres prohibidos, apropiación de territorios y exclusión, no pueden borrar la memoria ancestral y la identidad originaria escondida detrás de arbolitos y Papás Noel.

“Durante años, iglesias y escuelas han impulsado el culto católico y las ceremonias con sus ritos, como el navideño y el de Reyes Magos. Pero sucede que de este lado del planeta había ya otras cosmovisiones ancestrales muy diferentes a las occidentales y cristianas”, advierte Lucas Palacios, licenciado en Ciencias Políticas de la UNR y profesor coordinador del Taller de Lengua y Cultura Guaraní Rosario. Los contrastes entre las culturas europeas y las originarias ninguneadas y reprimidas, la europeización de la mirada sobre los ciclos naturales en contra de la misma naturaleza.

Entre las justificaciones para fomentar la discriminación, exclusión y hasta represión de la comunidad guaraní, el tema de la evangelización influyó en la imposición de una cultura diferente y colonizadora, alterando y borrando las genuinas creencias de los pueblos. Pero ese sentir que está encarnado en el cuerpo y en la sangre, no es fácil de transformar y mutar por otro extraño a la identidad de su tierra y ancianos.

También advierte Palacios que la colonización no pudo con la resignificación de la cultura impuesta. “Se da como una guaranización”, dice, que no acepta las imposiciones y les da sentidos más cercanos a ellos que lo que deseaban los conquistadores.

Mientras tanto, desde la comunidad mapuche Lof en Resistencia de Cushamen (Chubut), Alejandro Jones Huala, advierte: “Los mapuches que aún resistimos desde la memoria y la lucha, acompañamos a nuestros familiares que aún toman en cuenta fechas como Navidad. Pero, desde el trabajo de descolonización que trabajamos, los mapuches retomamos el sentido histórico y el reconocimiento del verdadero sentido de nuestra cosmovisión”.

Alejandro cuenta: “Cuando éramos chicos estábamos más contaminados con los festejos navideños, pero ahora los más jóvenes tienen más oportunidades para retomar nuestro pasado, por los avances, por la concientización de nuestro pueblo. Estamos tratando de dejar esas fiestas capitalistas, a las que antes nos plegábamos”.

“Ahora, parte de mi familia viaja a Bariloche por cuestiones personales o de la comunidad, de lo contrario estaríamos trabajando en el campo, trabajando como siempre. Así que compartiremos alguna carne, pero por juntarnos, no por las fiestas exclusivamente”, afirma.

Era en invierno

Al producirse la llegada del solsticio de invierno, mucho pueblos originarios festejan. Se trata del inicio de un nuevo ciclo de vida, con el frío purificador. Es un momento celebrado por el pueblo mapuche, kolla y aymara, entre otras comunidades andinas. Celebran el Inti Raymi (del quechua “Fiesta del Sol”). El frío purifica y la tierra descansa mientras se prepara para las próximas cosechas. En las ceremonias se renueva el compromiso con la naturaleza para preservar el equilibrio.

También los antiguos europeos recibían el inicio del invierno, como el nuevo ciclo de vida. Al llegar y expandirse, el cristianismo quiso unir a esas tradiciones ancestrales para captarlas. Con la conquista y la colonización se impuso el Año Nuevo en diciembre, aún sin respetar los ciclos de la naturaleza en algunas regiones. Además, transfirió algunas tradiciones y hasta la costumbre de realizar algunas comidas para deglutir en invierno, que en nuestra región, por sus altas calorías, son impropias a nuestras temperaturas en diciembre.

Entre los guaraníes, la europeización de la cultura y de las identidades regionales, en gran parte fue la desplegada por la potente ocupación territorial y espiritual de los misioneros jesuitas. Pero, tras una supuesta aceptación de esas costumbres, la huella resiste.

Lucas dice que de chico, en su casa de Empedrado, no se hablaba guaraní. Pero al venir a estudiar a Rosario le picó el tomar clases de guaraní en la facultad de Humanidades. Luego formó un taller como espacio de encuentro, “donde la lengua guaraní se siente en el cuerpo y a través de él y en las historias personales que trae cada uno”.

Comenzaron en el Centro Cultural La Toma, luego pasaron por la Casa Paraguaya y más tarde al espacio cultural La Otra Casa, de Urquiza 837.

Sobre las celebraciones en diciembre, comenta que en la cultura guaraní, en esta época se prepara la “imposición del nombre”, un ceremonia con características del conocido bautismo católico, pero con otra lógica y espiritualidad.

Los nombres de los guaraníes tienen que ver con la naturaleza, la tierra, las aguas y montañas. Y se toma como algo más que el nombre, con la persona e identidad.

Sobre las diferentes épocas de celebraciones relacionadas al nuevo ciclo de la vida, Lucas cuenta que los guaraníes lo festejan al florecer el lapacho, señal del inicio de la primavera. Se bendice a las personas, también al monte, a los animales, las plantaciones y a la salud.

El hombre y la cruz

Los franciscanos, quienes fueron los primeros misioneros que arribaron a esta región, aprendieron con premura las lenguas locales. Por 1580, las autoridades españolas recurrieron a ellos para convertir y tutelar a los guaraníes y fortalecer el dominio español.

La cruz fue una de las principales herramientas para aplastar las culturas y cosmovisiones ancestrales, instando a la mansedumbre y la obediencia. En eso, la Navidad tenía un gran peso con su relato.

En 1613, escritos jesuitas registraban en la zona de Loreto: “Hoy celebramos la navidad por primera vez y con asistencia enorme de gente, todos contemplan asombrados el pesebre”.

Para los guaraníes el nombre era esencia de su alma, como persona, sujeto comunitario y parte de la naturaleza. Pero los europeos se dedicaron a cambiarlos y bautizarlos con nombres relacionados a santos y vírgenes. No les permitían nombres originarios y se los cambiaban, nada de palabras propias relacionadas con su tierra y su naturaleza.

Según relataba el Cacique Mbarete Albino Flores, “el cambio de sus nombres por  los nombres blancos y la evangelización, confundió tanto a los guaraníes que muchos perdieron su esencia y buscaron ser blancos de mente; pero al enfrentar el racismo y la marginación, imitaron a sus etnocidas, buscando en la caña (alcohol) un alivio a sus frustraciones de no ser ni blancos ni guaraníes”.

Al reivindicar la identidad cultural y espiritual de un pueblo, su cosmovisión, también se busca recuperar la memoria de los sabios abuelos, sus nombres inspirados en la naturaleza y sueños a diferencia de los nombres occidentales desprovistos de referencia a la naturaleza: el genocidio cultural.

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