Yo no sé, no. Con Pedro nos acordábamos de un pibe que cuando a la pelota de goma (la pulpo) la tenía en sus pies, te la mostraba y al toque te la hacía invisible. Llegamos a la conclusión de que Taro –así lo apodaban– hacía eso en el mismo lugar donde años atrás había estado un cirquito, y la influencia del mago quedó ahí. Taro era al único que le llegaba la magia. Capaz que lo creía porque no iba a jugar a otras canchas.

En el barrio, a medida que iba creciendo, las nuevas casitas que se construían quedaban como influenciadas con el pastizal que había hasta hacía poco allí. Así, donde hubo trébol, luego reaparecía en algún patio. Como en el de doña Dominga. Atrás de su casilla crecían como algo mágico los de cuatro hojas. Tener eso para nosotros iba más allá de la suerte, era creer que algo mágico nos sucedería.

Una noche de enero, estando en barrio Plata –tendríamos como once años–, en un bailecito en casa de una piba de la escuela refrescó de golpe. Uno de nosotros al ver que una de las pibas sentía frío le prestó la campera de lona (jeans) y la piba pareció cubrirse de magia. Desde esa noche aunque no creíamos en la llegada de los Reyes Magos, con Pedro pedíamos como regalo, entre otras cosas, una campera de jeans (lona).

Por aquellos años a Central vino a dirigirlo don Ángel, con toda su magia, y para los del parque llegó un tal Mono Oberti que al tiempito lo apodaban Mago. Volviendo a la campera, una vez que se pudo derrotar al saco y corbata como uniforme, Pedro iba al Superior, como muchos otros, con la de lona hasta los primeros días de diciembre. Él, que a esa altura era de no creer, casi agnóstico, se sentía más seguro con la campera, como si tuviera algo de magia.

El tiempo pasó, con muchas derrotas colectivas. Y muchos recordábamos la magia acompañante de nuestra infancia y nuestra juventud. Y cuando nos fue algo mejor, supimos que “no fue magia”, como dijo Cristina. Pero sabés qué –me dice Pedro–, en esta etapa en que en casi todos los barrios de la Gran Patria hay que remarla y remarla, yo no descartaría algo de la magia como aliada. Y quien sabe, en una de esas, cuando empecemos a cambiar la realidad para mejor nos acompañan mariposas multicolores. Bienvenidas. Me lo dice mirando a unos pibitos jugando con una pelota de plástico. Mirá, una de esas le piden a los tres magos, una de cuero. Ojalá esto arranque también con algo de magia, que aquí no sobra nadie ni nada.

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