Mantené los 2 metros de distanciamiento - Provincia de Santa Fe

 

Es sencillo aparentar neutralidad para oscurecer la verdad. El mecanismo periodístico es básico: se coloca en igualdad de condiciones un disparate y se lo coteja con una aproximación fundada. La mitología de “las dos campanas”, tan extendida en los medios y asumida entre los estudiantes de periodismo, pero también repetida por un público golpeado, es el gran engaño que suplanta la investigación a fondo con sus fuentes confiables, sus documentos genuinos, sus entrevistas directas.

La serie sobre Nisman presentada por Netflix sugiere equidistancia. Allí se puede escuchar la confusión inducida de Jaime Stiusso, las aseveraciones despojadas de sustento del propio Alberto Nisman, los dislates de abogados de AMIA y periodistas sin conocimiento a fondo de la causa, junto a las precisiones de la entonces fiscal Viviana Fein, un apenas de Raúl Kollman, datos técnicos ofrecidos por Criminalística y el planteo de Cristina Fernández de Kirchner. El resultado es el deseado: los televidentes tienen “todos los elementos” para preguntarse quién dice la verdad.

El problema es que la verdad ya fue abordada por investigadores no consultados en la obra, empezando por nuestros compañeros Juan Salinas y Juan Gabriel Labaké. Cotejar las palabras de Stiuso con las de Fein es como decir “vamos a debatir sobre la dictadura” y poner en el mismo plano los testimonios de Ramón Camps y Juan Carlos Dante Gullo. Esa falsa equidistancia, esa recurrencia a “las dos campanas” genera una distorsión de hecho al equiparar las informaciones genuinas de quienes investigaron hasta donde pudieron con las generadas artificialmente por aquellos que cobraron para ocultar el atentado a la AMIA y, como derivado, el suicido de Nisman.

En la serie no hay neutralidad alguna, aunque lo parezca debido a su cuidada elaboración. Por un lado debido a las ausencias mencionadas, por otro debido a la comparación en pie de igualdad; pero fundamentalmente por adoptar como verdades dos elementos centrales para el desarrollo de una causa intencionalmente equívoca: la existencia de un coche bomba y la participación de iraníes en el ataque. Al aceptar estas dos bases falsas la película, que pretende ser un documental de tono periodístico, ingresa en un recorrido donde todo gira sobre hechos fantasiosos, inducidos por los profesionales contratados por poderes externos a tal efecto.

El coche bomba, que es incluido con imágenes difusas de otro automotor, con un vehículo de juguete en la reconstrucción filmada y con motores desmembrados procedentes de otros autos, queda fijo en la mente del espectador no avisado, quien es orientado a interrogarse quién consiguió la combi blanca, quién la condujo, quién era el suicida. El problema es que los investigadores mencionados, asentados en los testimonios reales de los testigos directos de los sucesos, demostraron que no hubo tal camioneta y por lo tanto, no hubo chofer precavido o suicida.

Pero a partir de allí los servicios de inteligencia, entre los que se contaba Stiuso, salieron a buscar al conductor del vehículo. Necesitaban decir que era iraní. Encontraron alguien que jamás había estado en el lugar de los acontecimientos, y dijeron acá está el nexo con Irán. Para su satisfacción, como era un conductor suicida, no estaba. La tenue duda deslizada al respecto en pantalla no damnifica la operación. Toda la investigación del juez Galeano y el fiscal Nisman, basada en la información recogida por esos hombres de inteligencia, se desarrolló con la premisa de la existencia de un coche bomba y de un conductor suicida conectado con Irán. Esa es la versión que comanda el lineamiento de la serie; es a partir de allí que la obra finge ecuanimidad y se abre a distintas voces. Pero su pilar esencial es falso.

A continuación, nos parece valioso re difundir una de las ediciones especiales de La Hora de los Pueblos dedicada al tema. Se grabó en febrero de 2016 y es de las pocas que sobrevivieron a la censura en Youtube. Pues hubo otras antes, y después. La podemos mostrar completa, con el orgullo de no modificar una sóla línea por entonces planteada.

(*) Director de La Señal Medios

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