Desde El túnel del Centenario –de reciente publicación– Walter Vargas tira paredes con Fontanarrosa y Maradona, entre otros. Este ultradefensor de la palabra escrita celebra el nombramiento de Sasturain en la Biblioteca Nacional.

Walter Vargas es dueño de una larga trayectoria dentro del periodismo deportivo, en el que el boxeo y el fútbol –sobre todo este último– fueron y son su especialidad. En sus más de cuatro décadas de profesión, su pluma estuvo al servicio de Télam y Olé, entre otros medios escritos, y su voz supo acompañar en transmisiones futboleras a la del notable relator Víctor Hugo Morales y su equipo de Competencia, en radio Continental. De todo ese camino recorrido surgió El túnel del Centenario, un libro que reúne semblanzas, perfiles y anecdotarios de personajes de la talla de Diego Armando Maradona, Roberto Fontanarrosa, Ricardo Bochini, Carlos Monzón, Juan Manuel Fangio, Omar Pastoriza, VHM, y varios más.

De arco a arco

De todas maneras, en diálogo con el eslabón, este cronista platense, Pincharrata y actual comentarista en ESPN, ubica el nacimiento de su reciente obra en la vieja relación que lo une con “los amigos de Ediciones Al Arco, que es la primera editorial deportiva de la Argentina”. Bajo ese sello, ya había sido parte del plantel de escritores del libro de cuentos de fútbol De Puntín, hasta que luego se lanzó solo con Del diario íntimo de un chico rubio, prologado nada menos que por el Negro Fontanarrosa. “En 2019 quería hacer algo con los chicos de la editorial, les propuse la idea de escribir semblanzas, perfiles y anecdotarios de mi trayectoria profesional, que en abril de 2020 va a llegar a los 42 años. Y les gustó la idea, así que me senté a escribir”, dice el autor de ensayos como Periodistas Depordivos, Fútbol Delivery, Cambios de frente y Equipos cortos, entre otros.

“Nadie tiene la obligación de leer un libro mío, pero para interesar o estimular a que lo lean, les digo a los menores de 40 que hay semblanzas, perfiles o miradas recortadas de algunos personajes de otros tiempos que no han dejado de ser célebres. Y a los que tienen más de 40, tal vez le resulta más familiar y atractivo cuál es la mirada del periodista sobre esos personajes”, adelanta Vargas, quien se dio el gusto de tener un mano a mano con el Diego en 1979, en la vieja cancha de Quilmes, una historia que integra las páginas de su flamante publicación, y que así es retratada en un fragmento del prólogo, a cargo del también periodista y escritor Ariel Scher: «Cerca y emocionado reluce Walter cuando Maradona empieza a egresar de ser pibe y él, el mismísimo Walter, es otro que marcha al egreso de ser pibe, y conversan con las simplezas de dos pibes que van apoyando los pies en el umbral de la adultez, uno ya enterado de que será un crack del fútbol, el otro sin intuir que será un crack del periodismo».

Historias negras

“Fontanarrosa es (¡mirá vos, me cuesta decir «fue»!) absolutamente maravilloso”, dice Walter, con un furcio –y no tan furcio– en el medio, porque el creador de Boogie El Aceitoso e Inodoro Pereyra tendrá vigencia casi de por vida. Y como no podía ser de otra manera, el humorista y escritor rosarino también juega entre las páginas de El túnel del centenario. “Yo empiezo un texto diciendo que rara vez el talento y la humildad van de la mano, pero en el caso del Negro reúne las dos: un tipo de un enorme talento y de una humildad abrumadora, al que yo admiraba secreta y no tan secretamente”, admite este cronista que tuvo el privilegio de coincidir en tiempo y espacio con su ídolo en una cobertura de la Selección Argentina, en Uruguay: “En unas Eliminatorias para el Mundial de Francia estuvimos juntos en un hotel de Montevideo, él como enviado de Clarín y yo de Olé, que es la misma empresa. A la mañana siguiente del partido, yo estaba en el desayunador y veo una sombra que se me para enfrente y era el Negro que me dice: «Walter, no te molestaría que me siente a desayunar con vos». Me pareció algo extraordinario y fantasmagórico que un tipo como Fontanarrosa, al que admiraba tanto, me dijera eso. Le dije que al contrario de molestarme, era un honor”.

Tras destacar el gesto del habitué del bar El Cairo de prologar uno de sus primeros libros, Vargas no ahorra elogios para su persona: “Era un ser maravilloso, que amaba a Rosario Central sin dejar de respetar de una manera soberana a Newell’s. En su cuento 19 de diciembre de 1971, que es un himno para los hinchas de Central, dice que aquel Newell’s jugaba fenómeno. Y no lo hacía para quedar bien, él era así. Amén de que amaba la amistad, el tipo amaba el fútbol, y eso contemplaba amar a todas las camisetas, aunque a una amaba más que a las otras”.

Escribo, luego existo

Walter Vargas considera que para él, la escritura “es tan natural o indispensable como respirar o comer”, y al recordar los orígenes de su vocación, se niega a separar sus virtudes a la hora de redactar una obra literaria y una periodística. “Aprendí a leer a los 5 años con una revista de fútbol que se llamaba Goles. La pasión me viene desde muy chico, y siempre creí que cuando fuera grande iba a narrar sucesos del deporte, por eso no podría desligar al periodista del escritor”, explica el actual comentarista de la pantalla de ESPN, que sigue rememorando sus primeros pasos con el lápiz y el papel: “Cuando tenía 10 u 11 años ya escribía, con letra imprenta, mala y algunas faltas de ortografía, crónicas de fútbol, de boxeo. Pero también escribía poemas y cosas que se parecían a un relato”.

La cosa cambió en abril de 1978 cuando dejó atrás la ciudad de las diagonales para probar suerte en un medio gráfico dedicado al deporte de los guantes, en la ciudad de Buenos Aires. “En términos profesionales, hay un antes y un después desde ese momento en que viajo a pedir trabajo a una revista de boxeo que se llamaba Cuadrilátero, y cuyo corresponsal era un prócer del periodismo deportivo de Rosario, como Néstor Giuria, quien era uno de los periodistas más importantes del país. Arranqué ahí, como un cadete polifuncional”. Y si bien aclara que la escritura “fue algo que cultivé toda la vida”, sostiene que el año 1988, cuando salió a la luz su primer libro de poemas, lo marcó para siempre. “A partir de ahí escribí otros que no me convencieron y estuve muchos años sin publicar, hasta el 97, que fue cuando nos convocaron al equipo de Víctor Hugo, en Competencia, a escribir un libro entre varios”. Así se refiere a Jugados. Crítica a la patria deportista, cuyas páginas compilaron textos del propio relator y periodista uruguayo, Guillermo Salatino, Hugo Lencina, Alejandro Apo, Fabiana Segovia, Diego Chavo Fucks, Reinaldo Martínez. “Yo ahí escribí un ensayo que se llamaba Fútbol, opinión y merodeo, pero en forma regular volví a escribir muchos años después, en 2004, cuando salió Editorial Al Arco. Ahí parece que me autoricé, había hecho unos cursos porque creía que mi escritura estaba estancada, y desde entonces publiqué unos cuantos libros sobre fútbol y otros cuatro de poemas, más algunos inéditos que andan por ahí”, subraya.

Walter invade la tierra

La pasión futbolera-boxística que corre por las venas de Vargas tiene sus orígenes en potreros y en improvisados rings. Pero “ni la valentía ni las condiciones” jugaron a su favor arriba del cuadrilátero, y por eso optó por otra opción: “Jugué al fútbol desde los 5 años y hasta los 20 en los potreros del barrio. Y después, hasta los 45 aproximadamente, jugué en campeonatos de periodistas”. Con los cortos puestos se define como “un delantero forzado, de buen remate y de bastante buen olfato. No tan técnico, debo admitirlo, pero tampoco pasaba papelones”. Y asegura que en los torneos entre colegas no tuvo mala relación con la red: “Hice muchos goles y tuve mis jornadas de gloria”.

Luego, la vida y la profesión lo sacaron del verde césped, pero no tan lejos. “La idea de analizar el juego –cuenta el hoy experimentado comentarista, con más de mil transmisiones de partidos internacionales en ESPN– la llevo desde que tengo uso de razón, de cuando iba a la cancha con mi padre y él me marcaba a jugadores del rival, me hacía observaciones. Después por los sabios barriales. Me crié escuchado comentarios de radio aunque después la vida me llevó para el lado de la escritura”.

Claro que la convocatoria al equipo de Competencia, del relator charrúa que contó mejor que nadie y en vivo el gol del siglo de Maradona a los ingleses, significó “un antes y un después” para este reconocido simpatizante de Estudiantes de La Plata. ”Con él estuve 4 años y para mí fue una bendición, que me paguen por hacer algo que hice y me gustó toda la vida”. De todas formas, aclara: “Cada vez que me pongo los auriculares y agarro el micrófono, es una gran responsabilidad, porque hay que estar muy atento, porque cuando cometo un error grande me mortifico una semana entera. Pero me gusta y disfruto mucho de ver y analizar fútbol, disfruto de acompañar al relator, me da placer”.

Los libros, en buenas manos

El gran Juan Sasturain, quien en su extensa obra cuenta con libros de fútbol, fue designado director de la Biblioteca Nacional, un nombramiento que para Walter “es un tiro para el lado de la justicia”.

“Lo que dije del Negro Fontanarrosa sobre la humildad y el talento, que van de la mano, también es aplicable a Juan. Es una persona absolutamente deliciosa e indispensable. Es un tipo de una sólida formación, de una cultura abrumadora, a su vez tiene un gran sentido del humor y es muy cálido, y tiene una humildad que te desarma”.

Además, remarca que el autor de La Patria Transpirada trae de su Adolfo Gonzales Chaves natal –una pequeña localidad al sur de la provincia de Buenos Aires– su “tono campechano, pese a que hace una vida que está en Buenos Aires”.

“Es muy puro y muy acompañador, muy de generar climas cordiales entre las personas, sin dejar de ser un tipo de un perfil ideológico fuerte y vigoroso, que defiende en cada momento y en cada escenario de su vida”, asegura Vargas, para quien Sasturain es parte del póquer de mejores escritores futboleros, junto a Roberto Fontanarrosa, Osvaldo Soriano y Rodolfo Braceli. “También hay que agregar naturalmente a Eduardo Sacheri y Ariel Scher, dos grandes maestros”, añade el también docente universitario, que además reconoce ser un gran lector de Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier, entre tantos otros, y para quien Andrés Rivera “es el principal novelista argentino de este siglo”.

Bien dicho

En el último tramo de la nota, Walter Vargas se calza el traje de docente, y saca de su escritorio el libro de su autoría Periodistas Depordivos (Fútbol, entre las plumas y las palabras) con cuyo juego de términos realiza una crítica a la profesión. “Muchos colegas me dicen que mi libro está desactualizado porque ahora estamos peor”, se ríe el también psicólogo social y terapeuta, y se lamenta: “Estamos en un momento muy crítico”.

El escritor deja en claro que “no digo con esto que todos los viejos seamos buenos y los jóvenes malos, eso sería una estupidez, me convertiría en un decrépito que hace teoría de su declinación física. Creo sí que algunos valores están en entredicho. La palabra escrita no va a morir, pero hoy por hoy está demasiado interpelada por la cultura de la inmediatez, de las redes sociales, de los medios audiovisuales. Está en crisis”.

El cronista considera que “los buenos modos del decir deben constituir la tarea periodística con independencia del formato” periodístico. Y de sus años en las aulas, saca a a luz algunos planteos de sus alumnos: “Cuando doy clases en la universidad nunca falta algún joven que me dice que quiere trabajar sólo en radio o televisión, nada más. Yo le digo que eso está muy bien, pero le recomiendo que si trabaja en radio o televisión que trate de hablar bien, por lo tanto, lo que hacemos en mi materia le va a servir también para esos formatos”.

“Creo que está empobrecida la lengua castellana –continúa– en particular en el periodismo. Dicho todo esto, que parece apocalíptico y una especie de filípica de un viejo gruñón, creo que hay formas y contenidos del periodismo que no van a morir. Fueron mutando los formatos, pueden las empresas periodísticas tener un nivel de injerencia mucho más fuerte de lo que tuvieron, pero me parece que el periodismo deportivo debe generar los anticuerpos necesarios”.

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