Emilio Crisi, autor de los murales que le dan color al Olaeta, recorre en su obra la historia de su querido Salaíto y del barrio obrero que lo vio nacer un 15 de enero de 1912.

La cosa comenzó 108 años atrás, cuando en el por entonces barrio Refinería (llamado así por la empresa Refinería de Azúcar Argentina, instalada allí) un grupo de laburantes hicieron una juntada en la casona de Juan Romero, un vecino. “La confluencia de los trabajadores de Refinería y los del ferrocarril va a ser un germen del nacimiento de la historia de nuestro club”, resume Emilio Crisi, militante anarquista y gran conocedor de los orígenes de la institución de barrio Sarmiento, cuya historia volcó en las paredes del estadio José Martín Olaeta.

La resistencia anarquista

Emilio admite que cuando empezó a mamar el fútbol era hincha de la Lepra: “De chico, mi papá me llevaba a la cancha de Newell’s”. Pero la historia cambió cuando, con 16 años, un amigo de la secundaria lo arrimó al Club Atlético Argentino: “Empecé a ir a los partidos y obviamente me enamoré del club, y me hice hincha”. Entre las cosas que lo sedujeron, destaca: “Cuando conocés la historia del club te enamorás mucho más”. Y así la cuenta en diálogo con el eslabón: “Para hablar del inicio del club hay que remitirse a la historia de Rosario y a la historia del movimiento obrero de Rosario, pasando por los orígenes del barrio Refinería (que se funda a partir de una planta industrial, la más grande de América latina), un barrio que se forjó en torno a la Refinería Argentina de Azúcar”.

Este artista y militante remarca que en aquella época “había cerca de mil laburantes viviendo en el barrio y en zonas aledañas, un barrio netamente obrero, donde había niveles de explotación y represión importantísimos, un barrio marcado por la resistencia del movimiento obrero en Rosario, una resistencia a un capitalismo que estaba creciendo en la Argentina”. Y para contextualizar aquel conflictivo inicio del siglo XX, cita “la represión a los trabajadores de Refinería en 1901, que le costó la vida al militante anarquista Cosme Budislavich. Casualmente, en esa jornada represiva había estado Virginia Bolten, una obrera de Refinería de renombre y una militante anarquista y feminista de gran envergadura”.

A esa zona, muy marcada por la famosa industria azucarera, hay que sumarle la gran influencia de los trenes, que ubicó a Rosario como el segundo núcleo ferroviario del país. “En la zona de Refinería, donde pasaba el ferrocarril Córdoba-Rosario, se instaló la estación Embarcadero, que va a estar exclusivamente abocada a la empresa de Refinería Argentina”.

Crisi le da continuidad a la línea del tiempo rememorando aquel encuentro del 15 de enero de 1912, en la casa de Juan Romero, donde germinó la institución que antes de portar el nombre con el que hoy se la conoce, se llamó 1º de Mayo, luego Embarcadero Córdoba y Rosario, y después Club Nacional de Rosario. “Varios de esos trabajadores que se reunieron habían pertenecido a la Federación Obrera local, que es una seccional de la Federación Obrera Regional Argentina (FORA), en su mayoría de militantes anarquistas. Se reúnen ahí en el mismo barrio referentes gremiales como Zenón Cabral, quien va a ser el primer presidente, Julio Conde. Hubo apellidos como Álvarez, los hermanos Antuña, Depino, Cavallero, entre otros trabajadores y vecinos”.

Emilio explica que la denominación inicial del club fue “en honor a los mártires de Chicago, pero el mismo año lo tienen que cambiar porque ya había un club con el mismo nombre, y se va a llamar Embarcadero Córdoba y Rosario, por el nombre de la estación, que fue muy representativo para aquellos trabajadores”. Pero la cuestión con la denominación venía torcida al parecer, porque “a los pocos años se llamará Club Nacional de Rosario, y en 1935, por un decreto del gobierno de la dictadura de Justo –que establecía que no se podrá usar la palabra «Nacional» para los clubes, solamente remitida para el ámbito de instituciones estatales– pasa a ser Club Atlético Argentino”, tal como figura en la actualidad.

Pinceladas de historia

Emilio Crisi juntó su amor por Argentino, el conocimiento de la historia de la entidad deportiva y su militancia anarquista, y las hizo jugar al servicio de su capacidad para la pintura. El resultado fueron unos cinco murales en el Olaeta, que homenajea a hinchas históricos, a viejas glorias, y que reflejan la identidad obrera del Sala. 

“Cuando empezás a revisar la historia de tu club, te llena de orgullo que sea fundado por trabajadores, que esté fundado en un barrio de resistencia obrera, y la verdad que te mueve el piso, las emociones y había que trasladarlo de alguna forma a algún lado”. Así que todo eso “fue a parar a las paredes del club”, según reconoce.

Este integrante de la Agrupación 1912 dentro del club, y que puertas afuera milita en la Federación Anarquista de Rosario, sostiene que los dibujos de su creación “son una forma no sólo de rescatar la historia sino de imbuir de mística a las nuevas generaciones del club, a los pibes que juegan en las inferiores, en infantiles. Para que vean lo que es realmente la historia del club que nació de las entrañas del movimiento obrero”. Y agrega: “Y mucho más en la actualidad, en la que hay un fútbol mercantilizado, donde todo pasa por la compra y venta de los jugadores, por los sponsor o por los millones que pasan por la AFA, no hay que olvidar nunca que el club fue arrancado a pulmón por militantes gremiales, por referentes sindicales como un espacio de llegada a los pibes y pibas del barrio Refinería, a los hijos de los propios obreros fundadores. Hay que devolver la mística que tiene este club que, creo, la tienen la mayoría de los clubes en Argentina”.

Tras aclarar que las pintadas “que tienen que ver con caras, figuras y escudos sí” salieron de su puño e imaginación, mientras que “las otras, que tienen sólo letras, con nuestro himno, con cantitos de la hinchada, esos los hizo la Agrupación 1912 y varios hinchas”. Las repasa: “Uno tiene que ver con las glorias futbolísticas del club; otro es un homenaje a Fito, otra dedicado a Campanita, ambos son hinchas históricos; otro es la hinchada en la década del 90, que es una barra de heavy metal, que provenía de ese palo; después un mural que tiene que ver con el barrio de Refinería, con las usinas y los lugares donde llegaba el ferrocarril para poner el azúcar; y otro que tiene que ver con la estación de Embarcadero y los silos que había detrás”.

En cuanto al nacimiento de su pasión por el pincel y las pinturas, asegura que le viene desde pibito. “Me gusta desde muy chico, pero todo arrancó con el tema de los murales a partir de 2003”, revela Crisi, quien con modestia señala: “Me encanta pintar pero no soy un artista excelente, simplemente me las rebusco. Lo hago con corazón, garra y creatividad, y eso se va viendo plasmado en este tipo de cuestiones que tiene que ver con la historia de nuestro club”.

Pero su rubro no sólo se limita al fútbol y al club de sus amores. “Empecé pintando en mi organización política, también rescatando la historia del movimiento obrero y de los propios mártires, militantes y referentes de nuestra corriente ideológica”, cuenta Emilio, que saca a relucir lo que él considera uno de sus mejores laburos en paredes de la ciudad: “Tengo un mural que realizamos en el marco de nuestra organización, fue en 2011 y queda en Cerrito, entre Alem y Ayacucho, que es un homenaje a distintas revoluciones sociales en las que el anarquismo tuvo gran protagonismo. Está sobre una pared que era una fábrica y después fue un estacionamiento”.

Los días más felices

Crisi asegura que su amor incondicional por el Salaíto tiene orígen en las finales por el ascenso ante Tigre en 1997, y que tocó el cielo con las manos dos años más tarde, cuando lograron la clasificación a la segunda categoría del fútbol argentino. “Mi mayor recuerdo de felicidad fue en las finales del 99 contra Defensores de Belgrano, cuando ascendemos al Nacional B, de donde nunca nos tendríamos que haber ido”, dice en una mezcla de nostalgia y bronca. Pero entre las hazañas, el pintor no quiso dejar afuera al clásico de la ciudad: “Otros lindos recuerdos fueron los triunfos contra Central Córdoba: el más impactante fue en nuestra cancha en la B, 3 a 0; y la última gran alegría fue el triunfo ante ellos en Santa Clara del Mar, en la costa. Fue por penales, pero después de muchos años en la D, fue una emoción gigante ganarle a Central Córdoba que está en una división arriba que la nuestra. Después de tantas amarguras de tantos años en la D, ese tipo de victorias fue por lo menos un bache de felicidad en medio de tanta amargura”.

Este artista que tuvo un breve paso en las divisiones infantiles de Newell’s, pero que de grande despunta el vicio futbolero jugando con amigos de manera amateur, lamenta la dura posición que mantiene el conjunto de barrio Sarmiento que milita en la última de las categorías de AFA. “Si la dirigencia no toma cartas en el asunto y no se pone al hombro una campaña por el ascenso, creo que vamos a estar igual o peor. Tienen que hacer un mea culpa por tantos años en esta categoría y sin aspiraciones a ascender”, analiza este hincha.

Y la preocupación no es para menos, porque el equipo dirigido por Damián Sciretta culminó 2019 en la penúltima posición. “Un año en la D es responsabilidad de los jugadores y el técnico, pero muchos años en la D, más de 8 ya, es responsabilidad de los dirigentes, que tienen que acusar recibo de una mala gestión que se está haciendo”, afirma por último.

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