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Diego Rolle es animador, y docente de la Escuela para Animadores de Rosario (EPA), un espacio que se convirtió en una referencia dentro del panorama cultural local. Como uno de los fundadores, hace un repaso de los orígenes del proyecto, de las particularidades de una actividad con gran arraigo en la ciudad y sobre la actualidad del sector.

Rolle cuenta a este medio que se dedica a hacer dibujos animados desde hace casi un cuarto de siglo. Arrancó con la animación en el 96 en El Sótano, el taller que tenía Luis Bras, en San Lorenzo y Corrientes. El taller lo habían armado Pablo Rodríguez Jáuregui, Esteban Tolj y el propio Luis Bras, pero éste último falleció antes de que el curso se iniciará. A los pocos años empezó a trabajar principalmente con Esteban Tolj y José María BK Beccaría, y armaron una productora que se llamó El Sótano, en honor a aquel lugar donde comenzaron sus trabajos. Al tiempo recalaron en la casa de Esteban Tolj.

Sus primeros trabajos pagos fueron algunas publicidades y luego surgieron algunos proyectos con Pablo Rodríguez Jáuregui “ya a principios de este siglo”, comenta Rolle. Uno de los primeros proyectos en los que recuerda haber participado, por encargo, pero al mismo tiempo con una búsqueda de desarrollo autoral, fue para el disco The Planet, del músico Fernando Kabusacki, en el que varios animadores desarrollaron cortometrajes animados musicalizados por el guitarrista.

Al poco tiempo de aquella experiencia les comenzó a crecer la idea de armar una escuela y en un momento hubo una serie de factores que confluyeron para que en el año 2006 pudiesen tomar un espacio en La Isla de los Inventos y darle forma a una escuela para animadores.

En ese momento, rememora Rolle, el Secretario de Cultura era Horacio Ríos, la Isla de los Inventos hacía poco que estaba arrancando y le pidieron a Rodríguez Jáuregui que en ese contexto desarrollará una especie de fábrica de imágenes que se mueven. La respuesta fue un proyecto que incluía un museo y la EPA. Así podría funcionar abierto al público –tal como lo hace actualmente– para que chicos y chicas hagan sus experiencias animadas y en otro horario, daban clases para adultos de la escuela.

“Al principio, fue un año de cursado dos días a la semana, en otro momento de cinco con algunas jornadas optativas y actualmente, en primer año, se cursan tres tardes a la semana”, explica y agrega: “La estructura de la escuela es bastante libre, porque si bien hay materias como Historia del cine y la animación (dictada por Leandro Arteaga), que tienen un formato más cercano a la academia formal, todo el trabajo tiene una modalidad de taller. La carrera abarca desde diseño de personajes y animación hasta expresión corporal”.

“En la materia Animación los cursantes suelen preocuparse mucho técnicamente sobre si dibujan bien o mal pero la docente Claudia del Río genera una forma más lúdica para acercarse al dibujo, la materia se llama Club de Dibujo”.

Habida cuenta de que un año no era suficiente y que quienes iban a la escuela no salían con la práctica necesaria como para poder desarrollarse profesionalmente o por hobby, se amplió el cursado a dos años.

El segundo año, comenta Rolle, les ha permitido afianzar principalmente la animación en sí, en las prácticas se les plantean desafíos a los estudiantes para resolver en torno a sus animaciones. Así, se comprende mejor que una serie de dibujos puede ser fotografiada y cobrar sentido como secuencia, que se ve luego en movimiento.

Al ser consultado por el panorama actual para los animadores Rolle describe que “hay una red de animadores a nivel nacional que está conectada a través de distintas redes locales”, de Rosario, Santa Fe, Buenos Aires y Córdoba, entre otras ciudades. Y cuenta que esta red está en conversaciones para volver a pedir que se reinstaure el concurso de animación Animate que realizó por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa), por primera y única vez, en 2015. La red también intenta definir cuál es el costo de un largometraje animado y servir así como guía o referencia.

“Hay diferencias entre el desarrollo que se da en Rosario, Buenos Aires y Córdoba. En Córdoba la Asociación de Productores de Animación consiguió una casa para poder realizar eventos y capacitaciones”, cuenta como ejemplo. En cuanto a Rosario destaca que tiene una larga tradición en animación, en parte “gracias a Luis Bras, pionero, que en su taller generaba animaciones y formaba animadores que hicieron de la ciudad una de las mayores productoras en los 90”.

En este sentido, el rol de la propia EPA impulsa aún más el desarrollo local. En el plano productivo considera que “hace falta una mayor coordinación, entre quienes se dedican al rubro desde diferentes conglomeraciones y emprendimientos cooperativos”.

“En Rosario se ha logrado trabajar a nivel ciudad o provincia en diferentes producciones que tienen un nivel educativo y por tanto apoyo estatal. Sin embargo, estas animaciones tienen por limitado su público objetivo a lo local o provincial”, sintetiza.

Rolle integra junto a Rodríguez Jáuregui, Miguel Mazza, Gonzalo Rimoldi, Melisa Lovera, Emanuel Gastaldi y Andrés Almasio el estudio de animación Sr. Manduví, y salvo los dos primeros, todos los demás cursaron la EPA.
Hay numerosos proyectos diferentes formados por ex-alumnos de la EPA. Estefanía Clotti, por ejemplo, se dedica a la animación de corte experimental. La productora Alimaña el año pasado ganó el concurso Espacio Santafesino y está iniciando su camino

En Buenos Aires por otra parte pareciera que “la industria está más cimentada”, explica Rolle, organizándose en pequeñas productoras con un buen flujo de trabajo.

Así las opciones parecieran ser laburar con el Estado, conseguir laburo de afuera o trabajar con alguna de las productoras de Buenos Aires.

“Lo principal que tienen que tener quienes quieran aprender animación es que les tiene que gustar dibujar”. El primer objetivo de la EPA es hacer de sus alumnos y alumnas gente apasionada por la animación. “La mayor parte de quienes pasaron por la escuela no han dejado de animar nunca más”, ya sea laboralmente o para producciones propias. Mucha gente se acerca desde el diseño gráfico para complementar esa actividad, pero tal como comenta Rolle “también hay satisfacción en hacer los propios dibujos animados”.

En movimiento

La inscripción a la Escuela para Animadores abrió desde del 13 de enero y continuará hasta el 28 de febrero. Para hacerlo debe completarse la ficha de inscripción disponible y diez (10) dibujos propios en formato jpg a escuelaanimadores@gmail.com Los cupos del primer nivel son limitados y se realiza una selección de ingresantes a cargo de los docentes y coordinadores. Los resultados de la pre selección de los ingresantes 2020 serán comunicados a partir del lunes 9 de marzo de 2020. En tanto, la fecha de inicio de clases será el lunes 16 de marzo.

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Hola! Soy Sarai Bacarella, estudio en el Instituto Zona Oeste, estoy en 5º año y tengo 18