Yo no sé, no. Con Pedro nos acordamos cuando el primo Roberto le enseñó a usar los puños, es más: el golpe certero. Roberto había estudiado en la escuela de aviación de Córdoba y tuvo que dejar los estudios por haber sido afectado por el bombardeo que sufrió la escuela de cadetes en la revuelta entre Azules y Colorados (para hacerla corta: unos eran jodidos y los otros re contra jodidos). Bueno, lo cierto es que practicábamos ese golpe que para nosotros como defensa personal era lo único que teníamos. Además sabíamos que era uno sólo y que si fallábamos, y no era certero, perdíamos. Cuando ya nos habíamos mudado al sur de la ciudad, sentíamos cierta seguridad en nuestro golpe certero porque las bataholas en el campito eran frecuentes y, como ya contamos una vez, había golpes y golpes. Por ejemplo: en los partidos no se golpeaba de la cintura para abajo. “Hay que cuidar las piernas del jugador”, decían los más grandes 

Por ese entonces, los Azules (legalistas) le daban un golpe certero a Illia. En un partido, en cancha del Rincón, una de las últimas jugadas era un centro que venía a nuestra área y Pedro, que era el 6, tenía que elegir entre dos jugadas: un golpe certero al 9 de ellos o saltar preciso y darle un cabezazo certero a la redonda. Todos esperábamos lo primero, y el comienzo de una batalla campal, pero no. Pedro saltó más que el Colorado (el 9 adversario) y la despejó limpia.

Ya yendo al Superior, asistíamos a la retirada de la dictadura de entonces. Ésta había recibido varios golpes por parte de la resistencia popular, unos de los últimos intentos fue darle un golpe que condicionaría la salida democrática. Eso se llamó el GAN (Gran Acuerdo Nacional), un invento de Lanusse. En esos años, aprendimos cómo golpear con argumentos. Y mientras duró, nos parecía (y en cierta forma lo era) que teníamos golpes para crecer y consolidar la participación popular en todos los frentes. Pero los certeros golpes que vino a dar la dictadura terminaron con gran parte de nuestros compañeros e hizo retrasar nuestros sueños.

¿Sabes qué? –me dice Pedro mirando la repetición por enésima vez de una batalla entre jóvenes y leyendo el zócalo que dice “El golpe certero”–, tendríamos que darle otra vuelta a esa frase.  

A lo largo de la historia tuvimos la idea de tener Patria y los sueños colectivos formában parte de nuestras certezas, mientras que las minorías optaron por sus golpes (militares, económicos, y la última modalidad: los golpes mediáticos) Y lo que tenemos que aprender es que, ni en el campito ni en la pelea diaria, ningún golpe es certero si te lleva a la muerte.

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