Pablo Javkin recibe a El Eslabón exactamente cuando cumple 50 días de gobierno. El intendente se presenta tranquilo en su despacho del Palacio de los Leones, ceba mate, pero también se muestra con ansias de hablar de política, de debatir los grandes temas de la ciudad, de explicar que si bien no encontró sorpresas “la cuestión económica y financiera” lo llevó a priorizar temas y relegar otros. Emergencia y deuda son dos de las palabras más usadas por el mandatario a la hora de describir el panorama. Tal vez porque las padezca en el plano local, y porque obtuvo lo que pidió en esa dirección a las fuerzas opositoras en el legislativo rosarino. Allí reside el eje de la entrevista. “Si le pido a mi Concejo y yo mismo firmé un decreto de austeridad y emergencia, cómo no voy a plantear que lo mismo tiene que suceder a nivel provincial, donde además, si sucede a nivel provincial, yo tengo más herramientas también”, reconoce. 

—¿Cuál es la dificultad más grande que te encontraste en la Municipalidad, desde que tomaste posesión como intendente?

—No es que haya encontrado algo que no esperaba. Te encontrás sí con la implicancia que tiene fundamentalmente la cuestión económica financiera, eso te obliga todos los días, y no exagero, a mirar desde qué pagás hasta qué precisas, hasta cómo pensás un plan de ordenamiento. Tuvimos buen diciembre en el sentido de que el Concejo nos acompañó en general en las medidas que habíamos propuesto, creo que también tiene que ver con haber pedido cuestiones muy razonables, eso yo lo valoro mucho, en algunos casos con unanimidad, en otros casos con votaciones muy holgadas, y atravesando los distintos bloques. Desde ese punto de vista, ahora hay que esperar que el tiempo nos empiece a dar elementos porque hay cuestiones que recién se van a aplicar en marzo y abril en adelante. Y algunas como la emisión de letras y otras herramientas que nos dieron, que también tienen su tiempo de implementación. Después estamos muy activos en la discusión de las herramientas de emergencia que se den a nivel provincial y a nivel nacional y que por supuesto podamos aprovechar en la ciudad.  

El tema económico viene de muchos años de un circuito de déficit, deuda, déficit, deuda, que llega un punto en que te empieza a comprometer tus prioridades, creo que ese es el riesgo. Hasta acá hemos podido hacerlo sosteniendo las prioridades que teníamos, pero para lo que viene, para poner en marcha un proyecto necesitás recursos. Yo soy de la idea de que tenemos que sentarnos primero a ordenar esto.

—La deuda es el gran tema de agenda en todos los órdenes, tanto en el local, como en el provincial y el nacional. ¿Se puede definir una estrategia propia desde la municipalidad sin que se defina un rumbo en los otros niveles del Estado?

Tenemos una agenda propia. Obviamente, para poder gastar en lo que querés probablemente tengas que reducir gastos que no sean de las prioridades. Hicimos un decreto de ahorro y austeridad, que tiene que ver con algunas medidas que tienen mucho impacto o más impacto en lo económico, como el funcionamiento de horas extras, contratación de vehículos, y otros que probablemente sean más simbólicos, pero que también tienen valor, como no comprar ningún mueble; no tener ninguno de los gastos que normalmente cuando se arranca una gestión se tienen, llega un funcionario nuevo, cambia sus muebles, bueno, de eso nada. Por otro lado hay algunas herramientas que sí son de ordenamiento, cuando vos tenés una deuda flotante muy de corto plazo tenés que pagar sí o sí, te va complicando también tu esquema de financiamiento, entonces algunas medidas vamos a implementar ahora que tenga que ver con poder reperfilar, extender los plazos y eso te da más tranquilidad a la hora de elegir tus políticas. 

Y después sí, obviamente, dependemos de los instrumentos de toda la provincia, y todos en definitiva dependemos del marco de acuerdo en la deuda nacional porque, en definitiva, el nivel de tasas y el nivel de posibilidades de endeudamiento externo, en nuestro caso para obras, claramente depende de cómo se dé el acuerdo nacional.

—En estos cincuenta días, ¿cómo explicás cuáles fueron las cuestiones a las que vos diste prioridad y cuáles relegaste?

Tenemos un verano de mucha necesidad, de mucha presencia del Estado municipal en cuestiones de temporada. Por ejemplo, no hay clases, tenemos una gran responsabilidad con el lugar donde los pibes puedan tener oferta cultural y deportiva, entonces una cosa que sí sostuvimos son las colonias, nos parecía prioritario. Tuvimos la dificultad de que a los profes que cobraban el FAE (Fondo de Asistencia Educativa), los cambios de firma demoraron. Un poco más tarde pero se cumplió, con mucho esfuerzo, y las colonias eran algo que, asumido el 10, al otro día tenés que decir vamos o no vamos. Bueno, fuimos.

En lo cultural lo mismo, no estamos trayendo espectáculos de afuera y estoy muy convencido de que encima va a funcionar muy bien, ahora hacemos un tributo a Charly como inauguración de Rosario Bajo las Estrellas y lo hacemos con artistas locales. No estamos tratando con un caché de un artista de afuera.

Foto: Manuel Costa

—Supongo que también garpa políticamente porque a los grupos de acá les puede caer bien que se los contrate a ellos….

—Seguro, ahí ganas dos veces. Te tenés que arriesgar a que no se llenen los lugares, pero yo creo que se van a llenar más. También hicimos el ciclo de teatro en los distritos y nos pareció importante. Todo el tiempo estás tomando decisiones de qué priorizar. Apenas pudimos reactivamos el plan de bacheo, verdaderamente es muy insuficiente en relación al problema de las calles de la ciudad. 

Llevamos seis meses casi sin bacheo, en una ciudad eso es demoledor. Y no tenemos para invertir el triple, entonces tenemos que elegir las situaciones más graves, la que afecta al transporte público. 

Después tuvimos alguna medida que nos benefició, claramente los cambios en la políticas de subsidios del transporte nos benefició, no porque no vamos a tener que seguir poniendo recursos municipales en el transporte. Aumentó mucho la colaboración de los recursos nacionales y nos permite además hacer una apuesta, que también vamos a poder medir, de no tocar la tarifa durante 120 días y ver si eso tiene un impacto en el aumento del número de pasajeros, que es un debate histórico. Si tengo un sistema desfinanciado, cada tanto se requiere un ajuste de tarifa para achicar ese financiamiento extra. Ahora vamos a poder cubrir eso con subsidios nacionales y evaluar cuánto influyó. Para las decisiones que vienen vamos a tener un número de cuánto eso impacta o no en el uso del colectivo. 

—Eso también llevó a que sectores locales que están alineados con Nación, y que con justicia quieren reivindicar esa política, te digan: «bueno, ahora estamos en condiciones de que se aborden cuestiones del transporte que se vienen postergando», como el tema frecuencias por ejemplo…

—Yo no tengo duda de que nos pone en mejor situación de exigir mayor cumplimiento. Lo plantea Eduardo Toniolli y el Observatorio del Transporte. Acá, la carga está sobre los prestadores privados y no sobre la empresa pública y prácticamente sobre una de las empresas. Entonces yo por un lado tengo que prestar el servicio de la empresa municipal y además controlar al privado. Claro que si yo hago eso en un marco con los números más estables me da más espalda. Es una etapa que se viene. El boleto todavía va a tener un desfasaje entre lo que se cobre y lo que valdría en costo, que va a haber obviamente que financiar. Vamos a tener un alivio en relación a cuánto tenemos que poner nosotros.

—Ahí se notó lo importante de una buena articulación con la Provincia. Viajaste con el secretario de Transporte de Santa Fe Osvaldo Miatello para hacer gestiones en conjunto ante el gobierno nacional…

—En general venimos haciendo eso en todas las áreas, coordinando con Provincia todo el tiempo, y con Nación en muchos casos, desde el operativo de tarjeta alimentaria, que ahora se tiene que hacer entre los tres niveles, a los subsidios al transporte que la gestión se hizo permanentemente en común y la provincia tiene un rol clave.

—Sos el integrante del Frente Progresista que más se encuentra con el peronismo, ¿sólo se debe a que vos tenés obligaciones ejecutivas? 

—Tiene que ser así y lo estamos haciendo con todo. Pero yo en eso tengo una definición política tomada. En la Argentina se toma como normal lo que debiera ser lo lógico, la gente elige quién gobierna en cada nivel, una vez que se eligió vos tenes que trabajar con los que la gente eligió, creo que eso atraviesa a todos los niveles, nosotros somos el primer eslabón, estamos convencidos de hacerlo pero puede depender mucho de los otros niveles. Creo que se está trabajando así, es buen mensaje del Presidente. Y lo mismo acá, donde hay si se quiere, más conocimiento, a mí me toca gestionar subsidios de transporte con Osvaldo Miatello, con quien en el Concejo discutimos durante un montón de tiempo ese tema. Creo que es una etapa que la Argentina necesita. No es que no tenga que haber debates políticos, porque los va a haber, pero la situación es lo suficientemente grave como para dedicarnos durante un tiempo a consolidar la recuperación y la salida de la marginalidad, después tendremos tiempo de discutir.

—En la agenda pública está instalado como el más importante, ¿es para vos la seguridad el principal problema que tiene Rosario?

—Sí, porque no es solo un hecho en sí mismo, tiene múltiples cuestiones, como la cadena de economía y de penetración institucional que generan esas economías ilegales. Entonces no tengo duda que ese es nuestro principal problema. No es lo único, a mí no me gusta repetir el debate de estigmatización… Hay un gran problema con respecto a la inseguridad, pero Rosario no es Sinaloa ni hay que andar con chaleco antibalas. Siempre lo digo, en la mañana que fue la balacera del casino, yo tenía problemas de ruidos molestos por la ocupación del espacio público durante la noche, y eso es en la misma ciudad. Tenemos dos problemas a la vez, soy intendente, y en uno tenés más influencia y en otro menos. 

Creo que esto sí requiere un acuerdo político fuerte y sólido entre todos los niveles y todos los poderes y para que eso no sea verso hay que discutirlo y hay que recordarlo, pero además hay que actuar en conjunto. Yo ahora tengo una mesa, me siento con el Ministerio de Seguridad, me siento con la Policía, con el Ministerio de la Acusación, con la fuerzas federales.  Ahí aportamos el conocimiento del territorio, el desarrollo de nuestras políticas sociales porque en muchos casos tiene que ver con cómo cuidamos mejor a nuestros pibes, si no, los contamos en la lista de muertos a diario. Creo que eso es un acuerdo fundamental y después en tercer término sí, todas las áreas de controles, de monitoreo que uno puedo aportar a un mejor seguimiento de los temas. Creo que esa es nuestra manera de mostrar que no es verso lo que uno dice de que acá con esto no se jode. 

Después, también discutirlo en todas las instancias que sea, en una audiencia pública que invite Ciudad Futura, en un marco legislativo o en todos los ámbitos donde uno pueda sentarse a plantear este debate, porque también creo que más allá de lo que el intendente pueda hacer, que no tenemos personal armado ni intervenimos directamente en los hechos, sí hay un rol político de jefatura territorial.

—Hubo un reconocimiento sobre la situación de emergencia en Rosario y en Nación pero que en la Provincia quedó empantanado, que estuvo muy vinculado además al debate sobre los presupuestos de los nuevos gobiernos y las leyes para abordar esa situación extrema. Ahora, vos pudiste armar tu presupuesto, Alberto Fernández pudo armar su presupuesto, pero Omar Perotti sólo pudo emparchar un presupuesto que le dejó armado su antecesor… 

—Hay que salir de ese pantano, y hay que darle herramientas a los ejecutivos. Si yo le pido a mi Concejo y yo mismo firmé un decreto de austeridad y emergencia, no voy a entrar en esa contradicción. Insisto, eso es lo que hay que romper en la Argentina. No debemos, según el posicionamiento que te toque por el resultado electoral, decir cosas totalmente distintas. Eso me parece que es lo que la sociedad no tolera más. Creo que de verdad eso rompe el vínculo de la política con la gente. Si yo planteo eso como no voy a plantear que lo mismo tiene que suceder a nivel provincial, donde además si sucede a nivel provincial yo tengo más herramientas también. 

Creo que nunca terminamos de caer en lo grave de la situación y en lo complicado de la situación, en términos de la estructura social del país. Claramente hay gobiernos con más vocación social y con menos, claramente hay gobiernos con inclinación a sectores populares y claramente que no, pero el fracaso es total, es global. Nuestra estructura social y económica viene empeorando en forma constante hace treinta y pico de años, y es como que después damos el debate sobre la coyuntura pero cuando mirás la película, si movemos el amperímetro a veces cuando alguna circunstancia también nos acompaña, si coincide un ciclo de expansión económica con un gobierno con inclinación social, probablemente sea así, pero en el final de la película es como que no podemos destrabar un núcleo de marginación en la estructura social que se consolida cada vez más y es cada vez peor.

—A nivel provincial el Frente Progresista parece que se pintó la cara como para ir a la guerra. Discuten si el ministro de Seguridad Marcelo Sain gritó fuerte o critica lo que se hizo en la gestión pasada y lo que no. Si creés que hay emergencia, la discutís para ver qué se hace, no me extorsionás diciendo: «si este no se calla, no te discuto ni te voto nada». ¿Cómo se sale de ahí?

—Tomando tus palabras, hay que salir del pantano, despintarse la cara. No se jode con esto. Yo en mi caso voy a aportar todo lo que pueda para que nosotros tengamos un acuerdo sobre las herramientas. Lo voy a discutir con mi frente también, porque no es que uno es uno. Creo que hay que destrabar, creo que hay gestiones políticas para hacer. Creo que tampoco se puede plantear, en materia de seguridad, que siempre estamos en un punto cero. Si vos escuchás el discurso de (Hermes) Binner cuando asumió te plantea un panorama en relación a este tema, muy parecido al que a lo mejor se plantea ahora. Y en definitiva todos tienen un poco de razón y todos también tienen un poco de errores. No creo que todo lo anterior en seguridad haya sido muy malo ni la causa de todos los problemas, ni estoy en absoluto de acuerdo con que le neguemos herramientas de emergencia que todos también sabemos que se necesitan. Hay que ponerle un poquito de madurez a la situación, resolverlo rápido, equilibrar esto, lo hemos hablado con los intendentes del frente, lo vamos a hablar con los legisladores, lo he hablado con el ex gobernador (Miguel) Lifschitz. No podemos seguir en este pantano. Porque son los síntomas de que no nos terminamos de dar cuenta de lo grave del punto en el que estamos. Hay puntos que te permiten un juego y hay momentos en que no, yo no me imagino en el 87, Semana Santa, a Cafiero especulando cuánto lo perjudicaba a Alfonsín un alzamiento militar, no se jodía con eso.

Foto: Manuel Costa

Un paso al Frente

—El Frente Progresista históricamente estuvo hegemonizado por el Socialismo, en Rosario vos diste una disputa interna y la ganaste, ¿hay una adaptación a este nuevo liderazgo, o eso está costando?

—Hay un tiempo nuevo, los tiempos nuevos en política tienen un componente de aceptación y un componente de conquista, si queres ponerlo en esos términos. Creo que es lo que pasó en la ciudad a fin de año y eso nos sirvió, porque el debate en el Concejo también nos sirvió para ordenar el funcionamiento del Frente (se obtuvo la presidencia del Palacio Vasallo con María Eugenia Schmuck). Yo tengo la necesidad muy clara de hacer lo que siempre reclamé: tener un funcionamiento más plural, más horizontal, más organizado de esa pluralidad y lo mismo reclamar a nivel provincial. 

Me resisto a la idea de que si antes lideraba un grupo en forma hegemónica, ahora lidera otro. El cambio es mucho más profundo, la política funciona de otra manera, la sociedad funciona de otra manera, y si las fuerzas políticas no recogen hacia su funcionamiento interno esas nuevas lógicas, la realidad las pasa por arriba.

—¿Considerás que no está claro el futuro para el Frente Progresista ni para ninguna de las otras fuerzas políticas?

—No. Primero porque los cambios son más drásticos y segundo porque las sociedades tienen en crisis su vínculo con la política y la democracia y eso es muy complejo. Además porque no hay capacidad de respuesta a todas las demandas y las demandas son cada vez más atomizadas también. Entonces es más complicado, encima en la escasez, conciliar entre intereses tan variados.

— ¿Qué va a pasar con tu relación con el radicalismo? Vos dijiste en Clarín que hiciste todas las inferiores ahí pero que te fuiste para jugar en primera…

—Dije que yo hice todas las inferiores en el radicalismo pero para jugar en primera tuve que ir a otro club, pero que uno siempre es hincha del club donde hizo las inferiores.

—¿Y pensás volver a lo Maxi Rodríguez en el cenit de la carrera, o en el ocaso para el partido de despedida? 

—Dice Sabina que «al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver».

Foto: Manuel Costa

—Si consideramos que la intendencia es la primera, también se puede señalar que hay otras ligas mayores, como la provincial y la nacional. Y sigue dando la impresión de que no se puede construir un proyecto esa escala si no se traza una fuerte alianza con algunas de las dos grandes estructuras partidarias, o la UCR o el Partido Justicialista…

—Yo creo que sin resolver lo anterior es muy difícil recomponer la presencia política de un partido. El camino es más de agregación o si queres de abajo hacia arriba. Si no se resuelve aquello, no tenés a quien representar. El peronismo tiene otra plasticidad, en definitiva los partidos funcionan cuando representan cuestiones más definidas. El radicalismo tiene un gran debate, porque los partidos que antes contenían todo adentro, las posiciones más disímiles, tenían que ver con otra tradición, que yo creo que hacia adelante difícilmente funcionen. 

Son tiempos de coaliciones, más que de fortalecimiento de un partido. El propio Frente de Todos es una coalición. Ni siquiera el peronismo, el justicialismo hoy como tal domina la escena política argentina. Tuvo que pasar por todo un proceso de debate interno, fracturas, y hoy armaron una coalición. Siempre tuve una visión negativa de la coalición Cambiemos, coalición que no respondía a ningún proyecto que uno pudiera asociar a lo que en su historia había representado. 

Para ir bien al grano, no tengo dudas de que para armar en la Argentina una alternativa que es fundamental armar, va a haber que definir mucho para qué, y tampoco tengo ninguna duda de que no hay que caer en la derrota anterior. Las polaridades políticas existen, pero la grieta en términos de esa definición lo que hacen es que vos acumules más por el odio o rechazo al otro que por lo que vos representás. Yo creo que eso no funciona más, dejame decirte que no funcionó, en la Argentina no funcionó. Le funcionó al kirchnerismo sin duda un tiempo, pero después terminó perdiendo. Le funcionó durante un tiempo más corto a Cambiemos, pero después terminó fracasando. Y creo que es una experiencia agotada, jamás dio resultado. 

Comparto que no se puede armar una alternativa sin radicales, si querés. Pero tampoco me imagino que se pueda repetir la experiencia de decir: «juntamos todo lo que esté en contra del proyecto nacional». Con eso llegás al 40 o 41 por ciento. No sirve eso, yo en esa no voy, no estuve y no voy a estar. Creo que hay mucha gente en el radicalismo que coincide en esta idea, que a lo mejor ahora vos desde este lugar podés tener un poquito más de peso en esa discusión. 

Por último, no voy a dar ese debate desde una organicidad que no tengo, yo no pertenezco orgánicamente ni lo haría, no volvería a hacerlo desde ahí. Sí creo que uno puede tener una alternancia de coaliciones pero ligada a valores, a políticas públicas con un enfoque social, con una visión de la democracia distinta a lo que fue hasta acá, que si querés me pareció más a otras épocas. Alfonsín hablaba mucho de las antinomias, más parecida a las antinomias del siglo 20 que a lo que podríamos construir hacia adelante.

Fuente: El Eslabón

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