El seleccionado nacional femenino de fútbol sala para no videntes comenzó a entrenar con un sueño en mente: disputar el primer mundial de la especialidad que rodará en noviembre en Nigeria.

Aunque hace apenas una semana que la Federación Argentina de Deportes para Ciegos (Fadec) la reconoció de manera oficial, la selección nacional de futsal femenino ya viene entrenando con un objetivo muy claro: disputar la primera Copa del Mundo de la especialidad que se llevará a cabo en noviembre en tierras africanas. El principal obstáculo no es deportivo ni competitivo, ya que no hay eliminatoria ni necesidad de clasificar, sino económico.

“En 2017, la Federación reglamentó la liga con los 3 equipos que estaban dando vueltas en la Argentina, La Romana de San Isidro, Popeye de Salta y Las Guerreras de Córdoba”, cuenta Darío Lencina, flamante entrenador del combinado nacional, y agrega: “El año pasado se decidió la creación de la selección y el viernes pasado fue oficializada por Fadec y más allá de que vamos por la tercera concentración, estamos terminando de trabajar para formar un equipo con vistas al Mundial”.

La elección de Lencina como DT del conjunto femenino no fue para nada casual. “Yo soy arquero de la selección de fútbol para ciegos, Los Murciélagos, desde hace mucho tiempo, y MartÍn De Monte, que es el técnico nacional, me propuso crear la selección femenina”, repasa Darío, y añade: “Yo ya venía trabajando con las chicas de La Romana, el equipo de San Isidro, me gusto el desafío, me gusto la idea y bueno, formé el cuerpo técnico y nos pusimos a laburar con la conformación del equipo”.

Sorteando obstáculos

El camino para llegar a Nigeria y poder participar del primer certamen ecuménico de esta especialidad, asoma arduo, pero tanto el cuerpo técnico como las jugadoras sueñan con alcanzar el objetivo trazado. “Por ahora lo que hacemos es encontrarnos una vez por mes y llevar adelante una concentración que puede ser de 3 o 4, días según el lugar donde nos toque o donde podamos concentrar”, indica respecto a lo dificultoso de trabajar con futbolistas de distintas provincias, y continúa: “En esos días evaluamos a las chicas, nos da la posibilidad de juntarnos y después se llevan una planificación con trabajos físicos y en cancha, para que lo puedan hacer con el equipo de su lugar de origen y en combinación con los técnicos. De esa manera puedan ir trabajando y perfeccionando con lo se necesita para el armado del equipo”.

Entre un encuentro y otro, el laburo prosigue a distancia: “Se hace un seguimiento vía telefónica y también tenemos proyectado ir a los diferentes lugares más allá de las concentraciones, para ver como va evolucionando el trabajo”, aclara el DT.

A diferencia de lo que ocurre con otras disciplinas, para acceder al campeonato mundial no hay que superar una etapa eliminatoria. “Como este va a ser el primer mundial de la especialidad, no hay clasificación previa, sólo hay que anotarse”, explica Lencina, y detalla: “Dentro de las clasificaciones deportivas se encuentran B1, B2, B3, que dependen según el ángulo de visión que tengan. Por ejemplo, B1 es ciego total, mientras que B2 y B3 tienen diferentes grados de visión. Pero en este caso se unificó todo porque es la primera experiencia y para que se puedan conformar mayor cantidad de equipos”.
El principal escollo que se presenta, entonces, es lo económico. “Estamos viendo las posibilidades para poder estar, ya que es bastante difícil y muy costoso. Estamos haciendo algunas reuniones con diferentes entes nacionales para ver si tenemos el apoyo que nos permita viajar”, confiesa el entrenador, pero asevera: “Mientras tanto seguimos trabajando para que cuando llegue el momento de saber si viajamos o no, ya tengamos el equipo armado. Hoy en dia los obstáculos son económicos, porque es muy costoso el viaje y hay que encontrar apoyo. Este es un deporte que está en pleno desarrollo y va a tener un montón de circunstancias en estos próximos años, aunque estoy seguro de que va a llegar muy lejos”.

Aplaudanlo, señor, aplaudanlo

Antes de llegar a ser el arquero de la selección masculina y mucho antes de transformarse en el DT de la femenina, Darío Lencina jugó en distintos puestos y hasta se dio el gusto de debutar en Primera. “Arranqué en un club de acá (Escobar, provincia de Buenos Aires), después me llevaron a Villa Dálmine, donde hice todas las inferiores y tuve la posibilidad de jugar 3 partidos en Primera”, rememora el por entonces volante o marcador central, y acota: “Después, las lesiones y las vueltas de la vida me llevaron a dejar de jugar. En el transcurso empecé a estudiar y apareció una propuesta, por casualidad, de formar un equipo en la Municipalidad de Escobar, que es donde vivo, para atajar en el fútbol para ciegos.
Darío admite que en principio “pensé que me estaban cargando”, ya que “ni sabía que existía esa especialidad, pero finalmente accedió: “Me acerque, conocí el deporte, me gustó y empecé la carrera como arquero. Perfeccionándome con el tiempo, y al año que empecé en la Liga Nacional ya me convocaron para la selección”.

Ya como integrante de Los Murciélagos, Lencina construyó una gran carrera plagada de logros. “Desde el año 2000 hasta el día de hoy ya van 20 años que estoy en el arco de la selección. Tengo dos campeonatos mundiales, tres subcampeonatos, y tres medallas olimpicas: 1 de bronce y dos de plata”, repasa con orgullo, y adelanta: “Y ahora estoy en búsqueda de estar una vez más, de ser citado a los Juegos Paralímpicos de Tokio, si es que se hace ahí o en otra ciudad, y esperando colgarme la medalla dorada que tanto anhelo y anhelamos como equipo, para ponerle una frutilla de postre a una carrera que, la verdad, jamás había soñado hacer”.

Lo que despierta la curiosidad de este cronista es saber si Darío no recibió de parte de amigos, conocidos, ex compañeros, la insidiosa pregunta: “¿Jugás al fútbol con ciegos, sos el único que ve y te hacen goles?”.

“Sí, me pasó muchas veces. Es un poco gracioso, y siempre les contesto lo mismo: «Bueno, vení, acompañame, ponete los guantes y fijate si es tan fácil o no». Y la verdad es que pocos se animan, y los que se animan confirman lo difícil que es porque patean tan fuerte y a colocar como cualquier futbolista”, responde entre risas Lencina, y fundamenta: “Creo que este deporte se basa más en el compañerismo, se construye desde afuera hacia dentro. Yo nunca atajé, aunque sí tengo el roce deportivo y me fui perfeccionando, escuchando a mis propios compañeros, y terminé sacando un producto buenísimo que hoy en dia me sigue dando frutos con casi 40 años de edad. Estoy muy feliz y recontra agradecido a todas las personas que me acompañan y me acompañaron en todo este tiempo”.
Antes de despedirse, el golero y entrenador, recuerda su paso por Rosario. “Jugué en Ardec (Asociación Rosarina de Deportes para Ciegos), y salimos campeones a nivel nacional”, recuerda, y concluye: “Tengo el orgullo y el honor de que mi nombre esté grabado en una estrella en las veredas de la avenida Pellegrini, y eso se lo debo a Gustavo Pafumi,  referente del fútbol para ciegos de Rosario, y a todo ese equipo hermoso que compartimos y logramos el único campeonato nacional allá por el 2008. Estoy muy contento y siempre tengo un grato recuerdo de esa hermosa ciudad”.

Ilustración: Facundo Vitiello

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