Yo no sé, no. Cuando nos enteramos que íbamos a ir a la Anastasio Escudero, con Pedro nos sentíamos unos privilegiados porque, entre otras cosas, era una escuela nuevita y hecha junto a un barrio de trabajadores de la industria, como Acindar. Cuando vimos que estrenábamos guardapolvo, también nos sentíamos unos privilegiados. Cuando un dia en el que el arroyo estaba muy crecido, furioso, y casi nadie se animaba a tirarse de la barranca (sólo los grandes nadadores, que eran dos), y con Pedro lo hicimos, pasamos a ser del grupo de los 4, y otra vez nos sentíamos unos privilegiados. Cuando en una batalla de barriletes, el nuestro, hecho con papel de diario, quedó solito en las alturas, nos sentíamos unos privilegiados hacedores de la aquella hazaña. Cuando en un partido bravo contra Gaboto (un equipo de La Lata), el nuestro (“La Cortada”) lo estaba bailando y en el último minuto el negro Mecosqui nos hace un gol y, además de festejarlo, se nos arrima y nos dice: “Qué equipazo tienen”, nos hacía sentir unos privilegiados. Cuando la piba del 7mo “A” nos invitó a Pedro y a mí a su cumpleaños, nos sentíamos unos privilegiados. Cuando con Carlos y Pedro fuimos al Superior a la noche, nos sentíamos unos privilegiados, y más cuando tuvimos la oportunidad de la militancia estudiantil y política. 

La otra noche, esperando el bondi o un taxi en la esquina de San Nicolás y Biedma, veíamos a un tipo con dos gurisitos mirando los útiles escolares y Pedro me dice: “Te acordás de esta esquina?. Estaba la parada del 15 (hoy 126/27), una farmacia, una tiendita, un barcito, una heladería, un establecimiento industrial, la simpatía de una morocha y la Ana, que en cualquier momento pasaba y que con su sonrisa generosa hacía más agradable la espera. La verdad, me dice Pedro, por haber conocido esta esquina en aquella época me siento como un privilegiado.

Hoy, cuando vemos que por fin se empieza a luchar contra los privilegios de los que la juntan sin mayores esfuerzos, nos sentimos orgullosos de estar de este lado de la pelea. ¿Sabés lo que deseo?, me pregunta Pedro, que las pibas y pibes sean, como decían Evita y el General, los únicos privilegiados. Quizás hoy deberíamos hablar de derechos y ampliación de derechos. Para que se concreten, habrá que terminar con los privilegios que gozan los que están más del lado del coloniaje que del de una patria para todos. Volviendo para casa, vemos unos gurisitos con una bolsa de útiles escolares cada uno. Se los ve contentos, quizás ellos no sientan esa sensación de ser unos privilegiados. Nosotros sí, al verlos tan contentos.

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