Merlina tiene 27 años y hace 3 que ejerce el trabajo sexual. Se define como “privilegiada”, a la vez que entiende que la lucha es colectiva y tiene un objetivo: que todas las personas que elijan la prostitución posean los mismos derechos laborales que cualquiera.

El pasado domingo, el presidente Alberto Fernández brindó un discurso en la apertura de sesiones del Congreso de la Nación. En el mismo, anunció que enviará un proyecto propio de interrupción voluntaria del embarazo, y sostuvo: “Un Estado presente debe proteger a los ciudadanos en general y obviamente a las mujeres en particular. Y en el siglo XXI, toda sociedad necesita respetar la decisión individual de sus miembros a disponer libremente de sus cuerpos”. Las trabajadoras sexuales en Argentina hace décadas que reclaman derechos laborales y mayor libertad para ejercer su profesión. Al igual que la mayoría de los y las trabajadoras, le ponen el cuerpo a su actividad, y a diferencia del resto, no pueden acceder a la atención temprana en centros de salud. Los aportes jubilatorios son un anhelo y la exclusión social está a la orden del día.

—Cuando hablan de mejoras laborales, ¿a qué se refieren específicamente?

—Nosotras hace tiempo venimos explicando que nuestro enfoque, o más bien lo que pedimos, no entra dentro del marco de regulacionismo. Consideramos que esa práctica genera un poder total al Estado y una bipolaridad entre las compañeras legales y las ilegales, donde las que pueden acceder a la legalidad lo hacen a través de un privilegio social porque en todos los países donde está regularizado el trabajo sexual, salvando algunas diferencias, el Estado te plantea una serie de cuestiones para poder laburar, como por ejemplo la libreta sanitaria, que según cada país varía pero que en general consiste en un chequeo médico semanal o mensual. Y si tienes VIH, no te la dan.Yo siempre digo que soy consciente del privilegio que tengo, de poder laburar en mi casa, porque vivo sola, no tengo hijos; un montón de privilegios de los que hay que ser consciente todo el tiempo.

—Pero al regularizar la actividad, ¿no se generarían mayores derechos para ejercer el trabajo sexual?

—Si se regularizara de esa forma, generaría que las compañeras VIH positivas entren directamente en el marco de lo ilegal. La regularización, por ejemplo, sostiene que para laburar sola o acompañada en un departamento tengas que acceder a una serie de elementos. Te persiguen con la burocracia de la habilitación, tenés que tener un montón de cuestiones edilicias, como una rampa, matafuego, y varias cosas más. Se vuelve a generar una persecución hacia una organización de trabajadoras sexuales que quieren laburar y no tienen las posibilidades económicas de acceder a todas esas cuestiones que te pide el Estado. Regularizar es volver a repetir con papeles la persecución del Estado. No creemos que sea la solución para nosotras. Repiten una idea higienista para dejar a la sociedad tranquila, pero nosotras seguimos sin los derechos que estamos pidiendo. 

¿Qué necesitan para poder ejercer su actividad?

—Confunden los derechos que nosotras pedimos o necesitamos. Lo que queremos es una ampliación de derechos, que se reconozca nuestra actividad como un trabajo más, con acceso a una jubilación o atención sin discriminación en los efectores públicos y privados de salud.

Foto: Paula Peña

—A la falta de derechos laborales se podría decir que se suman la discriminación médica y social

—Nos expulsan de la sociedad una y otra vez. Decir de lo que laburamos es prácticamente una expulsión. Terminamos siendo vistas como portadoras de genitales infectados, no tenemos posibilidad de tratarnos por las cosas que realmente necesitamos por nuestro laburo. Tenemos miedo a decir que somos trabajadoras sexuales, eso hace que vayamos por un dolor de columna al traumatólogo y si decimos de qué trabajamos, enseguida nos hacen un estudio de VIH o de ETS.

—Hay un sector de la sociedad que argumenta que “ninguna mujer ejerce el trabajo sexual por elección”. ¿Qué lectura hacés de este discurso?

—Nadie es libre de poder elegir, es un castigo moral hacia nosotras. Dentro de las pocas posibilidades de elección que tenemos en este sistema, aún así lo seguimos eligiendo.

Será una cuestión de costo-beneficio, horas de laburo y plata que hacemos. Es el mismo  razonamiento que hace cualquier persona para continuar en su laburo. Lo elige porque lo necesita también. Si lo sigue ejerciendo es por una cuestión de que necesita la plata y prefiere conseguirla así.

—¿Por qué no contemplar el trabajo sexual como una elección ?

—A la sociedad le parece indigno lo que nosotras hacemos. Bueno, que se imaginen cómo lo estamos haciendo: de manera ilegal, perseguidas por la policía, nos matan y ni siquiera tenemos derecho a un juicio esclarecedor, o a que se haga justicia. Estamos a merced del chantaje y la violencia institucional continua. No tenemos ninguna herramienta de seguridad más que las redes que armamos nosotras mismas.

—¿Se podría decir que la frase que las representa es “trabajo sexual legal”?

—Trabajo sexual legal y con derechos laborales, y con alternativas reales para quienes quieran dejar de ejercerlo. No estamos discutiendo en equilibrio, supuestamente nos quieren salvar, y en realidad nos persiguen. Y eso no sirve, no queremos hacer un curso de peluquería o de carteras recicladas. Es real que hay compañeras que quieren dejar de ejercer, pero la realidad es que el Estado no brinda salidas reales al verdadero problema: la expulsión constante. El abolicionismo está en el poder y tiene el lugar y las bancas dentro del Estado. La ley de trata vigente sigue persiguiendo a las compañeras que estamos laburando en un lugar. La que figura en el alquiler del lugar que usamos para laburar, figura como tratante. Y las compañeras que están ahí, como víctimas, cuando eso no es así, tienen que firmar como víctimas aunque después se declaran autónomas.

Hace algunas semanas, la cantante Jimena Barón lanzó su nuevo videoclip “Puta” poniendo sobre la mesa una discusión que no parece acabar nunca, ¿cómo ves que mediante una figura pública se reavive la discusión entre abolicionistas y trabajadoras sexuales?

—Lo de Jimena Barón obligó a instalar el tema en la agenda nacional, que para mí es súper positivo, porque lo venimos tratando de visibilizar hace mucho tiempo. Está bueno que se debata, lo negativo es la cantidad de información errónea que maneja la sociedad en general. Quienes salen a hablar, porque están habilitadas por los propios medios, desinforman a la sociedad en su conjunto. El estigma moral lo sufrimos desde siempre, no es real que hay un interés genuino o una preocupación por las personas que pueden estar siendo explotadas. No es inocente confundir eso, tienen las herramientas para separar y no lo hacen.

—Uno de los argumentos de quienes atacan el trabajo sexual es plantear la trata de personas como único nexo, pero ¿es así?

—Trabajo sexual no es trata. Quienes trabajamos de esto somos personas mayores de 18 años que queremos, elegimos el trabajo sexual para ganarnos nuestra plata. Generan una desinformación total y una construcción en la sociedad errónea. Nosotras no tenemos la oportunidad de hacernos escuchar por la sociedad en su conjunto, salvo contadas ocasiones, los medios no nos llaman, no nos preguntan. Cuando se refieren a la oferta sexual mediante papeles o volantes, también atacan nuestras posibilidades de laburo. Detrás de cada papel hay una compañera que tuvo que pagar por ese volante, que también le tiene que pagar a alguien para que lo difunda. Y que comparen a esos papeles con una red de trata, no es inocente. Ellas saben que no es así. ¿Quién va a pensar realmente que una red de trata va a desplegar su número de teléfono por toda la ciudad? 

—Las trabajadoras sexuales sostienen que la discusión es porque se relaciona al trabajo sexual con la explotación, ¿vos, autodefinida como autónoma, que tenes para decir respecto a esto?

—Explotación hay en todos lados. Nadie piensa en abolir la actividad textil o rural o doméstica, sólo a nosotras nos señalan como tratantes. Cuando las empleadas domésticas se organizaron y reclamaron por sus derechos, nadie fue a reclamarles o pedirles explicaciones de porqué exigían más derechos. Me imagino que nadie elige eso, pero la solución está en perseguir o en ampliar derechos. Lo que molesta es que trabajemos con nuestra pija o nuestra concha, esa es la verdad. No entiendo por qué a nosotras nos persiguen, sólo queremos trabajar.

Las putas por sus derechos

Foto: Paula Peña

Merlina milita en El Yire, una organización de trabajadores sexuales y aliades, que lucha por el reconocimiento de los derechos laborales. Según explicó Merlina, la prioridad es “el territorio”. “Nos referimos a recorrer las calles/zonas donde trabajan las compañeras, y desde ahí poder acompañar las situaciones de emergencias que surjan”, remarcó. Además, desde el año pasado, El Yire coordina una “murga puteril” que ensaya todos los sábados. “Este no solo es un espacio recreativo disidente, sino también es un espacio para conocernos y acompañarnos entre les trabajadores sexuales desde otro lugar”, agregó.

Las personas que militan en la organización participan de charlas en diferentes instituciones, con el objetivo de visibilizar las emergencias del colectivo y de sensibilizar a profesionales o futuros profesionales para que en el ejercicio de su profesión (sean médicos, psicológos, etcétera) puedan atender a los y las trabajadoras sexuales sin violar sus derechos y puedan responder a las demandas del colectivo fuera de la estigmatizacion, la victimización y la discriminación. “También participamos en asambleas y espacios feministas y disidentes para visibilizar la voz de las putas dentro del movimiento de lucha del cual nos sentimos parte”, concluyó Merlina.

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