El espacio de Salta casi Lagos, se erige como lugar de resistencia ante el vil lucro. Guitarreadas femeninas, compañerismo, y militancia social: “A las mujeres nos mata el patriarcado, y a los gurises pobres, las fuerzas de seguridad”, afirma la gestora Valen Druetta.

En calle Salta a metros del cruce con Ovidio Lagos, vereda impar, existe un espacio cultural, colaborativo, y autogestivo que abrió sus puertas hace apenas unos años. La Bartolina, que surgió en homenaje a la heroína del pueblo aymara Bartolina Sisa.

El espacio propone a lo largo de este mes una agenda con más de 60 mujeres trabajadoras de las artes (por el momento suspendida por la emergencia del coronavirus), cantautoras, intérpretes, bailarinas, escritoras y pintoras.

El Eslabón compartió una tarde-noche en este lugar muy transitado de Pichincha, un barrio que aún en el siglo XXI, conjuga oscuridades y resplandores, y mantiene en tensión la labor de trabajadores y trabajadoras con la especulación más ostentosa, como se ve en sus límites con el río, en lo que algunos llaman Puerto Norte.

En la tardecita de La Bartolina se puede curiosear desde la vereda, a través de los vidrios, a niñas y niños hacer acrobacias con un profe y estirar yoguísticamente, luego de unas cuantas piruetas. Hablando con los presentes, entre integrantes y amigos del lugar que van llegando, se pudo saber que estos chiques que se divierten haciendo trapecio, forman parte de una serie de talleres que se dictan, como así también canto acompañado, danza folclórica, y violín.

A la gran pintura de la virreina aymara, que se encuentra plasmada en la persiana de la fachada, se le suman dentro del lugar otros murales que apelan a la raíz folclórica y litoraleña de nuestra región. Entre afiches de actividades, sobresale el pedido de ¡Justicia por Carlitos!, el joven encontrado sin vida en el Paraná a fines de febrero, luego de ser echado por patovicas y agentes policiales del boliche Ming, en la Fluvial.

La noche convive con tristezas y alegrías, y nos presenta en el escenario los recitales de visitantes uruguayos –Amanda Mara y Nicolás Selves, con un gran trabajo guitarrístico y coral– y los locales Caro Condito y León Meottoy (bailarines) y Atamá, un trío que para esta velada se conformó como dúo: Vicky Durand Mansilla y Valentina Druetta, que comparten rasguitos y cantos. Hay silencios y lecturas precediendo a cada canción. También agradecimientos y empatía con el público, hay un tema propio que se destaca: Tatú del monte.

 

Foto: Javier García Alfaro

Un rato antes, en la trastienda, Valen Druetta dialogó con este medio junto a Paula Brusadín, que durante esa noche le toca estar en la barra.

“Somos compañeres que venimos trabajando en el arte, y que decidimos abrir un espacio así, porque creemos que hay que multiplicarlos”, dice la Valen Druetta, que hace 3 años es gestora cultural en este colectivo, a pesar de las dificultades que surgen para mantenerse: “Es difícil en cuanto a reglas y leyes, pero hay vericuetos que existen y que fuimos aprendiendo con el tiempo. El espacio también funciona de día, con talleres para niñes y adultos. Y hay un sentido cooperativo donde el fin es artístico y cultural, y las y los trabajadores del arte tienen un lugar para mostrar y hacer lo que quieran, sin los parámetros de «tenés que vender 70 o 100 entradas para poder tocar», como pasa en otros lugares llamados culturales”.

Paula rescata el grupo de jóvenes que, con muchas ganas y pocos recursos, logró reabrir un lugar que estuvo abandonado durante 10 años, con un trabajo que requirió cuestiones de habilitación y de construcción, como picar paredes y repintar todo.

“Lo empezamos en un año duro, a principios de 2016, con un nuevo gobierno (el de Cambiemos), que no nos daba mucha esperanza, y que con los aumentos de impuestos y tarifas provocó el cierre de muchos espacios culturales. Se generó desánimo pero a la vez también hubo resistencia. Cuando uno ve lugares cerrados, lo que hay detrás de eso es mucho peor”, agregó Paula.

La Bartolina, que está a metros del Club 1518, el sitio que ya anunció que cierra sus persianas por temas económicos y por inconsistencias de la ordenanza municipal, vive también en parte estas situaciones: “Se exige mucho y se garantiza poco”, reflexiona la Valen, y agrega: “La falta de la figura de centro cultural es una gran ausencia, nosotres tenemos dos habilitaciones: bar con elaboración, y espacio cultural, pero falta algo más integral. Cuando el fin no es el lucro, no pueden haber las misma exigencias. Entonces pensando en un paralelo, por ejemplo, los clubes de barrio han logrado por lucha que el estado no les cobre los mismos impuestos que otros lugares, nosotres pagamos lo mismo proporcionalmente que Rock and Feller y Johnny B. Good, y encima el trabajo es voluntario porque ninguno cobra, lo hacemos por militancia y por convicción. Decimos que se necesitan lugares humanizantes de encuentros, y no por el simple hecho de venderte un trago”.

La calidez compañera y el espíritu artesanal que llega hasta la cocina, donde las pizzas son de elaboración casera, acompañan la noche de La Bartolina. Mientras toca Atamá, se percibe que el silencio es una partecita de la música y de la escucha: “Me impresiona el silencio que se genera en este lugar”, admite Valen. “Lo milito como gestora. Es como un teatro, en un punto es un teatro con pizza rica”, dice, y se ríe junto a Paula. Esta última habla de cómo las ideas que imaginaron se pusieron en marcha: “No se dimensiona. A veces, en lo personal, tomo conciencia cuando una persona ajena, en el sentido que viene por primera vez, te hace una devolución”.

Y rememora los comienzos: “Estaba todo el lugar inmundo, en la pared había cosas raras, pedazos de durlock viejos, y aberturas amuradas. Las puertas tenían ocho manos de pintura”. Mientras atravesaban ese momento de reconstrucción, pensaban un nombre para el espacio.

“La Bartolina surgió por Bartolina Sisa –explica Druetta– una gran luchadora, compañera de Túpac Katari, también borrada de la historia, sí se conoce mucho en Bolivia donde hay organizaciones de mujeres que llevan su nombre”.

Y hablando de mujeres, son preponderantes en La Bartolina, algo que no fue moldeado sino que fue surgiendo según cuentan las entrevistadas.

Foto: Javier García Alfaro

En marzo, el espacio toma más intensidad con el ciclo de mujeres, donde más de 60 artistas ocupan la escena: “Cuando abrís una puerta aparecen mujeres que te vuelan la cabeza, como compositoras, como bailarinas, como artistas plásticas, como escritoras. Se me eriza la piel de pensarlo y no se puede creer todo lo que se está produciendo en Rosario”, subraya Valen, y resalta la vinculación entre las pibas: “Estos lugares potencian las posibilidades de hacer algo por otra, más allá de una misma. Este lugar se gestó con esa idea. Y la vez esto se da socialmente en un momento hermoso, y doloroso, porque estamos sufriendo como sociedad, por cómo nos están matando a las mujeres, y a los gurises de los barrios. Es una doble cara: a las mujeres nos mata el patriarcado; y a los gurises pobres los matan las fuerzas de seguridad. Hoy, nosotras, las mujeres, nos estamos organizando y se está abriendo un abanico de solidaridad y de cariño; y en el arte se está generando la oportunidad de crear desde otro lugar, que es magnífico. En las guitarreadas que protagonizan muchas mujeres se comparte la excelencia de las grandes cosas, por sobre la competencia. Ojalá surjan muchos espacios así porque faltan”.

La Bartolina está situada en Salta 2817, la entrada habitualmente es libre y gratuita y los espectáculos tienen la modalidad de pasar el sobre o la gorra. Y siempre se apela, cuando se culmina un show, a la conciencia del espectador.

Cierre hasta nuevo aviso por coronavirus

De acuerdo a lo anunciado por los gobiernos nacional y provincial en referencia a la circulación del Coronavirus, el intendente Pablo Javkin dispuso medidas adicionales que estarán vigentes desde el 16 al 31 de marzo inclusive, relataron este lunes desde el espacio cultural de La Bartolina confirmando el cierre del espacio hasta nuevo aviso.

 Suspensión de todas las actividades de las escuelas municipales.
 Suspensión de todas las actividades que se desarrollen en salas de teatro, cines, casino y salas de juegos, centros culturales de gestión privada, bares con amenización musical y todo otro tipo de establecimiento en los que se realicen convenciones y/o congresos.
 Suspender las salas de 3 años y las actividades regulares de los Centros de Convivencia Barrial, manteniendo abiertos los mismos para darle continuidad al acompañamiento socio alimentario.
 Suspensión de la actividad en los jardines maternales.
 Licenciar a todos los empleados municipales mayores de 65 años.
 Suspensión de todas la actividades recreativas y culturales organizadas por la Municipalidad y que se desarrollen con la participación de adultos mayores.
 Fijación de horarios de atención específicos para mayores de 65 para trámites en dependencias municipales y el Banco Municipal.

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Una agenda empoderada en La Bartolina

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