Mantené los 2 metros de distanciamiento - Provincia de Santa Fe

Yo no sé, no. Cuando íbamos a tercero, en nuestro curso apareció un compañero nuevo. Era de a unas cuadras de la escuela y recuerdo que muchas veces llegaba tarde a clases por estar “trabajando”, ya que cuidaba unas vacas de un tambo cercano. El pibe era medio cascarrabia, en la primera semana ya se había agarrado a las piñas tres veces y al toque lo identificaban como el “más malo que la Peste”. Y al tiempo le quedó Peste a secas. Para peor era medio rubio y la falta de jabón le hacía más evidente la mugre. Al tiempo era uno de los mejores de nosotros, conocía como ninguno donde había ranas, en cuál lagunita. Cuando se acercaba a la orilla de alguna, al mirar el agua nos decía: ésta está apestada, aquí no hay ranas. Eso sí, seguía siendo cascarrabia y en los picados era mejor tenerlo en el equipo. La verdad, era para ponerle Roña, pero le quedó Peste

Fue dos años con nosotros. Al tiempo el tambo se fue más lejos y a él no lo vimos más. Decían que a uno le quebró una pata porque éste le había matado un gato (en la casa tenía un par largo de felinos y decía que lo protegían de muchas pestes) y estaba en un correccional de menores. Otros decían que se fue para el lado del Puente Gallego, a trabajar en una chatarrería, y que esperaba a tener edad para ir a la nocturna. Pero antes de eso, una vez lo vimos limpio y perfumado en un baile y kermés que se hizo para juntar guita para que un pibe amigo pueda viajar con el curso y conocer Buenos Aires. Recuerdo que hizo de todo, antes y durante el encuentro, para juntar plata para el amigo. Justo él, que decía siempre: “yo voy a conocer la Capital antes que ustedes”, quizás se quedó con las ganas.

Pasaron unos años y una tarde, volviendo de una villa del oeste de Rosario, donde le dábamos una mano a los de la JP, Pedro me dice: mirá este piberío con qué entusiasmo agarran el lápiz y el cuaderno. ¿Sabés qué?, siento que nos estamos vacunando, que sus sonrisas nos limpian las manos, que sus abrazos nos sacan la mugre individualista que aún nos queda. Por eso hoy, cuando nos acechan nuevas malarias, con Pedro nos acordamos del Peste. Y sabemos de la más jodida peste que hoy sufrimos, esa que los miserables del poder económico le siguen dando vida para que, con la exclusión de la mayoría, puedan seguir gozando de sus privilegios. Pero no sé, prosigue, quizás con algunos contagios como meter la idea de proyectos nacionales y populares, la mugre, esa mugre individualista, sucumbe. Mientras miramos unas pibitas contentas, que le dan de comer a unos gatitos con parte de los sanguches que les dieron en la escuela, Pedro me dice: “Esto es como un jabón que te aleja de la peste.

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