En un sentido posible la idea de grupos de riesgo elabora un modo de lo que en psicoanálisis se llama denegación. Construir un supuesto grupo sobre el que se transfieren todos los aspectos negativos, permite la ilusión de salvarse del peligro para la vida que impone la pandemia. Es decir, más allá de los cuidados que deben tomarse, lo más peligroso de instituir esta imagen de grupos de riesgo, en este caso los adultos mayores y quienes tengan patologías de base (co-morbilidad), es que esto impone la imaginaria y peligrosa ilusión de poder estar por fuera del peligro. Allí radica toda la operación de denegación.

El sentido que posee este término en psicoanálisis es el de afirmar algo mediante su propia negación. Es decir, al aceptar –muchos de nosotros– la existencia de los llamados grupos de riesgo, se acepta la amenaza (o el riesgo de muerte) pero en el mismo acto se aleja esta amenaza hacia el campo del otro. Resulta paradójico que, a la vez, ese campo del otro no es tan lejano como pudiera pensarse, esos otros son nuestros padres, nuestros abuelos, tíos, vecinos, amigos, maestros. ¿Habrá cómo mitigar el dolor de ciertas pérdidas?

El cuidado por todxs. Contrastes

En psicoanálisis el terror –el pánico–, se relaciona siempre con lo inesperado, con aquellos acontecimientos que sorprenden al sujeto y lo encuentran sin estar preparado para enfrentar la situación en cuestión, que podría convertirse en traumática. Además, el terror –pánico– actúa paralizando al sujeto también en sus posibilidades elaborativas, en el sentido en que la subjetividad es exigencia de elaboración de lo acontecido. Alguien en pánico no puede responder. En este caso tomaremos las palabras del Papa Francisco quien aseveró: “Nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa”. (Ver nota en Redacción Rosario) Por eso, una de las principales preocupaciones por parte de las autoridades es la de evitar el pánico; ya que si se nos permite extender las consideraciones anteriores al cuerpo social, es posible advertir que el conjunto podría actuar de la misma forma en la que lo hace el individuo. El pánico puede paralizar las respuestas sociales al problema que enfrentamos.

Así cabe analizar y contrastar las tempranas medidas adoptadas por el gobierno nacional argentino (ejemplo replicado en las provincias) para contener el mayor tiempo posible la circulación del virus.

Aquellas primeras medidas se articulan con las que se resolvieron luego, conformando una respuesta que se observa como armónica. Esta respuesta a pesar de que no es unívoca, se fue profundizando a través del tiempo con la nueva información disponible. Así, incluso medidas que pueden resultar odiosas o incómodas se entraman en una línea de sentido planteada y con un claro desarrollo y planificación en el tiempo.

Por el contrario, preocupa que no parece suceder lo mismo en otros países de la región, en especial en Brasil, que sigue aún sin decretar la cuarentena obligatoria, pero a la vez está acondicionando el estadio Maracaná como un improvisado hospital. Así desde Nuestra América aparecen imágenes contradictorias. La resistencia obstinada del gobierno central brasileño –lo que se puede interpretar como dedicada estupidez neoliberal–, no sólo pone en riesgo sanitario a la población del vecino país. Impide, enviando mensajes contradictorios, que se construyan las bases para que la población comprenda o incorpore los motivos que exigen ciertas decisiones extremas. Se intuye allí el riesgo que supone una reacción tardía y rígida, sin medidas anteriores que la justifiquen, es decir sin haber tomado medidas intermedias y hasta preparatorias teniendo en cuenta los aspectos subjetivos que están en juego. Quedará para el futuro cómo se resuelva esta difícil situación.

Deuda con ángeles anónimos

Cuando el sargento Cruz se baja del caballo para enfrentar una injusticia que le resulta intolerable, ¿sabe acaso de su destino? Al decidir jugarse la vida, al decidir dejar atrás un pasado que lo hace cómplice, Cruz indica el camino por el que muchos argentinos y argentinas deciden transitar en este absurdo presente. “¡Cruz no consiente/ que se cometa el delito/ de matar así a un valiente!” (José Hernández, 1872). Estos versos resuenan en la memoria colectiva y signan la potencia del espíritu que decidido a resistir lo hace a pesar de conocer la austeridad del anonimato.

Hoy y desde hace días, miles de argentinos y argentinas se levantan cada mañana, o amanecen sin dormir, conformando esa fuerza colectiva que desde las primeras líneas enfrenta la pandemia. Algunos y algunas lo harán con mayor o con menor afán, sin poder compartir el mate con ellos o con ellas, sin poder abrazarnos… duele pensar que tal vez algunos se marcharán sin despedirse de nosotros, ya que tal vez algunos mueran.

Enfrente, muy enfrente, el mal ejemplo, la mala educación, encarna en la profunda miseria neoliberal. Algunos empresarios pretenden aprovechar la actual situación de catástrofe que todos estamos atravesando, para dejar sin sustento a miles y miles de familias. Reduciendo la vida a columnas y a números, a costos y a porcentajes, pretenden imponer su lógica evitando advertir en esos números a los hombres, a las mujeres, a los niños, a las familias; a los que con la desocupación se estaría condenando a una muerte -por lo menos- simbólica o a la desesperante exclusión, que no es lo mismo pero es igual.

En este punto, el autor se permite poner a consideración la siguiente propuesta: que todos debemos seguir el ejemplo del sargento Cruz, que no podemos permitirlo, que no debemos, que si hay quienes enfrentan al virus en las trincheras de avanzada, nosotros debemos desde cada uno de nuestros hogares, impedir que todo siga como si nada, que todo cambie para que nada cambie. La fortaleza y la decisión con la que el presidente Alberto Fernández ha hablado en la reciente reunión del G20 no puede quedarse en buenas intenciones, pero sólo podrán instituirse nuevos modos del lazo social si todos acordamos no permitir la ignominia, la injuria, que ciertas decisiones empresarias -viles, mezquinas- significan. Y sobre todas las cosas decidirnos, a no dejar a nadie atrás.

*Psicólogo (Mat. 3875), Psicoanalista, docente en la UNR, delegado Gremial Coad.

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