En Brasil hay dos pestes mortales. Una es, aparentemente, natural. La otra, en cambio, fue el resultado de la decisión de 57.797.456 de brasileñas y brasileños, que en 2018 lo votaron. Mientras casi todos los mandatarios del mundo están por estos días endureciendo las restricciones y extendiendo los periodos de cuarentena para intentar frenar el virus, Bolsonaro pretende hacer lo contrario. Sus declaraciones causaron indignación en la población (que sale todos los días a los balcones a cacerolear) y también entre los dirigentes, incluso los que alguna vez lo apoyaron. Se baraja, incluso, la posibilidad de juicio político. Pero las posibilidades de que se pueda concretar son muy remotas.

La vida de los pobres, los pueblos originarios, y de los millones de brasileños y brasileñas que viven en favelas, sin agua y sin las mínimas condiciones de limpieza y salubridad, están en serio peligro.

Pese a su racismo, su xenofobia, su homofobia, su machismo feroz, su permanente apología de todas las formas de la violencia, pese sus declaraciones siempre genocidas y su apoyo explícito a la represión y la opresión, hasta hace quince días Bolsonaro contaba, según las encuestas, con un apoyo a su gestión de más del 30 por ciento.

Habría que ver cuánto apoyo conserva después de decir cosas como las que dijo en los últimos 20 días, en tres mensajes en cadena nacional que pasarán a la historia universal de la infamia. Para Bolsonaro, solo se trata de un “resfrío” o una “gripecita” que no justifica parar la economía de un país.

Según la particular teoría del mandatario, que se da de patadas con todas las afirmaciones de los especialistas y la Organización Mundial de la Salud (OMS), el coronavirus “pasará pronto” y por consiguiente la vida «debe continuar».

“El virus llegó, y pronto pasará. Nuestra vida tiene que seguir. Los trabajos deben mantenerse. Se debe preservar el sustento de las familias. Debemos, sí, volver a la normalidad», agregó.

“Algunas autoridades estatales y locales deben abandonar la prohibición del transporte, el cierre del comercio y el confinamiento masivo. Lo que está sucediendo en el mundo ha demostrado que el grupo de riesgo es el de las personas mayores de 60 años. Entonces, ¿por qué cerrar las escuelas?”, señaló el mandatario, según reprodujo el diario brasileño O Globo.

Mientras el presidente decía tales cosas, estallaron cacerolazos en San Pablo, Río de Janeiro, Salvador, Porto Alegre, Recife, Belo Horizonte y Brasilia.

“Son raros los casos fatales de personas sanas menores de 40 años. El 90 por ciento de nosotros no tendremos manifestación (de la enfermedad) si nos infectamos. Debemos estar extremadamente preocupados por no transmitir el virus a otros, especialmente a nuestros queridos padres y abuelos», dijo el mandatario.

En la tercera cadena nacional desde que surgió la crisis, Bolsonaro volvió a minimizar el coronavirus, y además se puso como ejemplo de “deportista con buena salud” a sí mismo: si se llegara a contagiar, dijo, sería apenas “una pequeña gripe o un pequeño resfrío”. Por lo cual, según el ex militar, todo se trata de “una ola de histeria y pánico creada por los medios”

«Son raros los casos fatales de personas sanas menores de 40 años. El 90% de nosotros no tendremos manifestación (de la enfermedad) si nos infectamos. Debemos estar extremadamente preocupados por no transmitir el virus a otros, especialmente a nuestros queridos padres y abuelos», señaló el líder ultraderechista.

La consultora de riesgo político internacional, Eurasia Group, consideró que el mandatario brasileño es el dirigente más “ineficiente” del mundo para lidiar con el coronavirus.

“Si bien tiene muchos competidores en el mundo, el líder más ineficiente para dar respuesta al coronavirus es el presidente brasileño Bolsonaro”, aseguró Ian Bremmer, titular de la consultora estadounidense Eurasia Group.

El analista mencionó las críticas lanzadas por Bolsonaro contra gobernadores de San Pablo y Rio de Janeiro que determinaron el cierre de comercios, limitaciones al transporte y otras medidas contra la diseminación del virus. “Este fin de semana él (Bolsonaro) ha atacado a gobernadores que están ordenando bloqueos de actividades», observó Bremmer.

Los especialistas ven un panorama sombrío

En el marco de una entrevista a O Globo, el cirujano y profesor de la Universidad de San Pablo, Miguel Srougi, de 73 años, ofreció un panorama ominoso que se condice con lo que ya está sucediendo en decenas de países del mundo.

“Los pobres morirán en las puertas de los hospitales”, señaló el especialista, haciendo hincapié al hecho que preocupa al mundo: el colapso del sistema de salud. “Los centros médicos ya están reduciendo el número de cirugías electivas para poder hacer frente a la demanda”, aseguró Srougi.

El especialista cuestionó con dureza la manera en que el gobierno de Bolsonaro manejó la crisis por la pandemia del coronavirus COVID-19 y anunció un panorama desolador acerca de lo que ocurrirá en Brasil en las próximas semanas cuando se vaya desarrollando el brote y la enfermedad alcance a una porción mucho mayor de la población.

“Los que más sufrirán son los pobres, los más vulnerables. Morirán a las puertas de los hospitales, no podrán entrar, y mucho menos recibirán un tubo para respirar y sobrevivir a la neumonía. Los pobres morirán en la acera”, auguró Srougi.

Los hospitales se están preparando para recibir pacientes y en áreas específicas, los profesionales de la salud son muy competentes y lo están haciendo bien. Pero como vamos a tener un aumento en los casos, esto puede afectar mucho”, señaló el médico al tiempo que hizo referencia a otro de los problemas causados por las políticas neoliberales, la reducción del presupuesto en Salud.

“En los últimos diez años, se eliminaron entre 40 mil y 50 mil camas del Sistema Único de Salud en el país por falta de recursos”, afirmó.

Según Srougi, el sistema de salud de Brasil “está roto, degradado en un país que lo necesita tanto”.

“Los gobiernos que recurren a hospitales privados tienen una lógica, pero ninguno de ellos transformará sus estructuras costosas y complejas en hospitales de campaña. Pero ciertamente tendrán que colaborar”, agregó el especialista.

“Aquí en Brasil estamos asistiendo a este proceso como espectadores, en el mundo entero gente muriendo, todo el mundo asustado y Brasil optimista. Las autoridades ya no hablan sobre el número de muertes, casos, sino sobre la fabricación de camas de hospitales. Tenemos ejemplos emblemáticos. Estas medidas no curan la pandemia, que solo se resolverá cuando descubran un medicamento o una vacuna. Brasil pudo observar lo que sucedió en China e Italia, y perdió tiempo para preparar, por ejemplo, la transformación de fábricas para fabricar respiradores”, agregó.

“Hay personas en el gobierno federal que están coqueteando con la oscuridad. El presidente, de manera incompetente e inmoral, despreciaba la gravedad de la pandemia, pensó que con palabras podría desviar la atención popular y evitar un hallazgo obvio: el colapso de la asistencia médico en Brasil, especialmente la de los más necesitados. Los grupos que estén mejor posicionados socialmente sobrevivirán porque tienen mecanismos de defensa más fuertes”, concluyó.

 

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