Primero, hace quince días, el presidente de EEUU, Donald Trump, minimizó la gravedad de la pandemia y decidió no disponer de una cuarentena a nivel nacional. Esto le valió un duro enfrentamiento con gobernadores y alcaldes, incluso de su propio partido, que sí ofrecieron una respuesta más a la altura de las circunstancias. Luego de recibir el asesoramiento de especialistas, que le hablaron de una cifra de 100 mil a 200 mil muertos “si se toman medidas estrictas y tienen éxito”, Trump cambió su postura, pero no tanto, y siempre pensando en la economía. “Esperamos dos semanas muy difíciles”, dijo el mandatario estadounidense durante un discurso en el que asumió explícitamente que, si finalmente se producen más de 100 mil muertes, será porque él y sus funcionarios “hicieron un buen trabajo”.

Por frases como esta, Trump se convierte en el vocero de los neoliberales y de las formas más brutales del poder corporativo y la derecha. Se anima a decir, y hacer, lo que otros, atados a la corrección política, también piensan y hacen, pero callan.

Desde un principio dejó claro que los intereses de las grandes corporaciones están primero. Y si eso les cuesta la vida a 100 mil, 200 mil, o incluso más, “¡Good job!”, famosa expresión en inglés, que Trump incluyó en uno de sus discursos. Además de significar “buen trabajo” se utiliza como una auto-felicitación, una suerte de “tarea cumplida, lo hicimos bien”.

También recurrió al triunfalismo inverosímil, que los números desmienten: “El virus no tiene ninguna oportunidad contra nosotros. Ningún país está más preparado que EEUU”, dijo el 11 de marzo.

Más muertos que en el 11-S y Pearl Harbor

Durante los atentados del 11 de septiembre de 2001 murieron 2.977 personas. En el ataque de Japón a la base estadounidense de Pearl Harbor en Hawái (en 1941, Segunda Guerra Mundial) cayeron 2.403 soldados.

El coronavirus ya mató a casi 5 mil estadounidenses. Hay más de 250 mil infectados. Y superó largamente las 3.500 muertes registradas en China.

Trump anunció inversiones, pero no en salud. Dos billones de dólares en infraestructura, “para dar trabajo a los estadounidenses”.

Existe una enorme grieta en EEUU. El gobierno nacional no está trabajando en forma coordinada con las administraciones estatales y municipales. Esto causa gran confusión en la población: las medidas no están claras (tienen vigencia en ciertos lugares y no en otros), y el resultado fue un brutal avance de la enfermedad. El epicentro de la pandemia, además, pasó de Europa a EEUU.

California y Nueva York, los estados más poblados de ese país, sí avanzaron con medidas de aislamiento relativo. Pero tarde, y en forma parcial, y entrando en contradicción con las medidas del gobierno federal.

En California, por ejemplo, las medidas son débiles, ya que las autoridades no pueden aplicar sanciones ni retener vehículos a quienes no respeten la consigna de “quedate en casa”. Este estado comenzó con las restricciones cuando registró mil casos positivos. La medida afecta a 46 millones de personas, que sólo pueden salir de sus casas para tareas imprescindibles como comprar alimentos o remedios. Pero sí pueden salir a hacer ejercicio mientras mantengan una distancia de aislamiento social.

Nueva York es el epicentro de la enfermedad en el país. El gobernador dispuso el aislamiento total hasta el 12 de abril. Desde que se anunciara el primer caso en el estado, el pasado 1 de marzo, ya hay más de 85 mil casos registrados.

A esto se suma la debilidad, y el carácter comercial, del sistema de salud pública de EEUU. Más de 40 millones de habitantes carecen de cobertura. Y otros 30 millones tienen una muy deficiente, que no les cubre casi nada.

En ese país la salud es cara. Muy cara, y para muy pocos. El test para determinar si alguien posee coronavirus se llegó a cobrar entre mil y 3 mil dólares.

Si la persona está enferma y necesita tratamiento, puede llegar a pagar entre 8 y 10 mil dólares por 6 días de internación, con seguro médico.

Sin cobertura en salud, el tratamiento puede costar 60 mil dólares o más.

15 Millones para capturar a Maduro

Mientras centenares de estadounidenses mueren sin atención médica, el gobierno de EEUU tiene otras prioridades. En conferencia de prensa, el 26 de marzo, el secretario de Justicia, William Barr, acusó al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y a varios de sus funcionarios de tener “vínculos con el narcotráfico desde hace más de 20 años”. Y ofreció una recompensa de 15 millones de dólares por su captura. Y diez millones por cada uno de otros cuatro funcionarios del gobierno bolivariano.

“Hoy anunciamos la presentación de cargos criminales contra Nicolás Maduro Moros por dirigir, junto con sus principales lugartenientes, una asociación narcoterrorista con las FARC desde hace 20 años”, anunció el secretario de Justicia, William Barr, durante una rueda de prensa virtual.

Los cargos contra la cúpula del gobierno en disputa de Venezuela denuncian, señaló Barr, que los acusados colaboraron con el grupo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), para “inundar” a EE.UU. de cocaína, entre otros delitos.

Los otros acusados en la corte del distrito sur de Nueva York son: Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente; el vicepresidente económico, Tareck El Aissami; el ex jefe militar Cliver Alcalá Cordones y Hugo Carvajal, ex director de los servicios de contrainteligencia del Ejército venezolano.

«Creo que los cargos hablan por sí solos; algunos son por narcotráfico, otros por lavado de dinero, todos por algún tipo de corruptela», sostuvo Barr.

 

Fuente: El Eslabón

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