El año 1920, hace cien años, fue un momento crítico para los trabajadores y las trabajadoras rosarinas porque continuaba el ciclo de huelgas iniciado en 1917 también en nuestra ciudad. Pero una contraofensiva de los sectores patronales apoyados por el Estado provincial y municipal de esa época se unieron para socavar los esfuerzos de la clase proletaria para cambiar el sistema político o por mejorar su situación.
En cuanto a las luchas obreras, el año había comenzado en febrero con una larga huelga de portuarios, uno de los sindicatos más fuertes de la ciudad, hasta el 30 de agosto con la denominada “masacre de la plaza San Martín” en la que murieron trabajadores que reclamaban al poder judicial la libertad de “presos sociales”, que era como se los denominaba por entonces.

Un ciclo de huelgas

En la disputa entre el capital y el trabajo, 1920 marcó un umbral porque fue un momento en el que el sector empresario logró comenzar a contrarrestar la protesta obrera local. La misma se había iniciado en junio de 1917 cuando los trabajadores ferroviarios iniciaron dos largas huelgas que se extendieron hasta octubre y significaron un gran triunfo de los trabajadores. Éstos no lo habrían logrado sin la clara participación de las mujeres del barrio Refinería que rodearon la empresa (en donde hoy está el shopping Alto Rosario), para que no ingresen los “crumiros” (rompehuelgas) a terminar con la medida de fuerza, además de enfrentarse a la Policía e ir casa por casa para convencer a las esposas de los trabajadores que dudaban de plegarse o no al paro.

Desde entonces, Rosario vivió una recomposición de instituciones sindicales cuyo número superaba la veintena y que ya contaban con más de 30 años de existencia. Sin embargo, los sindicatos o sociedades de resistencia estaban organizados por anarquistas que tenían como ideología la libre expresión de las personas por lo que muchas veces los sindicatos se conformaban en momentos de crisis pero luego se desmontaban cuando la situación se apaciguaba.

Los sindicatos estaban reunidos más o menos formalmente en la Federación Obrera Local Rosarina (FOLR) que compartía la idea del comunismo anárquico y uno de los sindicatos más fuerte era el de los portuarios. Otras organizaciones sindicales que demostraron su poder fueron las de municipales, la de obreras de Refinería de Azúcar y de tranviarios, entre otros.

Estos gremios fueron entrando en huelga constantemente durante esos años y lograron aterrorizar a la elite económica y política de la ciudad. Uno de los momentos de mayor temor se registró cuando la Policía, que no cobraba sus sueldos desde hacía seis meses, entró en huelga en diciembre de 1918, se reunió en el local de la Juventud Anarquista y marchó por las calles hasta que fueron enfrentados a los tiros por el Escuadrón de Seguridad en San Luis y Entre Ríos, dejando una decena de muertos.

Este ciclo de huelgas, también debe ser pensado en el marco internacional donde se estaba desarrollando la Revolución Rusa y los obreros y obreras del mundo creyeron que era el momento de provocar la revolución social que tire abajo un sistema económico que veían de opresión. Ejemplos de Alemania, Hungría e Italia, por nombrar a algunos, dan fe de ese impulso. En nuestro país también se registraron protestas, huelgas y movimientos que terminaron en enfrentamientos y masacres como La Semana trágica, en enero de 1919 en Buenos Aires, la masacre en el territorio de la empresa La Forestal y la matanza de trabajadores en La Patagonia, entre 1920 y 1921.

La Patronal

En ese marco, el sector empresario contrarrevolucionario ensayó respuestas y en esa época se formaron también las asociaciones patronales. La Federación Gremial de Rosario es un claro ejemplo de ello. En Buenos Aires, a instancias de los principales empresarios de la época Joaquín de Anchorena, Pedro Christophersen y Nicolás Mihanovich formaron la Asociación Nacional del Trabajo, una entidad que decía defender el trabajo de empresas argentinas aunque más tarde reconocieron que representaban también los intereses de grandes capitalistas extranjeros y se cambiaron el nombre a Asociación del Trabajo (AT).

La preocupación central de estos hombres de negocios era detener la protesta obrera porque no tenían intenciones en ceder parte de sus ganancias reconociendo derechos de los trabajadores. Con este objetivo, la AT difundía noticias falsas, adoctrinaba a los demás empresarios con menores recursos, reclutaba rompe huelgas para ocupar los puestos de trabajo cuando había paros y también enviaba a gente de poca honra a agredir a los obreros, en particular a sus dirigentes.

En gran medida, la entidad que en Rosario fue denominada La Patronal también ejerció presión, a partir de los medios de comunicación, a los gobiernos para que la Policía defienda sus intereses. También, la presión o la afinidad se dio con el poder judicial.

Una huelga desgastada

Hacia fines de febrero, los estibadores portuarios rosarinos entraron en huelga reclamando mejor salario y que el sindicato maneje la bolsa de trabajo. La cuestión era que todos los días, los trabajadores debían asistir a los portones de los distintos galpones del puerto a pedir trabajo. Si un capataz detectaba a un trabajador que quería hacer valer algún tipo de derecho, esa persona no era llamada más. Los portuarios eran quienes mejor jornal cobraban llegando a ponerse en su bolsillo entre 9 y 11 pesos diarios, mientras que en otros trabajos se alcanzaba apenas 2,50 diarios. En ese sentido, dominar el ingreso de trabajadores significaba controlar el ritmo de trabajo y la producción.

Apenas se inició la huelga, La Patronal decidió resistir cerrando un frente en varios sentidos. La prensa empezó a cuestionar la huelga y la relacionó con posibles atentados con bombas anarquistas. Los titulares hablaron del “complot de las bombas” y eso brindaba un argumento a la Justicia para detener o citar a dirigentes obreros.

Luego, la AT introdujo carneros en los lugares de trabajo traídos de Corrientes, Buenos Aires u otros puertos y de esa forma mantuvieron la producción y atacaron la moral de los trabajadores. Al mismo tiempo, provocaban y atacaban a hombres y mujeres obreras que hacían piquetes para impedir que otros ocupen sus lugares de trabajo. Hacia fines de marzo e inicios de abril el bloque patronal lanzaba solicitadas donde llamaba al trabajo a los portuarios.

Por último, la economía de los hogares de los huelguistas no resistió y se volvió al trabajo con grandes pérdidas de derechos y salario. La Patronal festejó pero no se detuvo allí, muchos dirigentes habían sido encarcelados.

¿Un golpe de gracia?

En los meses que duró la huelga se reeditó otra entidad de los trabajadores, el Comité Pro Presos sociales que inició el reclamo por la libertad de decenas de trabajadores encarcelados y acusados de diversas formas de crímenes. Entonces, la energía de la protesta obrera tanto de hombres y mujeres se canalizó en pos de sus presos. La Patronal creyó entonces que la pulseada había sido ganada sin embargo, el comité preparó el terreno para una nueva huelga en el mes de mayo que tampoco dio como resultado un éxito para los trabajadores.

Con ese nuevo paro derrotado, el gremio portuario de Rosario pareció entrar en declive y una vez más, a partir de la militancia por sus presos retomaron la iniciativa. Sin embargo, esta vez la respuesta por parte del Estado logró quebrar al movimiento. El 30 de agosto de 1920, trabajadores y trabajadoras portuarios o ligados a ellos realizaron un acto en la plaza San Martín. La movilización tenía como fin reclamar por la situación de los trabajadores presos porque preocupaba su encierro como las condiciones en las que se encontraban en la cárcel, justamente frente a la plaza en la Jefatura política.

Al mismo tiempo, al otro lado de la plaza se encontraban los Tribunales provinciales (donde hoy está la Facultad de Derecho) y hacia allí se encaminaron los reclamos hasta que desde las puertas de la institución de justicia salieron disparos que dieron muerte a dos trabajadores y provocaron el desbande general. Entonces sí, el gremio portuario entró en un declive de casi una década y los empresarios nucleados en la AT festejaron la “derrota” de los trabajadores.

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