Mantené los 2 metros de distanciamiento - Provincia de Santa Fe

Los programas de televisión se regodean con estadísticas que dan cuenta del incremento del consumo de psicofármacos por ansiedad, angustia y problemas para dormir; los memes se multiplican aludiendo al consumo de marihuana o alcohol. El desorden de los horarios, la suspensión de las rutinas, la implosión de los hábitos, todo lo que impuso un escenario que perturbó el cotidiano, hizo que el universo múltiple y complejo de los usuarios de drogas también se viera afectado.

Prohibición y aislamiento se combinan e impactan sobre el consumo de sustancias psicoactivas. Más que inventarse algo para eludir las restricciones, se hicieron más precisos y planificados los movimientos que antes se desarrollaban con mayor naturalidad. Quedarse parado en una plaza o una esquina, caminar de noche con las manos en los bolsillos, tener una mochila y una capucha: la emergencia da permiso para detener y requisar a todo aquel que permanece en la calle de forma mínimamente sospechosa. Porque la falta es simplemente estar ahí.

Eso, en sí mismo, ya es otra realidad: una excepción generalizada.

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“Lo que apareció en los grandes medios era que había un aumento en la ingesta de alcohol y otros fármacos -dice Andrea, psicóloga y trabajadora del Sedronar en Venado Tuerto-. No es algo que mi experiencia brinde como una certeza, tal vez sea distinto en las ciudades más grandes. Me parece que son construcciones que a veces distorsionan lo que es el consumo problemático, una situación que no es algo que se da de un día para el otro”.

El modo de trabajo en los barrios es semiremoto: realizan visitas domiciliarias y acompañamiento de las situaciones de vulneración de derechos más urgentes. Están acompañando las situaciones de los que transitan por el espacio ubicado en la zona sur de la ciudad, y pensando estrategias de coordinación con los dispositivos de salud y los centros comunitarios. A partir de cada situación, se diseña un plan de acompañamiento y se define la intervención más indicada. Cada uno de los espacios territoriales fue construido según las características del escenario al que se integraba, ya que abordan la problemática de forma integral e interdisciplinaria, por lo cual se adecúan a las demandas de cada territorio.

Los dispositivos que tienen servicio de alojamiento de usuarios continúan funcionando regularmente, así como aquellos que brindaban la comida durante el día. Lo que les sucedió a muchos es que se incrementó la recepción de llamadas: la mayoría son realizadas por familiares o referentes afectivos y están vinculadas a conflictos desatados a partir del aislamiento.

En el contexto de la pandemia, el objetivo es sostener desde la Sedronar las líneas de trabajo planificadas para este año. Una de ellas es el abordaje del consumo de alcohol en la sociedad. En ese sentido, Andrea detalla que se está trabajando junto a la Dirección Nacional de Salud Mental para crear una red nacional para dar respuesta a estas situaciones.

“Es toda una situación nueva y vamos creando las respuestas”, define.

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– Mira, lo que pude saber es que sí se vende. Menos, hay menos violencia, pero siguen los quilombos. Hay menos guita circulando básicamente. O sea, no es que hay menos violencia porque hay menos droga. Sino que es menor el movimiento, y más controlado.

El que habla es un “mininarco de pandemia”.

– El sueño del pibe -se ríe-. Ahora voy logrando mis objetivos.

La secuencia se simplifica: algunos que practicaban el autocultivo y tenían trabajos precarizados decidieron vender su propia cosecha entre conocidos. Cogollos exhibidos en Instagram. Es una forma de buscar recursos, como otros hacen barbijos diseñados o envían bebidas o viandas caseras. El precio varía entre los 500 y 300 pesos el gramo de flores.

Para llevar a cabo el emprendimiento, es necesario afinar toda la logística. Es un micronegocio espontáneo. Hay que coordinar con puntualidad para realizar las entregas. Uno de ellos grafica la situación: “Laburaba en el espectáculo, cobraba como monotributista y ahora está todo absolutamente parado, con perspectivas de ser los últimos en volver a un estado algo parecido a la normalidad”.

Junto a uno de sus hermanos, plantaron en la casa de la abuela, que queda en otra localidad cercana. Las plantas se hicieron muy grandes, así que mataron a dos y se quedaron con una. Cuando llegó la cuarentena, se frenaron los ingresos y empezó a quedarse sin plata.

– Entonces mi hermano me dijo que me mandaba algo para fumar y otro poco para vender. Me la trajeron en una caja, en bolsas selladas al vacío y con café. Las trasladó mi viejo sin saber que venía con marihuana. Ahora vendo lo último que me queda a ocho mil pesos el veinticinco o cuatro mil el medio veinticinco, para simplificar los manejes.

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Ignacio es uno de los trabajadores del DIAT, un Dispositivo Integral de Abordaje Territorial ubicado en Bulevar Seguí al 5440. Plantea que los dispositivos territoriales están limitados en su accionar, pero tratan de seguir facilitando recursos y acercarse a los que asisten regularmente al espacio.

“La problemática del consumo de sustancias es el contacto humano, y es el contacto con otros lo que puede brindar herramientas para liberar estos procesos de inestabilidad emocional y angustia que están muy limitados por esta cuarentena, por eso hay que pensar políticas específicas y contemplar dispositivos que ayuden y observen las particularidades de cada población”, explica, y apunta que el consumo para aquellas personas que venían utilizando sustancias va a continuar.

“Puede verse incrementado por el aislamiento, pero aquellos que son consumidores sociales probablemente elijan las sustancias que le permitan estar más cómodos y, en ese caso, cambien las drogas que consumen. Eso cuando hablamos de un consumo responsable, algo muy diferente al uso problemático, que es un mínimo porcentaje”, expresa, e indica que, para estos casos, el aislamiento puede ser un problema porque se dificulta el acceso a las sustancias.

En cuanto al funcionamiento del mercado de drogas, Ignacio manifiesta que disminuyó la cantidad de drogas y aumentó el precio. Para él, hay una cantidad menor de personas que las venden y también los métodos se adecuaron a la circunstancia.

“Hay quienes tuvieron que cambiar de dealer, y eso supone un riesgo asociado, porque no es lo que se acostumbra hacer”, detalla. El dealer nuevo, de tener a disposición, puede ofrecer otra sustancia. Y es en ese momento cuando se habilita el consumo de nuevas drogas.

“Por otra parte, ir a comprarla es un riesgo más por romper la cuarentena. Y si uno no quiere salir y decide stockearse, es un enorme peligro porque se expone a una causa de mayor complejidad. Esto se complica para aquellos que tenían antecedentes y pueden quedar en prisión domiciliaria, algo que tendrá efectos posteriores a la cuarentena. Tenemos que pensar una lógica de reducción de daños mucho mayor a la que existe actualmente. Porque para proteger la salud pública hay que tomar en cuenta a estos ciudadanos”, grafica Ignacio.

Riesgos comunes: la angustia grande que produce en los seres humanos este momento nuevo para todos. Los ámbitos de trabajo grupal o los espacios de contención se ven limitados en su funcionamiento, y eso deriva en una mayor inestabilidad: la soledad y la falta de contacto también incrementan el consumo. Las fuerzas de seguridad no están haciendo un trabajo específico, pero hay varios detenidos por violar la cuarentena. Los usuarios se exponen a esos procedimientos.

Desde dos fiscalías federales de Rosario confirman que las causas por narcomenudeo bajaron, aunque de forma mínima. “Si antes en 10 días había 40 causas, hoy hay 30”, dice una fuente que detalla que la caída pronunciada fue en las denuncias que se formulan y, por lo tanto, también las investigaciones para iniciar causas.

Uno de los trabajadores explica que no es posible hacer un relevamiento que arroje datos precisos sobre los nuevos mecanismos de distribución. Es demasiado prematuro: se trata de un fenómeno que está sucediendo.

“Eso lo vamos a ver en los próximos meses. Lo que sabemos es que varios de los hechos de flagrancia claramente son personas que están haciendo la función de distribuidores. Hay una dinámica de nuevas formas de comercialización, pero viene del 2013 y, fundamentalmente, desde el desembarco de Gendarmería en 2014”, añade.

La metodología de delivery se instaló bastante antes de la cuarentena. Fue un cambio surgido a partir de la caída de las organizaciones más grandes y el fin de los bunkers famosos, una de las particularidades del narco en Rosario. Y fue una modificación en las formas de comercialización: la cadetería.

Esta otra disposición significó para las organizaciones sufrir menores secuestros de mercadería y reducir los costos. En cuarentena, los casos de detenciones suelen ser pibes ubicados con mochilas en puntos estratégicos, al aire libre con flexibilidad para abastecerse.

Continúan, además, algunos puntos de venta domiciliaria. En algunos barrios, todavía rondan los empleados enfierrados.

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Zona norte. Llueve a cántaros. La gente va a buscar su bolsón de alimentos y llega empapada. Una de las señoras dice que tiene a la hija con fiebre. Se le llenó de agua la casa. Debe ser dengue.

“Allá en el fondo está haciendo estragos”, dice.

Otra de las otras mujeres le apunta: “Las obras de saneamiento están sin terminar”.

“O sea, ahora, menos”, resume la primera.

Ella detalla los motivos por los cuales está ahí: “Vivo con mis dos hijas, mi marido y mi suegra en una casita de cuatro por cuatro, al lado de mi casa hay un bunker, todo el día hay uno enfierrado en la puerta, las nenas no pueden salir ni a jugar a la vereda, no me pueden prohibir venir a entregar la comida”.

Las mujeres del barrio y la fuente en fiscalía federal coinciden en un punto: las investigaciones vinculadas a las drogas casi siempre son en los barrios.

Fuente: El Eslabón

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