Yo no sé, no. Cuando de pibe le daba trabajo a mi vieja hacerme dormir la siesta, decía: o dormís o hacé la tarea. Y uno elegía la tarea.

Con apenas 4 años, mi viejo se tomó el trabajo de enseñarme del 0 al 9 bien temprano, hasta en vacaciones en Mar del Plata. En realidad, mi hermana y yo de vacaciones, los viejos estaban por trabajo.

Cuando hicimos la primera cancha nos dio un trabajo: primero el yuyal bravo, también emparejar el terreno y después calcularle bien porque cerquita pasaba un sendero de bicis que se había hecho por los que iban y volvían del trabajo. En esa cancha, recuerda Pedro que jugaba de 4, un tiempo te daba trabajo la marca de los que jugaban de 11, rápidos y habilidosos, por lo cerca que estaban de la línea lateral «los ligustrines», ya que podías quedar abrazado a sus ramas.

Por aquel tiempo escuchábamos al relator del clásico decir “tremendo trabajo el que tiene hoy Jorge González para parar a Becerra”, como también –y no sólo en los clásicos–, “el trabajo que da el Chango Gramajo a cualquier 4 pasarlo, es increíble». Al tiempo, con nuestros primeros trabajos, teníamos como para ir a verlos a la cancha.

Cuando fuimos a la secundaria de noche, ahí más de la mitad de los estudiantes tenía un trabajo, por eso a Pedro, que algunos como Carlos que llegaba con el horario justo al Superior después que largaba el trabajo en el taller, no les pareció extraño la rama peronista estudiantil.

Eran los dos socialmente peronistas, y el trabajo político por ese ‘73 dio sus frutos: la incorporación de a miles de jóvenes a la militancia. Entre los que tenían trabajo en esos años, la principal disputa era que su salario tenga más valor, que la participación en el reparto de la torta fuera más grande, y así fue.

Hoy, en otro 1º de mayo , revalorizamos el trabajo. En estos tiempo, los trabajadores de salud, los de la educación –inventándose el trabajo de dar clases a distancia–, los que no pudieron parar, los que trabajan recogiendo la basura, los que trabajan produciendo y entregando alimentos.

Y bueno, me dice Pedro, hoy que nos cuesta tanto trabajo quedarnos en casa tanto tiempo, está bueno ponerse a trabajar el marote tranqui como para no embatatarnos. Lo que tiene que trabajar a «todo trapo» es el corazón, como las madres y padres que tienen pibas y pibes a su cargo, porque cuando vayamos saliendo, los problemas en el mundo del trabajo serán mayores, lo que significará todo un desafío.

Lo que tenemos en claro es que los trabajadores no pueden cargar sobre su espalda la recuperación, más de lo que lo hacen en la actualidad. Llegará algún momento en que la pongan los aristócratas del dinero. Esto me lo dice cuando volvemos de hacer unos mandados y mira la carnicería, casi vacía de clientes, y murmura: ya la volveremos a llenar, ese será uno de nuestros trabajos.

Fuente: El Eslabón

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