El sábado 2 de mayo debió haber sido la onceava marcha en favor de la despenalización de la marihuana, que, como viene sucediendo, tuvo su forma de hacerse notar en medio de la cuarentena global: copando las redes sociales e instando a que sea una jornada de películas, debates y recreación respecto a la temática. En la previa a la jornada, El Eslabón dialogó con Juan Merino, quien  cuenta cómo viene la lucha del Frente de Organizaciones Cannábicas Argentinas (Foca) en el que milita y repasa la historia de un movimiento que exige que se deje de perseguir a consumidores del cannabis recreativo y/o medicinal.

Juan pertenece al Club Cultural Cannábico “Casa Lumpen” de La Plata. El club empezó como Centro Cultural y luego le puso el cannabis a su ya de por sí jugado apelativo. Desde febrero de 2017 se sumaron al Foca, frente que se formó en esa fecha en una asamblea en la ciudad de Necochea.

“El frente está compuesto por más de 20 organizaciones de todo el país que nos reunimos dos veces por año en alguna sede de las asociaciones que lo componen” detalla Juan.

“Cada agrupación tiene una tarea en el territorio, en su jurisdicción que es promover el autocultivo”, dice, y explica que también los une la lucha por la legalización del cannabis y la consigna de “regulación del estado” que es donde apuntan las acciones para esta “marcha”.

“Se está pidiendo que se traten democráticamente en el Congreso los proyectos que ya tienen estado parlamentario y han sido presentados por diversas fuerzas políticas de todo el arco ideológico y poder regular el cannabis para todo uso y en todas sus formas”, señala.

Juan es usuario de cannabis y “viendo esto que sucede de tener que adquirirlo en el mercado ilegal o tener que exponerte a situaciones de riesgo por el tema del prohibicionismo y la ilegalidad decidimos con otros compañeros empezar a cultivar y en el año 2009 empezamos a hacer la marcha mundial de la marihuana en la ciudad de La Plata”. Esta sería la marcha número 11.

Respecto a la actualidad del movimiento dice que “se van sumando otras agrupaciones y compañeros, se sigue trabajando por la difusión del autocultivo que es la herramienta principal, es la parte central de nuestra lucha, poder tener la posibilidad de tener nuestras propias plantas en nuestros propios patios” .

La lucha “tiene que ver con el derecho individual, las libertades, ahí está anclado toda la lucha del movimiento cannábico, por conseguir ese derecho”. En los últimos años han tenido grandes avances a nivel global, “el cannabis ya no es una droga peligrosa, la OMS ha dicho que es una medicina”.

Desde las agrupaciones luchan “contra la estigmatización social, sobre la criminalización que produce la sociedad, o algunos sectores y los medios de comunicación que nos hacen ver como delincuentes por llevar esta práctica que también es cultural, porque el uso social que hacemos del cannabis es cultural y terapéutico”. Hoy se está discutiendo eso, pero los usuarios consideran que “falta una ley que lo regule para que todos puedan tener sus plantas”.

Hace unos años se aceptó el uso terapéutico a partir de la difusión desde una cadena de noticias internacionales (CNN) del caso de una niña que estaba tratando su epilepsia refractaria con un aceite que se hace en Estados Unidos. Un grupo de usuarios trabajó en conjunto con un laboratorio y lograron hacer una cepa -de cannabis- baja en THC y alta en CBD para el tratamiento de la epilepsia. “Hoy en día la ley medicinal 27.350 es la única forma que podés acceder al cannabis importándolo. No se puede cultivar y es una ley que no sirve para nada”, observa Juan.

Consumir y prohibir

“El prohibicionismo con la planta de cannabis tiene unos 80 años. Arranca en Estados Unidos en 1937”, dice y aclara que “Argentina por está en el lugar que está geopolíticamente adhiere a todas esas políticas que se toman desde los organismos internacionales”.

«La criminalización de los usuarios está al servicio del poder. Estigmatizar y criminalizar al obrero, al trabajador es una práctica muy común de los estados y lo van a criminalizar por sus usos y sus prácticas sociales culturales que en este caso son el cannabis (o marihuana) y los pueden allanar, detener y desprestigiar”.

Sin embargo, actualmente hay “dos fallos, Arriola y Bazterrica que hablan del Artículo 19 de la Constitución Nacional y que dice que puertas adentro de tu casa vos podés elegir qué sustancias consumir. Así y todo se sigue persiguiendo, pero siempre a los de abajo, a los más pobres, a los de menos recursos”. Y remarca: “El prohibicionismo es ese andamiaje cultural que tratamos de romper con las marchas y las campañas que hacemos de concientización, de conocer a la planta y difundir los conocimientos que se van logrando”.

Otra forma de movilizar

“En esta oportunidad nos toca una marcha virtual, una marcha que vamos a hacer con contenidos de todas las agrupaciones para que se vean ese día, vamos a proponer películas para ver, documentales de la problemática que abordamos”, cuenta Juan. Y sostiene que el movimiento cannábico se está organizando y crece día a día, “en el frente cada vez somos más agrupaciones, más organizadas, con más cantidad de gente y con mayores objetivos en conjunto”.

En diciembre, el frente tendrá su próxima asamblea y Juan augura que “se puede llegar a convertir en una Federación, con todos los grupos asociados, con personería, con vínculos para trabajar con los privados o con el estado en asesoramiento de cultivos y demás”.

Las marchas arrancaron en el ‘99 en Nueva York, pusieron como fecha para marchar el primer sábado de mayo, luego fue creciendo a nivel internacional y desde el 2009 la comunidad argentina tomó también esa fecha para manifestarse. La marcha se viene haciendo en muchas ciudades de la Argentina. “Cada organización de una ciudad, con los activistas, se juntan y organizan la marcha. Cada vez se suman más ciudades. No se va a poder ver este año por esta situación de la pandemia”, lamenta Juan.

 

Fuente: El Eslabón

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