En la madrugada del domingo 3 de mayo, una lancha con mercenarios colombianos, desertores de las fuerzas armadas venezolanas y ex militares estadounidenses intentaron desembarcar en La Guaira, zona marítima cercana a Caracas. El lunes por la tarde, en la zona de Aragua, otro grupo de atacantes intentó una nueva incursión. Ambos fueron repelidos y detenidos por las fuerzas de seguridad y por el propio pueblo venezolano, que los enfrentó con sus armas en la mano.

Se trató de una fase de la “Operación Gedeón”. Consiste en un ataque conjunto, que viene siendo planeado hace meses, y que reúne a desertores venezolanos, mercenarios y narcotraficantes de Colombia, y agentes de la DEA (Administración para el Control de Drogas por sus siglas en inglés), ex militares y contratistas de EEUU.

La ofensiva todavía está en marcha. Las Fuerzas Armadas Bolivarianas, junto a las milicias populares (pudo verse a pescadores enfrentar con sus armas a los atacantes), pudieron frenar una fase de una escalada que pretende ser mayor.

Se cree que otros mercenarios pudieron desembarcar y se encuentran prófugos. Estimaciones no confirmadas mencionan un número que podría a llegar a 56.

Hasta ahora, el saldo de la contundente victoria de la defensa bolivariana es de doce detenidos (tres de ellos estadounidenses) y ocho muertos.

Durante las operaciones se incautaron diez fusiles, una pistola Glock 9 milímetros, dos ametralladoras AFAG, seis vehículos terrestres tipo camionetas, una lancha con dos motores fuera de borda, dos cuadernos con detalles de la operación, teléfonos satelitales, identificaciones, uniformes, un casco con la bandera estadounidense, y cartuchos cargados de diferentes calibres, según reveló el ministro de Interior, Justicia y Paz de Venezuela, Néstor Reverol.

Los grupos armados, procedentes de Colombia, tenían previsto infiltrarse en territorio venezolano por vía marítima, utilizando como lugares de entrada las costas de Macuto, en el estado La Guaira (norte), y las costas de Chuao, ubicada en el estado Aragua (norte). El objetivo era generar desestabilización, asesinar miembros del gobierno venezolano y concretar un golpe de Estado, como aseguró uno de los atacantes, Colina Ibarra, en un video que circuló en las redes sociales.

Por su parte, el militar venezolano desertor Javier Nieto, en una entrevista a un medio en Miami, reveló detalles de la operación y dijo que el objetivo último es detener al presidente venezolano Nicolás Maduro y llevarlo a EEUU para ser juzgado por presuntos delitos de narcotráfico.

En fecha reciente, las autoridades estadounidenses formularon cargos contra el mandatario Maduro, a quien acusaron de liderar un grupo de narcotraficantes y ofrecieron una recompensa de 15 millones de dólares por su captura y llevarlo a territorio de EEUU para supuestamente ser juzgado.

Según informó el portal de Telesur, al frente del grupo armado se encontraba Colina Ibarra, así como el desertor Javier Nieto Quintero, y el director ejecutivo de Silvercorp USA, Jordan Goudreau, ex soldado estadounidense que estaría a cargo del entrenamiento de tres campamentos de desertores de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, y coordinados por el golpista venezolano Clíver Alcalá Cordones.

Fueron capturados además Rodolfo Rodríguez y Yerferson Fernández, ambos ex policías venezolanos desertores, según informó el presidente de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) de Venezuela, Diosdado Cabello.

El ataque se relaciona con la acción que fue desmontada el 26 de marzo en Colombia, donde participaba el militar venezolano prófugo Alcalá Cordones, que se encuentra actualmente en EEUU, y había confesado públicamente acerca de la operación que encabezaba.

Uno de los hombres que falleció en el intento de desembarco fue el ex capitán Robert Colina, conocido como Pantera, parte del grupo que Alcalá Cordones comandaba desde Colombia. Colina grabó un video unos días antes de iniciar el operativo, donde afirma ser el comandante del equipo número 3 de la Operación Gedeón, con el objetivo de realizar “capturas de los elementos que se encuentra perpetrando el poder de manera ilegítima”.

Asimismo, Cabello hizo referencia a la detención de otro líder de la operación armada contra Venezuela, Antonio Sequea, quien habría participado en el intento frustrado de golpe de Estado el 30 de abril de 2019. También fueron apresados, Gustavo Adolfo Hernández, así como los estadounidenses Luke Alexander Denman y Airan Berry.

El desertor Javier Nieto ratificó su participación en la operación, con el claro propósito de provocar un cambio de gobierno por la fuerza en Venezuela y abrir espacio a la “transición” como pretende el diputado opositor Juan Guaidó.

Según el fiscal general de Venezuela, Tarek William Saab, “surgieron evidencias contundentes” que vinculan directamente a Guaidó en esta operación, quien junto al golpista Clíver Alcalá Cordones, contactaron con la empresa de seguridad Silvercorp USA, con sede en Florida, “una contratista especializada en problemas irregulares, que presta servicios de asesoría a corporaciones en evaluación de riesgos, en negociaciones de casos de secuestros y extorsiones”, para emplear sus servicios ascendentes a 212 millones de dólares.

“El gobierno de los EEUU está implicado en esta incursión contra Venezuela”, aseguró el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, al tiempo que agregó que EEUU “decidió usar la cuarentena y la situación de la pandemia para ejecutar un ataque terrorista contra su país”

El presidente de Venezuela aseguró que “la DEA opera como un gran cartel de extorsión y coordinación de capos de la droga y para esta operación buscó carteles de la droga de Colombia”

Maduro explicó que “fue en la alta Guajira de Colombia donde se entrenaron los mercenarios, con instructores norteamericanos mandados por Trump, para que realizaran esta incursión armada”.

“La DEA buscó a los capos y carteles de la Guajira colombiana. Buscó a los capos y carteles de la Guajira venezolana, y de varios estados del país, particularmente de Falcón, La Guaira, Caracas y Miranda”, advirtió Maduro denunciando la alianza de la agencia estadounidenses anti-drogas con narcotraficantes de Colombia y Venezuela.

Según el gobierno venezolano, los dos estadounidenses capturados por los organismos de inteligencia del Estado “están vinculados a la seguridad del presidente de Estados Unidos, Donald Trump”.

La presión y el bloqueo pasó a su fase militar

Pese a que el gobierno de Trump pretende negar su participación en la operación militar contra Venezuela, el intento de incursión se produce en un contexto de aumento, en todos los frentes, de la presión del imperio sobre el país caribeño.

“Acabo de recibir información, nada que ver con nuestro gobierno”, dijo el martes Trump al ser consultado sobre lo sucedido en Venezuela.

Pero es evidente que el ataque militar estuvo precedido de un claro endurecimiento de las presiones económicas, las operaciones de prensa, y en medio de declaraciones muy significativas de los funcionarios que tienen en la mira a Venezuela.

Poco antes del ataque, el secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, afirmó que había dado instrucciones a su equipo de elaborar planes “para reabrir la embajada en Caracas ya que el cambio estaba cerca”.

Además, Trump firmó un decreto para activar las unidades y miembros individuales de la reserva activa en el operativo antinarcótico con uno de sus epicentros en el mar Caribe.

Por su parte, uno de los funcionarios estadounidenses encargados de desestabilizar a Venezuela, Elliot Abrams, insistió durante los días previos al ataque que “el círculo de Maduro se ha ido reduciendo, y que muchos se han acercado a negociar con el gobierno norteamericano para acordar el plan de transición propuesto por el Departamento de Estado”.

Tanto los golpistas venezolanos, como sus cómplices de EEUU y Colombia habían comenzado, una vez más, a vaticinar el principio del fin de Maduro.

“Sin embargo, la política norteamericana intenta no quedar asociada con las acciones como las sucedidas en la madrugada del domingo. No existe consenso interno para realizar este tipo de maniobras mercenarias en vista de la crisis que atraviesa el país por el covid-19”, aseguró Marco Teruggi, corresponsal de Página 12 en Caracas.

“La prensa norteamericana ha tenido un rol de crítica a las señales de guerra lanzadas desde la Casa Blanca, afirmando que un escenario de esas características sería un error y no tendría apoyo interno. La misma agencia Associated Press realizó un reportaje sobre la operación militar de Cliver Alcalá dos días antes de este nuevo intento, donde parte del objetivo fue desvincularlo de los gobiernos de EEUU, Colombia y de Juan Guaidó”, agregó Teruggi.

La tensión sigue. Y la alianza cívico-militar que repelió el ataque sigue alerta, vigilante y bien preparada para la lucha.

Fuente: El Eslabón

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