Un preinforme sobre “Igualdad de género y situación laboral de las mujeres en la Policía”, elaborado por la recientemente creada Subsecretaría de Bienestar Policial y Género del Ministerio de Seguridad, puso en datos lo que podía conjeturarse a ojo. El 52 por ciento de las mujeres sufrió algún tipo de violencia en una fuerza con “una cultura institucional fuertemente machista y sexista”; las mujeres sufren trabas en los ascensos; son sometidas a test de embarazos discriminatorios; padecen un “cupo” ilegal de ingreso; invierten parte de sus ingresos en cuidadores para sus niñas y niños; son jefas de familia y responsables de tareas domésticas.

El actual ministro de Seguridad, Marcelo Sain, cree que “uno de los cambios revolucionarios en la Argentina, con policías machirulas, es hacer reformas policiales con categorías de género”.

“Tenemos que incorporar la revolución feminista a la institución policial”, dijo el funcionario en esta entrevista con el eslabón, en la que aseguró que en la gestión anterior se estableció un cupo de hecho para el ingreso de mujeres a la fuerza. “¿Por qué? Porque (el ex ministro del área, Maximiliano) Pullaro es machirulo”, afirmó.

“Nosotros estamos demostrando que las mujeres policías tienen un rol clave en esta institución. Hemos promocionado a altas jefaturas de unidades importantes a jefas que ocupaban lugares irrelevantes en la fuerza”, explicó Sain.

“Hoy en esos lugares de conducción están desarrollando un trabajo impresionantemente eficaz. ¿Cómo puede ser que estas altas jefas policiales que ocupaban lugares irrelevantes hasta noviembre del año pasado, hoy tengan semejante capacidad de gerencia policial?”, se preguntó retóricamente, para responder: “Estaban excluidas de las estructuras de poder, porque la de Santa Fe es una policía machirula. Y nosotros tenemos que revertir eso”.

Los números lo confirman. De acuerdo al mismo preinforme, de los poco más de 21 mil efectivos que integran la Policía de Santa Fe, el 35 por ciento son mujeres (censo 2016).

Cuando se analiza la escala jerárquica, se observa el resultado de una “cultura institución fuertemente machista y sexista”, como plantea el documento.

“Así, mientras que en el escalafón de Sub-oficial las mujeres representan el 43,8 por ciento del personal de ese grado, en el grado de Oficial representan el 30,7 por ciento, en el grado de Sub-inspector el 18,9, en el grado de Subcomisario representan sólo el 2,9 por ciento, en el de Comisario el 1,2”, grafica el preinforme.

“En tanto que –amplía– en los restantes cargos jerárquicos – Comisario Superior, Inspector, SubDirector, Director, Director General- no alcanzan el 1 por ciento”.

Regresamos a Sain: “Queremos empoderar a las mujeres dentro de la institución. También hay muchas mujeres machirulas dentro de la policía, que no se reconocen como tal, que se han tenido que masculinizar para poder sobrevivir en esta institución”.

Para el ministro, eso “no es diferente de muchos sectores sociales, pero nosotros tenemos que incorporar la revolución feminista a la institución policial”.

De acuerdo a la información del Ministerio, la discriminación negativa por género no solo se expresa en los altos mandos de la fuerza de seguridad. “Las mujeres ganan menos que los hombres, porque están en lugares que no reciben plus, no ocupan las mejores categorías”.

También la incorporación de nuevos miembros revela el carácter machista de la institución. “Un elemento que hizo la gestión progresista de la última etapa. En la última incorporación policial se presentaron para ingresar un 65 por ciento de mujeres del total de inscriptos. Y sin embargo Pullaro tomó la decisión de que solo ingresara un cupo de 30 por ciento de mujeres. ¿Por qué? Porque es machirulo”, cuestionó Sain.

Por si hacía falta, explicó: “No hay ninguna explicación técnica que indique que la mujer no puede desarrollar las mismas labores o tener mejores desempeño que los hombres”.

“En el peronismo tenemos rubios y negros”

Una consulta acerca de si todos los sectores del peronismo estaban de acuerdo con la reforma policial que impulsa para democratizar y profesionalizar la fuerza de seguridad, disparó en el ministro de Seguridad, Marcelo Sain, un análisis sobre los peronismos realmente existentes. Él se ve representado en uno de los rostros que ofrece ese magma político que irrumpió hace 70 años en la Argentina para cambiarla drásticamente, y cuyos sucesivos anuncios de muerte no hicieron más que alimentarlo todo este tiempo.

“El peronismo es muy heterogéneo. Como decía Perón, estás los heterodoxos y los ortodoxos. En el peronismo tenemos rubios y tenemos negros”, abrió el ministro, que además de técnico en su materia es político.

“Hay un peronismo cheto, desde los ‘90 se fue consolidando, un peronismo de factores de poder, que se peina con gomina, de las grandes corporaciones. Es el peronismo de los factores de poder que se olvidó de los barrios populares”, asegura Sain.

Y agrega que “Néstor Kirchner vino a romper ese peronismo y lo hizo con las mismas estructuras políticas y sindicales que convalidaron el menemismo, que fue la versión cheta del peronismo y dejó un tendal de 50 por ciento de pobreza en la Argentina”.

“Mi lectura es contraria a ese peronismo cheto, pacato, de barrio Norte. A mi modo de ver eso fue antiperonismo. Pero debo reconocer que a muchos peronistas les gusta esa visión, digamos del peronismo empresarial, que está más atento al reclamo de aquel grupo económico que evadió impuestos, que se endeudó y se la llevó afuera del país”, sigue.

¿Qué peronismo abraza, entonces? “Yo reivindico aquel peronismo de las organización de los sectores populares, ese peronismo es el que a mí me gusta. Ese peronismo quiere la reforma policial”, afirma quien la impulsa.

Sain también reflexiona sobre su materia y el peronismo que, como dijo, representa la heterogeneidad. “¿Cuál fue el gran pecado capital del peronismo en los últimos años, incluido el kirchnerismo? Que divorció las políticas de seguridad de las políticas de inclusión social y desarrollo económico. Mientras sacábamos de la pobreza e incluíamos a vastos sectores de la población, les mandábamos la Gendarmería y los rodeábamos a esos barrios diciendo que ahí estaba el narcotráfico y el delito”.

Para Sain, “eso fue porque sacamos de la agenda de la inclusión social y el desarrollo económico de los sectores populares a la seguridad pública. Y le dimos el manejo de la seguridad pública a los dirigentes peronistas de derecha, pacatos y pro empresariales”.

—El miedo a la clase media, pienso en la marchas de Blumberg tras las cuales Kirchner terminó mandando leyes para una reforma mala al Código Penal.

—Exacto, el primer ministro de Seguridad de la administración (de Daniel) Scioli en la provincia de Buenos Aires que hizo la contrarreforma más grande de la mejor reforma policial de este país, que fue la de Carlos Arslanián, se llamó Carlos Stornelli. No lo olvidemos.

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