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A partir de las necesidades económicas y sociales de quienes trabajan en el bar El Diablito, decidieron lanzar una serie de acciones para darle un respiro en la situación de cierre por confinamiento. Eloy Quintana, uno de los titulares del bar, contó a El Eslabón que “la idea surgió a partir de charlas que venimos dando para buscar alternativas, no sólo de ingreso de dinero sino también de seguir socializando entre todos los que trabajamos en el bar. La prioridad era un ingreso de plata que nos permita darle una esperanza a la continuidad del bar después de esto, y segundo algún ingreso de plata que nos permita pagar alquileres y sueldos de los chicos que trabajan, ingresos tanto para los gastos del bar como para las necesidades de los que vivimos del bar”.

“Están las obligaciones que tenemos que seguir pagando, como el alquiler, las expensas y la luz, que si bien hay alguna flexibilidad con respecto a eso para no pagarlo ya, después son deudas que van a quedar, pero más que nada pensamos estas cosas para subsistencia de los empleados del bar. Lo que estamos ofreciendo está bueno, no es sólo apelar a la solidaridad. Obviamente que está bueno que se construyan cosas a partir de lazos un poco más solidarios en esta época y ojalá queden. Ojalá esta lógica que podemos construir, de modos de producción, o de modos de socialización más solidaria en esta época queden incorporadas”, comenta Eloy.

Las tres acciones se acercan a sus clientes “para volver a brindar juntxs”, tal como proponen desde su comunicado. La primera es una remera con una ilustración exclusiva, la segunda negroni en petacas y la tercera es la opción de comprar bebidas y merchandising a través de la web de la marca Campari.

“La remera parte de los chicos que trabajan en el bar, uno de ellos que es Franco Zacarías trabaja en la producción de la Crack Bang Boom (el reconocido evento de historietas), entonces un historietista de acá que se llama Kristian Rossi que dibuja para el cómic europeo y norteamericano se ofreció a regalarle una especie de viñeta del diablito, ahí salió la idea de hacer la remera exclusiva. La plata queda para los chicos que trabajan en el bar”.

“Lo del negroni es una idea que tuvimos hace mucho. Si bien no es una ciencia preparar el negroni, nosotros tenemos un método, lo dejamos macerar en una barrica de madera por unos días con frutos y con la bebida en las proporciones debidas”.

Tanto las remeras como las petacas pueden encargarse por mensaje privado a través de las redes del bar.

La tercera acción es un apoyo que hace la marca Campari a los bares que hacen coctelería tradicional. Cuando alguien compra algún producto en su web puede sugerir a qué bar apoyar y la empresa realiza un aporte económico.

Comunidad sin mánager

“Aparte de estar agradecido, me emociona a veces la respuesta de la gente”, confía Eloy. “Nosotros subimos la publicación a Facebook, donde anunciábamos las medidas, y de alguna forma nos volvimos a comunicar después de un tiempo con los clientes que son como amigos, aunque por ahí no nos conocemos. Es un lugar en el que se hizo muy genuina la comunicación que hay. Al rato ya había como 1.000 me gusta, había 300 personas que lo habían compartido, antes que nada me siento agradecido”.

“Somos bastante trogloditas con las redes, seguimos manejando las redes con mucho cariño pero desde la ignorancia, entonces no tenemos community manager ni esas cosas. Las publicaciones las hacemos más que nada desde el entusiasmo pero no especulando con los horarios en qué publicar y ciertas cuestiones que tienen que ver con los algoritmos. Nosotros de esas cosas no entendemos nada, por eso nos sorprende más la repercusión”, plantea Quintana.

“El Diablito está en calle Maipú 622. En agosto va a hacer nueve años que está con la misma esencia” y “el lugar de producción del negroni es El Diablito, con las normas adecuadas que tienen que ver con la higiene, se hace en barricas y son producciones pequeñas, son tiradas de 200 o 300 petacas de 200 mililitros y las envasamos después de dos días de maceramiento. Eso lo hacemos con el cantinero nuestro que es Ernesto Meléndez, el mejicano. También de manera muy casera, artesanal. Es un emprendimiento chico”.

“Estamos muy contentos con la repercusión, nos permite seguir con la idea de que vamos a poder volver a abrir, nos da una esperanza de volver a abrir cuando termine esta recesión.

Tenemos este producto y vamos a sacar algún otro al que le queremos dar la personalización que le damos a todo, no queremos hacer de esto algo muy masivo ni industrializado”.

Eloy siente que tienen cierta “legitimidad” a partir del cariño que le han puesto al bar donde la gente puede “entrar y sentirse cómoda, que se generen ahí adentro lógicas de socialización que por ahí se están perdiendo. La gente en el bar se conoce, se hace amiga. La comunidad está y es lo que más valoramos, quizás no es un gran emprendimiento a nivel económico o empresarial, pero pudimos lograr una comunidad que se identifica y ese es el mayor logro y orgullo”.

Post pandemia

“Con respecto a volver a la actividad, aunque sea de manera reducida, nosotros tampoco somos un lugar masivo, si bien el bar está relacionado a un bar de culto o que lo conoce mucha gente, no necesitamos de la masividad para funcionar” observa Eloy.

“Somos el primer rubro que paramos. Nosotros y la producción de espectáculos, y El Diablito de alguna forma conjuga esas dos cosas porque es un bar cultural. El primer rubro que paró y el último que va a reincorporarse en la actividad”, dice Eloy, y continúa comentando que están buscando “seguir en contacto con la gente que va y pensando ya maneras de abrir para un público reducido, cuando se pueda, con las medidas de seguridad e higiene adecuadas, pero también con lógicas diferentes de producción o de consumo”.

Eloy adelanta los planes del bar: “Tengo muchas ganas de empezar a abrir con algunos espectáculos a tarjeta, que se yo, una botella de vino, una cazuelita de lentejas y toca esta pequeña orquesta de tango. ¿Pueden entrar nada más que 15 personas? Bueno, vendemos esas 15 tarjetas, a un precio accesible, cerrando antes, pero le estamos buscando esa lógica para volver a la actividad, donde pueda seguir habiendo expresiones artísticas que es lo que caracteriza al bar y se pueda seguir juntando la gente. Yo no me conformo con el streaming ni con que sigamos socializando a través de una pantalla. Yo apuesto por volver a la actividad, de manera responsable pero que nos sigamos viendo la cara”.

Fuente: El Eslabón

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