Mantené los 2 metros de distanciamiento - Provincia de Santa Fe

Ni virtual ni a distancia, lo que las docentes desarrollan en este tiempo inédito marcado por la pandemia es una “pedagogía en contextos de emergencia sanitaria”. Así llama la doctora en psicología Gabriela Dueñas a la enseñanza que se da en el aislamiento y la cuarentena. Quien es además licenciada en Educación y profesora de grado y posgrado en distintas universidades nacionales sostiene que la cuarentena deja en evidencia las brechas sociales y educativas, profundizadas durante el gobierno neoliberal de Mauricio Macri.

Gabriela Dueñas es especialista en temas de educación, infancias y salud mental. También es responsable del Programa Red Federal Andis (Agencia Nacional de Discapacidad).

—¿Cómo se viene sosteniendo la enseñanza en este tiempo de excepción?

Esta pandemia es una situación traumática, catastrófica e inédita a nivel mundial; que a nosotros nos sorprendió en el inicio del ciclo lectivo. Frente a esta sorpresa se apeló a los recursos con los que se contaba, es ahí donde se visibilizó más cómo arrasó la gestión anterior con las políticas educativas. Entre otras cosas, con el Plan Conectar Igualdad: más de la mitad de los chicos y las chicas están sin conectividad. En esa realidad, los ministerios de Educación de la Nación y de las provincias decidieron seguir educando, pero a medida que transitamos esta experiencia inédita vemos que lo que se está ofreciendo no es educación virtual ni a distancia, sino lo que llamo una pedagogía en contextos de emergencia sanitaria. Es decir, esta pandemia desnudó una profunda inequidad, desigualdad, entre los sectores que cada vez tienen más y acceden a la educación en términos de “privilegio” y aquellos cuyo derecho a ser educados se ve vulnerado.

—¿Qué otros aspectos a considerar aparecen en este contexto?

—En los sectores donde se llega con las clases a través de la conectividad, nos encontramos que las madres y los padres tienden a ubicarse en el lugar del docente. A la falta de conocimiento del campo de la didáctica se suma la cuestión vincular, que viene a complejizar todo. Hubo que recordarles que no tenían que hacerse cargo de las actividades escolares, sino de sus roles, acompañando a sus hijas e hijos. Y en los sectores de menores recursos, donde los chicos no acceden a la conectividad, y a pesar de que se trata de suplir con materiales impresos y programas de televisión, también se tuvo que acompañar con viandas de comida. Es decir, la pandemia agudizó las desigualdades, profundizadas en la gestión de Macri. Por tanto, en esta realidad, desde Educación se está analizando si es justo evaluar utilizando criterios homogéneos, que responden a los contenidos mínimos curriculares para promover, por ejemplo, de grado. Los dispositivos de evaluación también tienen que ser adaptados a los procesos de enseñanza. La evaluación es un momento en ese proceso y en este caso a lo que llamo pedagogía en contexto de emergencia sanitaria. El tema aquí es la vara con la que se evalúan proceso y resultados, y si esos contenidos mínimos se pueden evaluar de manera equitativa. ¿Los promovemos a todos o a nadie? Esa es la decisión. De recurrir a una evaluación única, lo que obtendríamos es un fracaso de más del cincuenta por ciento de las chicas y chicos, que son quienes en la Argentina no tienen para comer.

—Diversos sectores presionan por recuperar la “normalidad” a cualquier precio. ¿Qué pasa con el sistema educativo?

—No puedo separar las percepciones que tengo como profesional del campo de la educación y de las infancias de las percepciones políticas. Y acá se están ejerciendo fuertes presiones de origen económico para flexibilizar la cuarentena en función de intereses económicos y poniendo en riesgo la salud colectiva. Ejercen presión sobre el gobierno nacional y de las provincias para que los chicos vuelvan a las escuelas. Es cierto que las condiciones de vida en encierro no son saludables para el desarrollo infantil, pero también que todo eso es posible de ser tratado siempre y cuando la persona esté viva. Pero, además, la cuarentena evidenció que hay adultos que no soportan a los chicos y a las chicas, aun siendo sus propios hijos. Adultos que sobrellevaban –hasta el momento de la cuarentena– la situación con chicas y chicos de agenda completa, que pasaban diez horas fuera del hogar.

—¿Qué sugerencias compartirías para transitar lo que sigue de la cuarentena?

—Que los adultos traten de tranquilizarse, de buscar apoyo y contención. Una ayuda que se está ofreciendo desde muchísimas líneas, por ejemplo desde la Facultad de Psicología (UNR). Para que un chico esté bien, el adulto que está a su cargo también tiene que estar bien. Por otro lado, no debe confundirse en su rol de cuidador, tratando de ocupar el lugar del docente. Otro aspecto a debatir tiene que ver con la demonización de las tecnologías de la información y la comunicación, que no son más que recursos. Y así como se las está usando para estudiar también está bien usarlas para entretenerse, socializar con otros chicos. Es cierto que no es bueno que pasen tantas horas frente a estos dispositivos en épocas normales, pero ahora tenemos una pandemia que pone en riesgo la salud de la población. Y cuando está en juego la vida tenemos que priorizar el bien común sobre el individual, y la salud sobre otros derechos.

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