Mantené los 2 metros de distanciamiento - Provincia de Santa Fe

 

Luego de agotarse la primera edición de autor, con una tirada de 100 ejemplares, se viene la segunda edición de Yo bastardo: Derek Walcott, literatura y decolonialidad, ensayo crítico de la narradora, docente e investigadora, Nadia Isasa (Rosario, 1979), bajo el flamante sello local, Brumana editora. ¿Quién es Walcott? ¿de dónde salió? ¿por qué nos suena tanto su nombre? ¿dónde están sus textos? Son preguntas que hice a lectores random desde que Isasa lo sacó de la manga cuando publicó algunos poemas traducidos por ella, en el fanzine La Pasquina. Para empezar, diremos que es un poeta y dramaturgo centroamericano de habla inglesa, y cuya obra propone expresar una forma muy particular de estar en el mundo. Además, es premio Nobel de Literatura. Hablando de la nueva edición de este ensayo, Isasa contó que se trata de su tesis de grado, y detalló que el interés que despertó en ella el autor antillano se debe a que “Walcott además de ser un poeta de la hostia, me llamó la atención por algo que ocurre con los escritores caribeños, y es que por su historia sociopolítica y cultural tienen que lidiar con una complejidad que el resto de los colonizados americanos no”. La autora, agrega: “Si pensás el acontecimiento de la colonización como el choque de culturas, uno que viene de afuera con el que está acá, hacés uno más uno, uno. El nativo más el colonizador. Cuando Colón llega a Bahamas, en el Caribe todos eran cazadores, vivían de la pesca. Los colonizadores someten a los nativos a la plantocracia y éstos no lo resisten, se mueren. Entonces viene el negro transplantado del África, y luego del Asia”.

Derek Walcott nació en Santa Lucía, una isla que fue colonia británica y francesa hasta su independencia en 1979. De madre negra descendiente de esclavos, y de padre blanco de origen británico, el poeta, dramaturgo y ensayista antillano basará su obra en la búsqueda de su identidad caribeña, y para ello introducirá la figura del bastardo, a partir del pensamiento decolonial. Como explica Isasa en la primera parte de este ensayo, la decolonialidad es un paradigma necesario “para borrar las mayúsculas de La Historia, La Cultura y La Modernidad” europeas. En suma, El Progreso, cuyo reverso es la colonialidad y con ella, la explotación, el exterminio y todas las formas de la crueldad de la que fue objeto el continente americano durante más de cinco siglos. De modo que este estudio invita a “pensar la obra de Derek Walcott como una de las experiencias artísticas del Caribe que operan en el sentido de ruptura respecto de la matriz colonial de poder/saber/representar”. A partir de Franz Fanon, la autora rosarina señalará que los sujetos colonizados aprenden a verse con los ojos del blanco, experimentando una alienación que Walcott logra conjurar a través de la poesía y el teatro, como una poderosa herramienta política de transformación. En su análisis, Isasa advierte que estas formas expresivas no son transformadoras en sentido panfletario o de tesis, sino precisamente porque “le permite poner el cuerpo y centrar la experiencia en la emoción. Intentar nuevas/otras búsquedas identitarias por fuera del paradigma racional occidental”. La obra de Walcott abrevará en la idea del bastardo como “el hijo extramatrimonial del Imperio, es la mezcla entre lo blanco y lo negro, entre las lenguas imperiales (el inglés y el holandés) y el creole o el patois (…) No mestizo, no mulato, no criollo: la bastardía es la suma inestable y no la síntesis”, resume Isasa, después de postular que las categorías de identidad y de lo universal, como estables y absolutas, son productos del pensamiento colonial.

Yo bastardo no sólo ofrece una posibilidad de acercarnos a la obra de este autor, sino además, una herramienta de lectura para poner en perspectiva los textos que leemos, y sobre todo el modo en que los reescribimos (en el mismo procedimiento de lectura) a partir de un posicionamiento ético. ¿A través de los ojos de quién leemos lo que leemos? Con este ensayo, epilogado por Andrea Ocampo, y a través de la experiencia de Walcott, recuperamos la idea de que el arte, mediante sus formas expresivas, es un terreno fértil para los procesos emancipatorios de pueblos enteros. Ya no pensarnos con categorías de otros, para dar lugar a la creación de las propias. Como dice el primer epígrafe de este volumen: “Es hora de dejar de ser lo que no somos” ¿Y qué somos? En eso estamos.

Yo bastardo: Derek Walcott, literatura y decolonialidad, junto a Baldías, de Laura Rossi, y La soberana idiotez, de Carolina Musa, serán las obras de lanzamiento del sello Brumana, muy pronto, más acá o más allá de la cuarentena, según adelantaron las responsables.

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